Francisco Franco, ‘millonetis’ (3/4): Invertir en una “finquita”

Publicado en infolibre.es

Franco había acumulado una fortunita no despreciable en 1940. Su cuenta en el Banco de España registra, en sus saldos anuales, retiradas de fondos nada despreciables. Podría haber ocurrido que, en tiempos de hambruna y de miseria de grandes masas de la población, SEJE se hubiera convertido en un remedo de samaritano que hubiese repartido sus mal ganados denarios entre los pobres de solemnidad. Incluso que, a manera de hermanito de la Caridad, hubiera donado fondos para aliviar la situación de hombres y mujeres proclives a su “Movimiento” (“meneíto”, solía decir un exfalangista defraudado) que no hubiesen podido sostenerse cómodamente solo con las sinecuras que les procuró.

No conocemos la gama de donativos y de inversiones que SEJE hizo después de agosto de 1940. Si, a partir de entonces, los repartió, no se publicitaron, salvo en el caso emblemático del Pazo de Meirás y, por lo que sabemos, también utilizó para ello fondos públicos. Pero sí conocemos uno de los destinos de la fortuna que amasó durante la guerra civil. Puede seguirse fácilmente en las escrituras conservadas en el Registro Mercantil de Madrid (RMM). En él cabe adquirirlas por un precio módico, al alcance del investigador más depauperado. Para llegar a ello debemos dar un salto en un vacío contable.

El 4 de octubre de 1951, ya en el comienzo de un largo camino vía la recuperación internacional y con un nuevo Gobierno que no tardaría en suprimir las cartillas de racionamiento, se constituyó en la capital de España una sociedad de nombre Valdefuentes. Tuvo un capital inicial de tres millones de pesetas (una parte muy pequeñita de la fortuna de SEJE) y estaba representado por 600 títulos al portador de 5.000 pesetas cada uno.

Detrás de aquel acto había una larga historia, en la que el nombre del capitán general VC no aparece sino cuando, por imperativo legal, no pudo esconderse. El Francoprinzip no significaba que su poseedor hiciera siempre lo que le diera la gana. Al fin y al cabo, también dijo que su “Estado” era un estado de derecho.

¿Y el nombre de Franco? No aparece en ningún sitio. ¿Prudencia? ¿Humildad? ¿Ganas de despistar?

Los fundadores de la nueva sociedad fueron tres. En primer lugar, otra sociedad, Parcelatoria Milla S.A, perfectamente desconocida salvo para ciertos expertos no muy numerosos. Se le adjudicaron 400 títulos, es decir, la mayoría, equivalentes a dos millones de pesetas de la época. No aportó dinero. Aportó, en primer lugar, 27 terrenos, casas en diverso estado de conservación (también ruinoso) y partes indivisas de casas, tierras rústicas, de labor o de pasto. Todas ellas libres de cargas. Su valor escriturado ascendió a 732.490 pesetas. En segundo lugar, también aportó ganado, maquinaria agrícola, aperos e instalaciones varias correspondientes a los terrenos. Esta segunda aportación se valoró en 1.267.510 pesetas. Obsérvese la precisión contable. Una escritura es cosa seria.

El segundo socio era José María Sanchiz Sancho. Sin duda un nombre desconocido casi para la totalidad de los lectores de estas líneas. ¿Su profesión? Industrial. Casado con Doña Enriqueta Bordiú Bascarán. El apellido Bordiú puede que ya despierte algún recuerdo entre los de mayor edad. Año y medio antes del otorgamiento de la escritura, la señorita Carmen Franco Polo había contraído feliz matrimonio con el doctor en medicina Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde. Su tío, el Sr. Sanchiz, aportó a la sociedad 900.000 pesetas y se le atribuyeron 180 títulos. Finalmente, el tercer socio fue un abogado llamado Luis Gómez Sanz, que aportó 100.000 pesetas y a quien se le adjudicaron las 20 restantes.

Hace algunos años el ya notario Gómez Sanz saltó a las páginas de El País como testaferro del capitán general Francisco Franco VC. Como los amables lectores observarán, las dos únicas personas físicas con nombres y apellidos tuvieron algo que ver con él. No por casualidad.

Conviene, pues, indagar en la sociedad Valdefuentes. De nuevo el RMM es insustituible. Su presidente era el Excmo. Sr. Don Luis Figueroa y Alonso-Martínez, conde de la Dehesa de Velayos. Su genealogía puede encontrarse aquí. No se dijo, pero no tardaría en heredar de su padre el título de II conde de Romanones, que falleció en septiembre de 1950. Como profesión, en la escritura se indicó que era ingeniero.

A cualquier hijo de vecino le llamará la atención un aspecto adicional. Tres días antes de la constitución por vía de escritura de la sociedad Valdefuentes su segundo socio en importancia, es decir el Sr. Sanchiz Sancho, había arrendado las tierras y aperos de labranza de la misma en base a un contrato privado a una arrendataria entonces muy conocida: la Excma. Sra. Doña Carmen Polo Martínez-Valdés, esposa de SEJE. El arrendamiento se estableció por un período de ocho años, es decir, hasta el 31 de septiembre de 1959.

