Últimas noticias sobre Juan de la Cierva (4/6): acerca de Juan March

Juan de la Cierva indicó, en su informe del 26 de agosto que aquí comentamos, que “hacía días” una comisión de Mallorca fue a Roma a pordiosear (mi interpretación). Por medio de Sainz Rodríguez y Urrutia hicieron algún arreglo. Esto significa que ambos todavía permanecían en la capital italiana, aunque algún otro dato permite hacer pensar que el segundo ya había salido de Roma (aunque no es imposible que volviera: carezco de información).

En virtud de tal arreglo los mallorquines llevaron 250 kilos de oro, la equivalencia de los cuales (3,5 millones de liras) se pagó (además de otros 5,2 millones). Ello correspondía a los 7 millones de francos que se habían remitido de Francia a Inglaterra. Desde la capital británica, donde se movía como presidente de la Junta que apoyaba a los sublevados, cuando no estaba de viajes por el extranjero para allegar armas, y que no debía dejarle demasiado tiempo libre, Juan de la Cierva también informó que un hijo de Juan March había salido el domingo en aeroplano para Palma, con el fin de llevar a Italia cuanto oro pudiera reunir en la isla.

El banquero había dicho que, puesto que la Junta no hizo caso a sus proposiciones de conjunto (las cuales desgraciadamente ignoramos), iba a ver lo que podía conseguir en Mallorca. También informó a su interlocutor que pensaba poder obtener entre 100 y 200.000 libras. Contestando a su pregunta, March replicó que estarían a disposición de la Junta. El ingeniero indicó que era “innecesario entregar nada en Italia, lo que pareció sorprenderle, pero dijo que tomará precauciones para que ese dinero se pueda emplear fuera de allí”. Juan de la Cierva le animó a que pusiera su crédito “al servicio de la Patria y le insté que se acerque a la Junta de nuevo en forma que parezca menos comercial”.

Es algo difícil contrastar tales informaciones, un tanto rodeadas de cierta oscuridad. Los amables lectores podrían, con razón, subrayar la contradicción con las declaraciones de Ciano a Juan de la Cierva, que hemos citado en el artículo anterior. Pero no todo está perdido. En primer lugar, porque es de suponer que la generosidad del yerno del Duce se viera atemperada por otros ministerios (singularmente el de Finanzas) que velaba por los intereses de la maltrecha Hacienda Pública fascista. También pudo ocurrir que Juan de la Cierva no interpretara bien lo ocurrido. No sabemos si era también un genio financiero, a pesar de que llevaba años en Londres tratando de obtener fondos para los proyectos aeronáuticos que discutía con las autoridades británicas. Ayuda a resolver el problema Mercedes Cabrera en su biografía sobre March (Marcial Pons, Madrid, 2011, pp. 295 y 298) con datos más precisos.

March depositó oro amonedado en el Banco de Italia por importe de 248 kilos, casi el dato de Juan de la Cierva, aunque en calidad de depósitos

A mediados de agosto, March depositó oro amonedado en el Banco de Italia por importe de 248 kilos, casi el dato de Juan de la Cierva, aunque en calidad de depósitos. Es más, según Jehanne Wake (Kleinwort Benson, OUP, 1995, p. 252) el 3 de septiembre depositó 49,5 toneladas en lingotes y 25,5 en moneda y seis días después 72,5 y 31,9 respectivamente. Los amables lectores pueden consultar su significado en mi libro Las armas y el oro (Pasado&Presente, Barcelona, 2013, pp. 360 passim), que les permitirá situar la importancia financiera de las aportaciones del banquero mallorquín.  

En una palabra, Juan de la Cierva no iba desencaminado y, sobre todo, era muy consciente de lo que estaba en juego. Informó que “además de los 2 millones de liras de la Almadrabera, de los que tiene conocimiento la Junta, parece ser que dentro de algún tiempo habrá otro tanto del mismo origen, a la disposición del marqués de Magaz. Además de las rentas de la Obra Pía, se podrán retener de 1 y ½ a 2 millones de liras. En poder del agregado naval hay, además, cerca de 11.000 libras procedentes de la Comisión de Marina de Londres”.

El inventor del autogiro, en su reencarnación como muñidor de suministros bélicos (si es que, como afirmó Maiz, no había ya tenido alguna que otra experiencia previa antes de la sublevación), había madurado en tiempo rápido. A las pocos días de su estancia en Roma, recordó en su informe un punto importantísimo de su entrevista con Ciano que confirmó poco después De Peppo al marqués de Magaz: “la necesidad absoluta de que todos cuantos pedidos se hagan lleguen por el único conducto del ministro de Italia en Tánger, con quien el general Franco está en relación. Hablaron de algún pedido hecho por medio de un coronel italiano para rogar que ese conducto no se utilice más, pues se presta a confusiones, duplicación, etc”. (Esto, sin duda, reflejaba la creencia de los italianos de que había que apostar por Franco, como ya hacían los alemanes, casi desde el primer momento).

Sobre la importancia táctica del ministro de Italia en Tánger corresponde, entre otros, a Morten Heiberg y Paul Preston el mérito de haber destacado su papel. Fue el conducto por medio del cual Ciano tuvo la brillante idea de hacer ver, semanas más tarde, al “caudillo” en ciernes lo mucho que convenía dotar al régimen militar de un aspecto popular y atento, como en Italia, al bienestar material y espiritual de las masas trabajadoras.

¿Cómo el futuro “Caudillo” iba a decir que no? Respondió que ya lo había hablado, él, con sus ministros (una exageración). Es obvio que de cara a un diplomático fascista no podía decir que él quizá aspiraba a una dictadura cuartelera. El fascismo, representado por una Falange medio combatiente, medio entregada a las tareas represivas (en su acepción más brutal y sanguinolenta), en ningún caso le vendría mal.

Finalmente, el tan estimable —para los golpistas— agente que fue Juan de la Cierva terminó su informe con una aclaración:

“En vista de cuanto precede, mi opinión es que la gestión directa en Roma (desde el punto de vista de material) debe delimitarse a la firma de los contratos con la Sociedad SIAI[1] que aparece como suministradora, para cubrir las apariencias, y mantener un contacto general. Después de mi entrevista con el ministro [Ciano] aparece claramente que ningún pago será reclamado por ahora. Si los constructores, etc., pusieran alguna dificultad por esa causa, estoy seguro de que una visita del almirante Magaz al ministro arreglaría el asunto”.

Para entonces, Juan de la Cierva se había convertido en un viajero impenitente a la búsqueda de armas y municiones donde pudiera conseguirlas, allanando todas las dificultades. Pocas semanas después lo demostró por su escrito a Mola en un viaje a Alemania, ya comentado en este mismo medio.

(Continuará)

[1] La Società Idrovolante Alta Italia era la compañía con la cual Sainz Rodríguez había firmado los contratos de suministro de material de guerra y, en particular, aviones el 1 de julio de 1936

Aquí se puede leer el anterior artículo de esta serie sobre Juan de la Cierva.

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Ángel Viñas es coautor con Francisco Espinosa y Guillermo Portilla de ‘Castigar a los rojos’ y publicará en enero ‘Oro, guerra, diplomacia. La República española en el tiempo de Stalin’ (también en CRITICA).

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