Francisco Franco, ‘millonetis’ (1/4): Una cuenta en Lisboa

Publicado en infolibre.es

Después de los tres artículos publicados alrededor del pasado 18 de julio, reemprendo la ruta con el pensamiento puesto en el próximo fallo del I Certamen literario organizado por la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) en honor de su faro y guía. En esta ocasión deseo esclarecer algunos detalles, quizá menos importantes, que me dejé en el tintero a la hora de enjuiciar otros aspectos del comportamiento financiero del capitán general Francisco Franco, VC.  Ahora empiezo una pequeña serie en la que narraré, con cierto desparpajo, varios usos a los que tan glorioso milite dedicó sus millones. Comienzo por el más extraño.

Los amables lectores recordarán de aquellos artículos que SEJE se embolsó 7.536.140, 88 pesetas de la época, equivalentes a 85,6  millones de euros de 2010 (según los coeficientes de conversión establecidos por el profesor José-Angel Sánchez-Asiaín). Lo hizo, a lo que se sabe, sin mover la pluma salvo para dar una orden, que tal vez incluso fuese verbal.

Ni siquiera ninguno de los listillos intermediarios surgidos en estos últimos años y que tanto dinero se han embolsado gracias a la pandemia han logrado, por las noticias que han divulgado los medios, amasar una cantidad similar de un solo golpe. Franco lo consiguió a través de una operación de traspaso de 600 toneladas de café a la CAT, eso sí al precio de tasa, y con la ulterior intervención del Banco de España, gobernado por un caballero llamado Antonio Goicoechea. Se trataba de un viejo conspirador monárquico y enlace entre José Calvo Sotelo y Benito Mussolini. Hay que inmortalizar al personaje en el más cruel de los ludibrios. Lo merece.

En mi libro La otra cara del Caudillo, dejé para mejor ocasión otra información que también figura en los documentos de la Casa Civil de S.E. conservados en el archivo de Palacio. En aquel momento, no le di la debida importancia por falta de la necesaria contextualización, aunque ciertamente me mosqueé.

Los papeles contaban la apertura de  una cuenta en el Banco Espirito Santo e Comercial de Lisboa. Tenía un saldo a favor de los titulares de 34.000 dólares. Una minucia, naturalmente, para todo un supermillonario. Sin embargo, me equivoqué al desdeñarla. Empecé a darme cuenta de su posible significación en otro libro, SOBORNOS. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco. No salió hasta 2016. En él me limité a dar los datos escuetos con la imprescindible contextualización.

La cuenta se había abierto, al parecer, en 1937 a nombre del querido hermano de SEJE, Nicolás, posterior embajador en Lisboa, y del estimadísimo primo hermano de ambos, el entonces coronel Francisco Franco Salgado-Araujo. Recordemos que este, eterno ayudante y factótum para todo, llegó al grado máximo en el Ejército de Tierra de teniente general y que había estado mezclado íntimamente en algunos de los turbios asuntos por medio de los cuales el general Franco VC llegó a convertirse en multimillonario (y antes de la guerra, incluso en el que llevó al “accidente” del general Balmes el 16 de julio).

Por desgracia, los papeles que manejé no me permitieron descubrir los motivos que indujeron a establecer dicha cuenta. Los lectores saben que, para un historiador empírico, los papeles (la evidencia primaria relevante de época) son la sal de la vida.

En SOBORNOS mi mosqueo previo ciertamente se acentuó. El expediente contenía más documentos. Entre ellos, por ejemplo, figuraba una nota del jefe de la Sección de Donativos del Cuartel General dirigida al coronel Franco Salgado-Araujo el 16 de agosto de 1939, es decir, terminada la gloriosa “Cruzada” y en plena oleada represiva. Dicha nota señalaba que de tal cuenta se habían detraído fondos con el fin de fundar una guardería para niños abandonados (me inclino ante tal muestra de solicitud en favor de los huérfanos o similares de la guerra de S.E). También otros se utilizaron con el fin de adquirir camas para un hospital de Zamora. Hay que descubrirse ante tales muestras de compasión y solicitud.

Sin embargo, en mi libro de 2016 todavía no llegué a percibir completamente la naturaleza del contenido del expediente en cuestión. Confieso mis limitaciones. No soy de quienes creen estar en posesión de la verdad como algunos periodistas y autores a los que gusta figurar en la red de la FNFF. Un historiador debe estar dispuesto a revisar sus tesis si aparece nueva documentación. También ocurre que de golpe y porrazo puede no comprender en toda su complejidad algunos de los detalles de la misma. En cualquier caso, no hay historia definitiva.