La nueva sociedad se dotó de los preceptivos órganos de gobierno. El presidente no fue el aristócrata, que se contentó meramente con el puesto de vocal. La presidencia la ocupó Sanchiz Sancho y Gómez Sanz pasó a ser consejero-secretario. ¿Y el nombre de Franco? No aparece en ningún sitio. ¿Prudencia? ¿Humildad? ¿Ganas de despistar?

Así pues, cualquier investigador, por poco avezado que sea, se planteará una cuestión: ¿de dónde salieron los dos milloncetes en que se valoró la aportación de Romanones II?. La escritura, lógicamente, no lo dice, pero da pistas. El aristócrata había ido adquiriendo terrenos y parcelas a lo largo de un período relativamente corto, entre mayo de 1946 y marzo de 1949. En algunos casos las propiedades en cuestión estaban ya inscritas en el correspondiente registro.

Habría que ser muy lerdo para pensar, pues, que Valdefuentes fue un proyecto improvisado. Las sospechas se acentúan cuando se observan los datos de registro de varias de las fincas y terrenos en cuestión. Su valoración era prácticamente insignificante: 4.210; 3.150; 2.270; 1.800; 1.500; 1.380; 1.280; 1.165; 1.000; 730; 570; 550; 470; 420; 360; 350;165 y 80. Solo en dos casos la valoración fue significativa. La más importante ascendió a 650.000 pesetas y le siguió otra por 50.000. Para los que quieran conocer los importes correspondientes en euros de 2010 no estoy en condiciones de calcular los coeficientes de equivalencia anuales, pero sí utilizar el que hubiera correspondido a 1945: en este año una peseta hubiese equivalido a 7,25 euros. Para años subsiguientes, el coeficiente sería menor.

Si se tiene en cuenta que estamos hablando de terrenos rústicos pero muy cerca de Madrid (en la zona de Arroyomolinos) y que en aquellos años nadie pensaba en la futura ascensión de la pequeña capital de España a la condición de metrópolis, sorprenden tales valoraciones. Naturalmente, es posible que los empleados de la Parcelatoria Millas no aplicaran presión alguna a los propietarios. Pero, ¿quién lo sabe?

En la mayor parte de los casos, si no recuerdo mal, en la documentación de tal registro se da la situación topográfica de los terrenos. Un experto podría trazar un mapa en el que se pusiera de manifiesto el carácter continuo o discontinuo de unos y otros. Esto permitiría establecer hipótesis sobre la justificación de las ampliaciones futuras.

En cualquier caso, el conde de Romanones II siguió comprando y vendiendo a Valdefuentes. El 4 de diciembre de 1951, exactamente a los dos meses de la constitución, transfirió otras 23 fincas o “finquitas” por importe de 34.500 pesetas. Las había adquirido en 1948 a otras dos sociedades: Agrícola Comercial de Móstoles y Bodega El Alcalde de Móstoles. Aquí ya es difícil no pensar que el señor conde obraba por cuenta de Franco.

Hubo una tercera ronda de adquisiciones. Esta vez directamente por la sociedad misma (es decir, por el matrimonio Franco). Tuvo lugar el 23 de junio de 1953. Dos hermanos, Andrés y Carmen Chicote Torrejón, vendieron cinco “finquitas” por un importe total de 8.000 pesetas.  Sus dimensiones eran absolutamente minúsculas. Resulta obvio que el cerebro tras Valdefuentes buscaba redondear los terrenos de la sociedad. Es difícil pensar que, en los momentos en que el Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid estaban cerrándose, el capitán general VC vagara por los alrededores de la capital en plan de prospector de terrenos.

Hay más. Seis meses después de celebrado el contrato privado entre José María Sanchiz Sancho y Carmen Polo Menéndez-Valdés, se elevó a escritura pública sobre las 55 fincas adquiridas. Coincidió, mera casualidad, con el día de los Santos Inocentes (28 de diciembre de 1953). La señora arrendataria estuvo asistida por su señor esposo (militar según la escritura) quien le otorgó la licencia necesaria para ello en el mismo acto. Obsérvese cómo también el propio SEJE seguía las normas que se aplicaban a todos los matrimonios españoles. La mujer casada necesitaba entonces la autorización marital para formalizar negocios jurídicos. No como ahora. Se comprende que ciertos políticos que no hay que mencionar rememoren con nostalgia aquellos tiempos pretéritos. ¿Empoderar a la propia esposa? ¡Qué cosas!

Así, en el día de los Santos Inocentes se escrituró que el arrendamiento sería prorrogable a voluntad de la arrendataria por plazos sucesivos de seis años y sin limitación de prórrogas. Es decir, el capitán general VC no asumía responsabilidad directa por lo que pasara en su finca. Lo dejaba en manos de su queridísima esposa. Un hombre que, dadas las circunstancias, se adelantaba a su tiempo.

Para redondear esta historia, no puedo resistir la tentación de remitir a los lectores a la página oficial del Ayuntamiento de Arroyomolinos en donde se resume, un tanto peculiarmente, una historia relativamente parecida, pero un tanto peculiar en comparación con los datos del RMM.

(Continuará)

Aquí puedes leer la entrega anterior: ‘Dineros bloqueados’.

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Ángel Viñas acaba de publicar, con Francisco Espinosa y Guillermo Portilla, ‘Castigar a los rojos’ (Editorial Crítica).

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