Turquía, ¿el caballo de Troya ruso en la OTAN?

Los conflictos de Siria y de Irak han hecho que se abriera la caja de Pandora de las alianzas en el Oriente Próximo y los países que antiguamente eran enemigos declarados, como era el caso de Rusia y Turquía, enemigos ancestrales desde la época del Imperio Otomano y de los Zares de Rusia, por el control de las regiones del Oriente Próximo y medio de la Ruta de la Seda y que hoy ocupan las antiguas republicas Turcomanas de la URSS, así como los estados Caucásicos como Armenia, Georgia, Azerbaiyán, e incluso Irán.

Sin embargo, desde la llegada al poder en Turquía de Recep Tayyip Erdoğan y en Rusia de Vladímir Putin, el acercamiento entre ambos es más que evidente y se traduce en una más que colaboración en el conflicto sirio.

Ambos países han firmado tratados de colaboración no sólo de tipo cultural y financiero sino también militar, lo cual se traduce en labores de inteligencia y sobre todo de apoyo aéreo en las operaciones que se están desarrollando en suelo sirio y la venta de armamento y tecnología militar por parte de Rusia a Turquía. Sin ir más lejos, en diciembre pasado, Turquía cerró el acuerdo para comprar a Rusia el moderno sistema de misiles S-400. Tras anunciarlo por primera vez en septiembre, Ankara acordó ahora comprar cuatro baterías por 2.500 millones de dólares y financiando el 55%. Se trata de uno de los más modernos escudos antimisiles. La novedad preocupa a los miembros de la OTAN, entre los cuales también se encuentra el comprador.

“El gran juego” ha vuelto, con fuerza, a Oriente Próximo. A esta alianza entre Rusia y Turquía tenemos que sumarle Irán, tres enemigos acérrimos hasta hace unos años. Se ha convertido en una alianza pura y dura entre los tres países. Pero ¿en qué afecta esta nueva “triple alianza” a las relaciones en la zona, y especialmente con Occidente y la Alianza Atlántica?.

En primer lugar Turquía forma parte de la OTAN desde el año 1952, a la vez que su eterna enemiga Grecia. Y no sólo se encuentra integrada en su estructura política, sino que también lo está en su estructura militar.

Menos conocida es la alianza que durante años ha existido entre las Fuerzas Armadas Turcas y el Tashal Israelí. Amplia colaboración de sus fuerzas aéreas, con la realización de ejercicios conjuntos con sus cazas F-16 en el desierto del Néguev israelí (Base de la Escuela de Cazas de La Fuerza Aérea de Israel) y en la Anatolia turca.

Todo esto cambió con los conflictos de Siria y de Irak, sobre todo con el primero, en la que fuerzas de países que están integrados en la OTAN (entre otros Estados Unidos, Reino Unido y Francia) están colaborando sobre el terreno con las fuerzas kurdas, que Turquía identifica como una amenaza a su soberanía nacional, ya que el 70% del pueblo kurdo habita las zonas del sur de la península de Anatolia (Turquía).

Desde entonces se produjo un acercamiento de Turquía con Rusia e Irán, este último enemigo declarado de Israel y que aboga por su destrucción como Estado, a través de su apoyo a Hamás (Palestina) y Hezbolá (Líbano), que están reconocidas por Estados Unidos y sus aliados como organizaciones terroristas.

¿Qué peligros trae el acercamiento de Turquía a Rusia a la OTAN?.

No olvidemos que la pertenencia a la estructura militar de la OTAN implica el acceso a sus bases de datos y en concreto a la Orden de Batalla Electrónica (OBE) y a la Base de Datos Electrónica de la OTAN (NEDBAS) en la que viene toda la información de los parámetros (frecuencias, PRT, PRF, etc.,) en las que se mueven todos los equipos de las diferentes “plataformas” (aviones, misiles, carros de combate, equipos de comunicación, EW, etc.), bien muy preciado por cualquier país ajeno a la OTAN y con clasificación Nato Secret.

¿Y qué tenemos que decir de la táctica, estrategia, servicios de inteligencia y contrainteligencia, etc. de los países que forman parte de la Alianza Atlántica? ¿Qué pasaría si toda esta información cayera en manos rusas? Pues está claro que sería un auténtico caos, obligaría invertir millones de euros en planificar una nueva estrategia y una gran inversión en tecnología ya que implicaría la modificación de los parámetros con los que trabajan todas las plataformas y equipos de los países que integran la alianza, bajo el peligro de ser aniquilados en un enfrentamiento entre las Fuerzas de la OTAN y Rusia (esperemos que nunca se llegue a dar).

Por tanto, políticos y militares que están al frente de la OTAN deben tomar medidas urgentes para impedir que ese trasvase de información entre Turquía y Rusia se pueda dar. En este caso se hace bueno el viejo refrán de “piensa mal y acertarás” y habría que replantear el papel de Turquía en la estructura militar de la Alianza Atlántica y si a corto o medio plazo habría que invitarla a que se fuera, así como el traslado de bases como la de Incirlik, que se encuentra en territorio turco, deberían trasladarse a países como Grecia u otros que aspiran a ser miembros de la misma como es el caso de Georgia.

El tiempo juega en contra de la OTAN y esperemos que estas duras y complicadas, diplomáticamente hablando, “decisiones” no se demoren en el tiempo y el caballo de Troya abra sus puertas y se expanda por todos los estados que componían del antiguo Pacto de Varsovia.