Sí comprendí que no podía tratarse de una cuenta normal y corriente, como las que SEJE tenía ya abiertas en varios bancos españoles.  En aquella época los súbditos con activos en el extranjero estaban obligados a declararlos a la Administración, por muy incipiente que esta fuera. Sin embargo, muchos se hacían los locos hasta que, después de largas discusiones internas sobre las que existe poca luz, SEJE proclamó la Ley Penal y Procesal para Delitos Monetarios el 24 de noviembre de 1938. Es de suponer que, si no antes, el ya después capitán general Franco VC comunicaría su existencia al Comité de Moneda Extranjera. A no ser que, imbuido de las prerrogativas propias del Francoprinzip, se hubiera abstenido de hacerlo en atención a los fines que con ella perseguía. No hubiera sido un caso aislado.

No soy de quienes creen estar en posesión de la verdad como algunos periodistas y autores a los que gusta figurar en la red de la FNFF. Un historiador debe estar dispuesto a revisar sus tesis si aparece nueva documentación

Ilustres miembros de las clases pudientes (que tanto se esforzaban por demostrar públicamente su apoyo a la “Sagrada Causa Nacional”) no se habían molestado en declarar sus cuentas en el extranjero. Por no hacerlo, ni siquiera lo habían hecho muchos de los bancos que habían intervenido en los correspondientes montajes. Hubo que tomar medidas no tan drásticas como las que se aconsejaron a Franco, pero de todas maneras bastante duras. Quienes quieran saber más al respecto pueden acudir a mi libro Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del franquismo.

La cuentecita en cuestión no me dejó indiferente, entre otras razones porque ya había abordado la significación que se dice habían tenido ejemplos similares conectados con Hitler. Otro ladrón de guante blanco (aparte de defraudador fiscal) mucho más emblemático.

No hay que ser un experto para comprender que no deja de ser sorprendente, aparte la “munificencia” de Franco VC, que el inmortal líder de la no menos inmortal reunificada España utilizase una parte de tales fondos de una manera por así decir un tanto peculiar.

Emplear divisas extranjeras (aunque quizá “reconvertidas” en pesetas) para adquirir productos o servicios que no necesitaban importarse es algo rarito. ¿No hubiera podido SEJE utilizar pesetas corrientes y molientes para tales fines sin pasar por la conversión de dólares escasos?  ¿O había que importar productos de Portugal para alimentar a niños desvalidos? ¿No podrían haberse comprado con pesetas en el mercado nacional, aunque todavía no estuviera reunificado? En el trasfondo, me asaltó la sospecha de si no se trataría de una manifestación de lenguaje “convenido”. Cosas más extrañas se han visto en el caso de Franco VC.

La documentación que se conserva en el Archivo de Palacio (de la que algunos se han reído) permite pensar en otra historia. Situémosla brevemente.

En septiembre de 1939 estalló el conflicto europeo que ya se veía venir desde hacía tiempo. Incidentalmente los antecedentes de lo que al final se tramaba y que llegaron al general Franco VC a través de los embajadores españoles en Berlín y París los analicé someramente en La otra cara del Caudillo.  Lo que entonces me interesaba señalar era la preocupación que a ciertos diplomáticos en el Palacio de Santa Cruz les despertaba el acercamiento de SEJE al Tercer Reich. A ello añadí su desprecio ante los intentos de aproximación hacia el nuevo régimen que desarrollaron por vías indirectas las potencias democráticas occidentales, en particular el Reino Unido. Franco se mantuvo inconmovible, absorto en la contemplación de la estrella polar de su glorioso destino.

Desde entonces la escena internacional había ido oscureciéndose, sobre todo tras el hundimiento de Francia, la aparición de un nuevo frente en el África del Norte y el progresivo acercamiento de Estados Unidos a sus primos hermanos británicos.

Estos últimos pusieron en marcha la operación para “comprar” a los generales españoles (e incluso a Nicolás Franco, siempre abierto a cualquier coima que mereciera la pena). Eran triunfadores que no veían con buenos ojos la posibilidad de que el prepotente Caudillo hiciera causa común con el Eje. En paralelo, los norteamericanos tomaron medidas que, ¡vaya por Dios!, afectaron a los dineros en el extranjero. Es decir, aparte de las cuentas abiertas por March en favor de sus clientes, también a la abierta en el Espírito Santo lisboeta.

Se trata de un tema que merece una aproximación cuidadosa y que dejo para la siguiente entrega.

(Continuará)

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Ángel Viñas acaba de publicar, con Francisco Espinosa y Guillermo Portilla, ‘Castigar a los rojos’ (Editorial Crítica).

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