Los valores militares en la sociedad actual

 

La profesión militar es una de las ocupaciones en las que tenemos presentes, con alto grado de importancia, los valores que han de orientar la actuación de sus componentes, dándoles un lugar preferente, en cierto modo, entre los deberes que les son propios. Es tal la concepción que tiene la sociedad del militar que, para referirse a sus cualidades y lo que les caracteriza, son los valores los que suelen ser más recurrentes en la idea y valoración que se tiene sobre él. Pero es también, desde el interior, desde el mismo seno de las Fuerzas Armadas, donde cobra importancia el adoctrinamiento moral que establece un sistema ambiental de intensificación y amplificación de ciertos valores que llega, en algunas circunstancias, a ser opresivo, desvirtuando el auténtico sentido de éstos y trasladando una idea romántica de una profesión que actualmente tiene un carácter enormemente técnico, y que se aleja de una tradición, siempre impuesta, de un espíritu y un carácter muy alejados de la realidad.

La Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre de la Defensa Nacional (LODN) dispone que las “reglas” esenciales para el cumplimiento del deber, inspiradas en la tradición de los Ejércitos y la Armada, cobran una renovada importancia, pero será un desarrollo reglamentario el que permitirá mantenerlas debidamente actualizadas. Con ello la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas (LODDFAS) establece que “respecto a los deberes que caracterizan la condición militar, son esenciales el de defender a España, el de cumplir las misiones asignadas en la Constitución y en la Ley Orgánica de Defensa Nacional, y el de actuar conforme a las reglas de comportamiento del militar que se basan en valores tradicionales de la milicia y se adaptan a la realidad de la sociedad española y a su integración en el escenario internacional”. 

Ambas leyes han dibujado unas Fuerzas Armadas donde, por primera vez, se reconoce al militar de forma integral como “miembro” de la sociedad y por ello partícipe de un sistema de principios y valores comunes a toda la ciudadanía. Actualizar y adaptar reglas de comportamiento y valores se mandata en dichas normas y queda por ello efectuada la renovación que permanecía pendiente desde la promulgación de la Constitución.

La citada LODN estableció el mandato legislativo de la regulación de los derechos de los militares. Con la LODDFAS las Fuerzas Armadas dieron un primer paso cualitativo en su democratización interna hasta donde la jerarquía y la disciplina lo permiten. Con esta ley se establecen tres pilares fundamentales de reconocimiento de derechos e implantación democrática: Asociacionismo profesional, Consejo de Personal y Observatorio de la Vida Militar; corpus vertebrador de principios democráticos en las Fuerzas Armadas. Pero también se fijan las reglas de comportamiento del militar que han revisado, matizado y suprimido lo que hasta entonces constituía un código deontológico anacrónico establecido en las tradicionales Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas (RR.OO.).

Nos encontramos con códigos paralelos que de forma subrepticia son mantenidos en las Fuerzas Armadas. Una influencia que hace persistir una idea romántica del militar conformado en valores que desde mucho tiempo atrás han venido constituyendo su acervo, transformado en deber, creando una ficción de un tradicionalismo que nada tiene que ver con la realidad

Estas ordenanzas han constituido durante centurias un cuerpo normativo que abarcaba todo el espectro de derechos, deberes y deontología del militar, y conformaban el estatus del militar manteniéndolo a distancia del resto de la sociedad. La LODDFAS establece que dichas ordenanzas desarrollen las reglas de comportamiento recogidas en esta ley con lo previsto en la LODN. Sin embargo, este desarrollo es anterior a la promulgación de la LODDFAS (dos años antes), y nos viene a mostrar, con su carácter prefigurativo, una intencionalidad de mostrar el “camino” a la, en aquel momento, futura ley orgánica (LODDFAS)

Fidel Gómez Rosa (Revista Atenea, febrero 2023) describe el paisaje singular de valores pintado por la herencia del franquismo: “En efecto, los cuarteles conservan la simbología franquista, la parcialidad en la exaltación de gestas militares de la guerra civil, la confesionalidad católica, el recelo al pluralismo político, etc. El espíritu de cuerpo, conformado por una amplia parafernalia de lemas, leyendas, canciones, ritos, himnos, prontuarios, etc., cultivado autónomamente al margen de la deontología oficial, sigue teniendo enorme influencia en la cultura profesional”. Es en esta “resistencia” donde nos encontramos con códigos paralelos que de forma subrepticia son mantenidos en las Fuerzas Armadas. Una influencia que hace persistir una idea romántica del militar conformado en valores que desde mucho tiempo atrás han venido constituyendo su acervo, transformado en deber, creando una ficción de un tradicionalismo que nada tiene que ver con la realidad y el verdadero sentir de la mayoría de los militares, y ya hoy completamente alejado de las exigencias de nuestro actual sistema democrático.

Las RR.OO., además de regular ciertos aspectos de la vida del militar, plasmaban principios éticos que debían dirigir el comportamiento del militar, pero afortunadamente fueron sustituidas la gran mayoría en la última reforma normativa. No obstante, se mantienen como una suerte de antiguo testamento que, en un intento baldío de preconcebir un código de valores, se constituye en historia de tradición pasada.

Es la Constitución la que, en virtud de los valores de la sociedad, enmarca los principios rectores del Estado de Derecho estableciendo los derechos fundamentales y, en el caso de los militares, matizando algunos aspectos concretos dado su peculiar cometido. Los valores superiores de su ordenamiento jurídico son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político; la organización militar se organiza conforme a los principios constitucionales; las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Y es la LODDFAS la que adecúa los valores de la milicia a la realidad de la sociedad española y establece las normas de comportamiento del militar, contempla la condición de servidores públicos al militar y adapta dichas normas al código de conducta de los empleados públicos.

Por tanto, son la Constitución y las leyes orgánicas que rigen en las Fuerzas Armadas quienes recogen los principios y valores que orientan a los miembros de la sociedad. Los militares no necesitan ideas, tradiciones y mitos, de románticos y nostálgicos, que reaccionariamente intentan mantener una concepción del militar caduca; los militares son ciudadanos cuya labor diaria se realiza impregnada de los valores de la sociedad de la que son parte y a la que sirven, ni más ni menos.

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