Medios y Fuerzas Armadas: entre el servilismo y el prejuicio

Publicado en el blog del FMD en infoLibre.es

Hace unos meses, un informe elaborado por el Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford afirmaba que los medios de comunicación en España son de los menos creíbles de Europa, y que la confianza que los españoles tienen en ellos no llega al 50%.

Se trata sin duda de una revelación preocupante que, si miramos desapasionadamente el mundo mediático que nos rodea, no parece exagerada. Sabemos bien cuáles son los males que producen la falta de credibilidad del periodismo mayoritario, y sabemos que parte de la debilidad de nuestra democracia está ligada a ese déficit. De modo que, pese a la dificultad que plantea un sistema como el nuestro, donde dinero y entretenimiento ocupan el puesto de los valores más apreciados por quienes manejan el poder, es conveniente no abandonar la idea que exige corregir la grave crisis que sufre la información veraz y de calidad en España.

No cabe duda de que ese cambio debe producirse en todos los ámbitos en los que se fija la información. Sin embargo, en este artículo me gustaría plantear una reflexión sobre la información que se refiere al ámbito de la Defensa pues, tratándose de un campo demasiado importante para no tenerlo presente, creo que la atención que los medios le dedican es francamente mejorable. Aceptando matices y excepciones, puede decirse que esa atención informativa oscila entre el servilismo y el prejuicio. Un servilismo que lleva a la propaganda o a la opacidad; un prejuicio que conduce a la crítica del trazo grueso, cuando no a la indiferencia.

Los medios más conservadores forman filas con los ejércitos, de quienes a veces parecen auténticos gabinetes de comunicación. En ellos, la prudencia sobre un ámbito que la merece acaba proyectándose como las sombras que esconden algún pecado inconfesable. Y ya hemos defendido varias veces en este blog (aquí y aquí) que la transparencia en el mundo de la Defensa es especialmente necesaria pues, bien entendida, evita actos de corrupción y nos proporciona más seguridad. De otra parte, la simpatía que estos medios profesan a los militares convierte algunas noticias en espacios publicitarios que parecen brillantes productos de empresas de marketing. Al final, opacidad y propaganda dan como resultado una imagen de los militares quizás positiva, pero distorsionada: personas muy preparadas y con poco presupuesto que sólo se encargan de apagar incendios y proteger a niños en guerras lejanas. No creo que esta perspectiva, a la que difícilmente se puede llamar periodística, ayude a medio plazo a las Fuerzas Armadas y, de esto estoy seguro, no contribuye en nada a la cultura de Defensa.

Por contra, también nos encontramos con informaciones parciales y críticas de trazo grueso que desfiguran una realidad compleja, habitualmente en medios minoritarios alternativos y de izquierda. Las Fuerzas Armadas son un instrumento constitucional en manos del Gobierno que, por eso mismo, debe ser objeto de control y crítica. En su organización, en su funcionamiento, en sus presupuestos, en sus actuaciones…. Pero precisamente la naturaleza y finalidad del instrumento exige que esa fiscalización sea especialmente objetiva. Una cosa es estar en desacuerdo con la existencia misma del Ejército (posición sin duda legítima) y otra desfigurar su imagen desde el prejuicio. Ni lo razonable de algunas denuncias ni la pretensión por algunos de vender sus libros puede justificar el trazo grueso y la descalificación general de las Fuerzas Armadas.

Muchos quedaríamos más que agradecidos si los medios de comunicación conservadores dejasen de rendir pleitesía a los militares y empezasen a hacer periodismo, más allá de reproducir las notas de prensa de los gabinetes del Ministerio de Defensa y de los ejércitos. Por otra parte, sería bueno para nuestra cultura de defensa que los medios de comunicación progresistas incluyeran la defensa y la seguridad (junto a la paz) en su campo de visión y atención –ahora casi ni las mencionan, como si no fuera de interés público–, y que las abordasen con rigor.

La información y opinión favorables sobre las Fuerzas Armadas, si veraces y razonadas, no convierte a un medio en un reaccionario servil, del mismo modo que la revelación de errores y la crítica negativa, si contrastadas y sensatas, no constituyen una labor de antipatriotas traidores. Cada medio puede enfocar su mirada sobre el mundo militar desde su línea editorial, pero siempre cumpliendo con el deber de informar adecuadamente al ciudadano. No es aceptable que en las encuestas sobre instituciones el porcentaje de ciudadanos que “no sabe / no contesta” sea especialmente alto cuando se trata de preguntas concretas sobre las Fuerzas Armadas.

Estamos ocupando ya un futuro donde la defensa y la seguridad tienen un creciente protagonismo en el devenir social, concretamente en la protección y limitación de nuestros derechos y libertades. El mejor servicio que pueden hacer los medios de comunicación al respecto es darnos a conocer a quienes se dedican a ellas. Con objetividad, sin servilismo y sin prejuicios.