Últimas noticias sobre Juan de la Cierva (2/6): Interpretación de un documento

En este segundo artículo me propongo iniciar una diminuta demostración de cómo cabe proceder en la investigación histórica aplicando el doble análisis, interno y externo, a la interpretación de un documento. En el presente caso se trata del que, aun sin firma, no pudo haber sido redactado por ninguna otra persona que no hubiese sido el inmortal inventor del autogiro. Prescindiré, con todo, de tecnicismos innecesarios. Lo importante es observar que, desde fecha tempranísima, JdlC estuvo compinchado con la sublevación antes de que estallara (no en vano había intervenido en la operación del Dragon Rapide que hoy algunos minusvaloran). Sirvió con lealtad y eficacia a los sublevados desde antes del primer momento. Naturalmente, como no hay historia definitiva, ni historiador infalible (salvo presuntamente algún historiador norteamericano al que tanto alaba la derecha española) estoy más que dispuesto a aceptar que otros colegas me ayuden a refinar mi razonamiento.

Por el documento en cuestión se observa que, en un momento no determinado, pero probablemente en los primeros tiempos tras la sublevación, JdlC estuvo en contacto con el general Mola y después con el general Franco. También con la incipiente Junta de Defensa que se creó el 24 de julio.

Tras conversar –suponemos que por teléfono desde Londres– con los dos primeros (o al menos con uno de entre ellos, probablemente Mola, con quien según Maiz había estado en estrecho contacto), se le encargó de manera oficiosa que enviase a alguien a Roma para aclarar ciertos puntos oscuros relativos a los suministros italianos y a la gestión que los “amigos” allí hacían. JdlC se puso en contacto con Quiñones de León, para lo cual se desplazó de Londres a París. En la conversación quedó claro que sería él la persona que debía ir a Roma.

El ingeniero no entró en más detalles, pero sabemos que ya el 20 de julio el exrey Alfonso XIII, siempre patriota, había escrito a Mussolini anunciándole la ida de su ayudante el marqués de Viana, de JdlC y de Bolín[1]. Llevaban a Mussolini el real endoso, algo necesario porque al fin y al cabo habían sido los monárquicos quienes, por la vía de Sainz Rodríguez, habían firmado los contratos de ayuda al golpe el 1º de julio y el exrey, enterado o no, quiso aportar su granito (o tonelada) de arena en apoyo. Yo creí, en un momento, que JdlC marchó también a Roma en aquel momento, pero ahora no estoy tan seguro.

De París, JdlC regresó inmediatamente a Londres, donde solo se detuvo un día para poner en marcha varias gestiones que se le habían confiado. Cabe suponer que relacionadas con la Junta Nacional de la que era presidente. El relato de esta actuación figura en la clásica descripción de Enrique Moradiellos (Neutralidad benévola, Pentalfa, Oviedo, 1990). Ya ha llovido desde entonces. Un aspecto muy importante es que el ingeniero salió de Londres para Roma el “sábado” 22. Esta fecha no corresponde a julio, sino a agosto, y coincide con la que figura en otro documento que identificaré en la entrega final. Es decir, si no fue a Roma por orden de Alfonso XIII cuando Bolín estaba allí, no hay duda de que fue un mes después.

[Nota: si hay en la historia del “glorioso Alzamiento Nacional” personajes mentirosos y despreciables por encima de todo calificativo, entre ellos no puede faltar Bolín, a quien todavía creen algunos autores despistados]

JdlC no fue solo. Lo acompañó el diplomático Santiago Muguiro, “que había trabajado en Londres haciendo una labor admirable”. También fue Moradiellos (p. 190) quien señaló a este personaje: exdiplomático monárquico, en excedencia desde 1931 y exvocal del consejo de Renovación Española, la punta de lanza de la conspiración.

Podemos dar algunos datos conocidos posteriormente. Como secretario de embajada de 2ª clase en Londres había pedido la excedencia voluntaria, que se le concedió el 5 de mayo de 1931. Fue separado definitivamente del cuerpo diplomático republicano el 3 de febrero de 1937. Se le admitió en el franquista el 19 de agosto de 1938 y fue confirmado en él el 18 de junio de 1940. Tales datos pueden comprobarse en el libro de José Luis Pérez Ruiz, Las depuraciones de la carrera diplomática española, Dossoles, Valladolid, 2005). Por el informe en cuestión cabría pensar que incluso pudo haber colaborado con el grupito monárquico que en Londres había agitado contra la República y en el que también figuraba JdlC. Pero esto es solo una hipótesis.

