Otra forma de mirar

 

Tras meses como testigo de análisis al por mayor y observador de conversaciones sobre la situación geopolítica llego a la conclusión de que, en la mayoría de ocasiones, la población se encuentra carente de herramientas para hacer una correcta digestión de la información recibida. Esto produce que no se lleguen a comprender los giros repentinos de lo que se creían era el guión marcado o las repercusiones que no encajan con el planteamiento lineal.

Gran parte de esa falta viene de la distancia cultural, que no significa que sean incultos sino que miran el mundo desde una sola cultura, la suya, sin plantearse que pueden existir diversos puntos de observación. En este texto plantearé diversas herramientas que pueden enriquecer la visión del lector, siendo consciente de que son sólo una pincelada y deben incorporar muchas otras.

En primer lugar, y enlazado con el párrafo anterior, el ciudadano occidental no comprende cómo la sangría enorme de militares rusos no desemboca en una revuelta inmediata de la población contra Putin. Desde hace décadas, en occidente, nos hemos acostumbrado a una cultura bélica de “bajas 0” en las que la muerte de un militar tiene una repercusión muy elevada en la población nacional y un coste para el gobierno considerable. Lo que se debe concebir es que no todas las culturas tienen la misma visión de los conflictos o de la muerte en sí. La tensión creada por un soldado muerto en España es sumamente más elevada que la de cien soldados rusos en su propio país. Claramente, también se debe tener en cuenta la manipulación mediática de recuentos de bajas que ofrece Rusia a sus ciudadanos, pero aún sin ese factor, la tensión que aguantaría el gobierno ruso es mayor al occidental. Esto no se debe traducir en que la población rusa sea desalmada y sin sentimientos, es simplemente otra forma de enfrentarse a la muerte o a la concepción de la guerra. También vemos esta divergencia en EEUU, donde la muerte de soldados no tiene la misma repercusión que en Europa.

De esto se desprenden varias ideas; no esperar que Rusia se rinda solo por bajas militares dentro de un margen que para ellos es asumible y que la estrategia de occidente no sólo busca no involucrar a la OTAN en el conflicto, también cumple como segunda función el librar una guerra contra Rusia sin bajas propias (los muertos los pone Ucrania), pero aún así se libra una guerra.

La segunda herramienta es la de la visión a diferentes plazos. El mundo occidental se ha acostumbrado a una visión cortoplacista y veloz, alimentada por una cultura de consumo que necesita que el sistema de recompensa sea el dueño de nuestras decisiones. Lo que es bueno para empujarnos a consumir nos ciega en muchos otros aspectos. Los medios de comunicación también ven en esa tendencia una forma de enganchar a espectadores tocando sin disimulo sus sentimientos. Un tema puede ser explotado sin descanso y convertirlo en el centro de la vida de los ciudadanos con “especiales” y coberturas continuas. El problema de la cultura cortoplacista es que lo que nos mueve enormemente hoy, mañana dejará de tener interés, siendo capaces de no alterar nuestra pulsación ante imágenes dantescas que hace tres meses nos obligaba a secar las lágrimas.

La amnesia social juega en contra de occidente y a favor de Rusia, que sabe que la resistencia puede hacer que el coste de la guerra pase entre los ciudadanos de ser un precio justo a pagar a una losa innecesaria. Al no sentir la emoción del principio de la contienda, la población no está tan dispuesta a sufrir carencias por algo que se extiende demasiado. En cierto modo es una defensa biológica, el cerebro no mantiene un estrés prolongado y normaliza cualquier cosa que no sea una amenaza directa. Sería imposible soportar un grado de tensión elevado durante mucho tiempo debido a que el estrés sirve para responder a amenazas puntuales y se asocia a respuestas fisiológicas. Putin solo tiene que esperar y el flujo de armas y su gasto asociado puede empezar a ser cuestionado. Del mismo modo, puede calcular que su población resista con penalidades un plazo mayor a occidente. Un racionamiento de unos meses o incluso años para la población rusa creará malestar como es previsible, pero un encarecimiento de los bienes de consumo en Europa, de la energía y de la calidad del modo de vida en general en nuestro continente es un terremoto difícil de controlar. El planteamiento de “lo paso mal durante meses para que en el futuro la situación mejore” tiene cada vez menos adeptos en el mundo capitalista actual. Este factor temporal también jugará en contra a la hora de hacer planteamientos de inversión que traspasen la barrera electoral de cuatro años en la mayoría de Estados. El mundo de la ciencia e investigación lleva años con esa penitencia y Defensa tendrá que tratar de sortearla ahora.

Como ultima clave quisiera hacer referencia a la linealidad. Los análisis más comunes responden a la fórmula X=Y. La realidad para las ciencias sociales (entre otras) es que se debe utilizar la formula X1+X2+X3…=Y1+Y2+Y3… Esto quiere decir que ninguna situación esta causada por un único factor y que tampoco tiene una sola consecuencia. La versión reducida monofactores es muy conveniente a la hora de influir en la población al hacerles creer que un hecho es consecuencia de otro y nada más. El manipulador selecciona entre todas las causas las que son afines a su ideología o tesis y la convierte en causa única. De igual forma selecciona una consecuencia e ignora todas las demás. Con esto se consigue dirigir a la masa por el camino que he marcado. Es el manual de trabajo de los populismos y de las ideologías totalitarias. Mucha prensa que se dice seria se sube a esta ola, surfeando con titulares simplificadores situaciones realmente complejas. El problema de aficionarse a esta técnica de la simplificación viene cuando suceden hechos que no encajan al no haber resaltado todos los factores y tienes que explicarlo a la opinión pública. La amnesia social suele ser el comodín; esperar unas semanas y la gente se habrá olvidado, pero en ocasiones esto no funciona. Hay decisiones que se deben explicar, pues las consecuencias no encajan con lo que se ha trasmitido como causas y faltan a todas luces datos. Pongamos que hablo de nuestro lío del sur, pero es extrapolable a muchas otras situaciones de la política y geopolítica en general. Cada decisión que tomemos como país, junto con muchos otros factores, tendrán unas consecuencias, unas perseguidas, otras asumidas y otras posiblemente inesperadas.

Son tiempos complicados, con muchas decisiones a tomar, muchas consecuencias con las que cargar y mucha necesidad de contar con élites políticas a la altura de la realidad presente y futura.