El dique de contención

 

Frente a la marea fascista, que avanza, el único dique de contención posible es la formación de un frente amplio constituido por las fuerzas gubernamentales y no gubernamentales, parlamentarias y no parlamentarias, que, conscientes de la gravedad del momento, acuerden un programa común de emergencia antifranquista que merezca el apoyo masivo de todos los demócratas y progresistas de nuestro país.

Dicho programa debería de comportar, a mi juicio, dos vertientes esenciales. La primera, y prioritaria, un plan de acción de emergencia social que afronte la grave crisis económica y social en la que nos adentramos a pasos agigantados. La segunda, no menos importante, el inicio de negociaciones básicas para dar por agotado el régimen del 78 y su monarquía, abordando seriamente el establecimiento de un pacto histórico para la proclamación de la III República, federal o confederal, y la constitución de un gobierno provisional que decrete una ley electoral justa, convocando seguidamente a los pueblos y naciones históricas del Estado español a elecciones constituyentes.

El núcleo promotor de tal frente amplio antifranquista habría de estar constituido, por tanto, por las fuerzas políticas y sociales de ámbito estatal o autonómico que, manifestando claramente su posición republicana, rechacen los planteamientos del reformismo españolista, pues este no conduce a ninguna salida democrática viable sino a la descomposición catastrófica del Estado. Tal descomposición implicaría a medio plazo la deriva hacia una nueva forma de “dictadura constitucional”, lesiva para el conjunto de los pueblos del Estado español y de la clase trabajadora.

El dominio de los medios por parte de la derecha económica hace irrisoria cualquier esperanza democrática al respecto. Los lideres de opinión son creados con la misma facilidad con la que son destruidos, de no seguir éstos el papel que el poder financiero les asigna en esta farsa democrática que no cesa: antaño juan-carlista hogaño felipista.

De proseguir las élites políticas, por inercia o desidia institucional, la senda monárquica trazada por el régimen del 78, nos veríamos abocados más pronto que tarde a un proceso de involución política de gravísimas consecuencias, cuyos indicios son abrumadores.

El espejismo de un añorado regreso al bipartidismo de las cuatro últimas décadas no se traduciría en una renovada esperanza, sino todo lo contrario, pues ha quedado manifiestamente diáfano el carácter caciquil y mafioso de tal periodo, con la consiguiente desafección del electorado al régimen monárquico impuesto por la llamada Transición.

Un periodo histórico marcado por los latrocinios, consentidos y perpetrados, por la familia reinante -la dinastía Borbón- y el terrorismo del aparato del Estado, cuyas raíces tóxicas proceden de la evidente impunidad de los crímenes franquistas y de la marea de corrupción que nos asfixia.

Las masas explotadas, y los sectores más precarios de la sociedad, acabarían siendo pasto de todo tipo de aventureros políticos, vinculados a una monarquía cuyo absolutismo encubierto ya nadie podrá maquillar de forma efectiva por más tiempo.

En efecto, la interpretación del artículo 58.3 de la Constitución como impunidad absoluta del Rey, lo pone en evidencia: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados…”

¿O es que alguien ha refrendado de forma fehaciente tales latrocinios?

Los crímenes del golpe militar del 36, la guerra  y la dictadura, impuestos por el franquismo, asimismo impune, golpean la conciencia de todos los demócratas. Son víctimas abandonadas por un régimen corrupto y criminal, de raíces monárquico-franquistas, pretendidamente democrático, sostenido por el poder de la misma oligarquía terrateniente y financiera que sostuvo la dictadura.

Víctimas del franquismo que el genial pintor malagueño Pablo Ruiz Picasso plasmó en un grito estremecedor que clama justicia, desde el lienzo inmortal, a la conciencia de la Humanidad.

 

Manuel Ruiz Robles, es capitán de navío (r), miembro de la Unión Militar Democrática (UMD), que luchó contra la dictadura fascista.