La capital británica siempre fue un objetivo central de una parte de los conspiradores, como muestra la curiosa historia de un agente del general Goded que he descrito en El gran error de la República. También lo había sido por parte de la CEDA, de ahí los contactos previos de Gil Robles con la embajada británica en Madrid.

JdlC pensó que Muguiro debía quedarse en Roma, ya que era hombre de su total confianza y se pondría a las órdenes del representante de los sublevados, el marqués de Magaz. En el trayecto, JdlC tuvo ocasión de poner al corriente al aristócrata de todos los antecedentes necesarios, suponemos que vistos desde Londres y tras conversaciones con Mola y Franco.

El viaje a Roma de JdlC había sido anunciado por Quiñones de León a la embajada italiana en París, para que esta comunicase al conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores y yerno del Duce, que le recibiera como representante de la Junta de Londres. El procedimiento fue el mismo que el seguido antes por Sainz Rodríguez (junto con Goicoechea y un poco conocido Zunzunegui) para anunciar su inminente visita a la capital del fascismo. En este caso, como la embajada italiana se encontraba en Madrid, el embajador –que estaba en San Sebastián– hubo de desplazarse a Burdeos para cursar el correspondiente telegrama a La Farnesina.

La capital británica siempre fue un objetivo central de una parte de los conspiradores, como muestra la curiosa historia de un agente del general Goded que he descrito en ‘El gran error de la República’. También lo había sido por parte de la CEDA

JdlC vio al conde Ciano y a su jefe de gabinete Ottavio de Peppo el lunes por la mañana. Debió de ser el 24. Para entonces, Sainz Rodríguez y Goicoechea habían confirmado un mes antes que la revuelta era la esperada por los monárquicos y confirmado su apoyo a Franco (fallecido en accidente de aviación el teniente general Sanjurjo). El Duce, en consecuencia, dio la luz verde a la continuación de los preparativos para el envío de los aviones al Marruecos español.

[Nota: escribiendo sobre la marcha, JdlC no se equivocó en el nombre del jefe de gabinete. Como la memoria juega malas pasadas –también a servidor– Bolín sí se equivocó y lo confundió con Filippo Anfuso, que en 1936 era el jefe de la secretaría particular de Ciano y adjunto a De Peppo. No sustituyó a este hasta julio de 1938. Detalles nimios, pero que corroboran la exactitud del escrito que comentamos]

El calendario implícito en el informe de JdlC cuadra perfectamente porque el inventor del autogiro señalaría que tuvo varias entrevistas con Sainz Rodríguez y Víctor Urrutia. Indicó que habían estado actuando en Roma hasta aquel momento. Que probablemente hubo algo de desbarajuste entre tantos salvapatrias se deduce de una nota que JdlC envió a Sainz Rodríguez, sin fecha, pero que decía así:

“Le ruego venga a verme esta noche, en compañía de Víctor Urrutia, a eso de las 19. Ni una palabra a los demás que están ahí”. El subrayado fue del ingeniero.

Esto implica, en nuestro humilde entender, que De la Cierva había oteado algo quizá poco claro y que, lógicamente, se fiaba de Sainz Rodríguez y de Urrutia, pero no de otros conspiradores que también ansiaban tostarse al sol de la gloria mussoliniana. JdlC se encontró, y esto es importante, con Juan March. La pregunta es ¿qué diablos haría en Roma en aquellos momentos?

El 25 de agosto, JdlC partió por la mañana y dejó enterado de sus resultados al marqués de Magaz, “quien tuvo la bondad de aprobarla enteramente”. Esta expresión es significativa. El ingeniero, obviamente, se supeditó a la autoridad del representante de los sublevados ante el Vaticano y el Gobierno italiano, oficioso en un primer momento.

[1] El texto se reproduce en I Documenti Diplomatici Italiani. En lo que aquí interesa decía así: “Le supongo enterado de la enorme importancia del movimiento español. Faltan elementos modernos de aviaci6n y con objeto de adquirirlos van a Roma Juan La Cierva (inventor del autogiro) y Luis Bolín, personas de mi entera confianza. El Marqués de Viana portador de la presente le explicará todos los detalles y la ayuda que espero nos prestará” (doc. Nº 577, vol. IV, serie octava)

(Continuará)

Aquí se puede leer el anterior artículo de esta serie sobre Juan de la Cierva.

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Ángel Viñas es coautor con Francisco Espinosa y Guillermo Portilla de ‘Castigar a los rojos y publicará en enero Oro, guerra, diplomacia’. ‘La República española en el tiempo de Stalin’ (también en CRITICA)

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