Cuando la policía habla claro

Mientras la atención mundial se centra sobre la reactivada conflictividad en Siria y las vicisitudes de un Trump cuya continuidad en la Casa Blanca parece estar en entredicho (la atención española, por su parte, se vuelca sobre el persistente conflicto en Cataluña), el Gobierno de Israel prosigue sin pausa su callada aspiración de desintegrar y desarticular la vida del pueblo palestino.

En un barrio palestino de Jerusalén Oriental, sometido a menudo a visitas de la policía y donde el pasado verano fueron detenidos más de 350 habitantes, la población sustenta la idea de que el acoso policial está provocado y tiene por objeto crear una situación de violencia que suscite una intervención armada definitiva.

En un proceso judicial abierto contra un palestino acusado de lanzar piedras contra la policía, se proyectó un video que recogía los comentarios de varios policías situados frente a la entrada de la mezquita principal del barrio. El vídeo había sido grabado por la cámara que portaba en su atuendo uno de ellos el pasado mes de abril.

En él se ve cómo algunos policías apuntaban con sus armas, como para asustar a los residentes que a distancia les contemplaban. Vehículos y paseantes pasaban a su lado sin aproximárseles. A uno de los policías se le escucha: “Esto, en realidad, es provocarles sin ningún motivo”. El otro asiente. El primero repite: “¿Por qué hacemos esto a propósito?”. Y el otro responde: “Nuestra forma de actuar es un desastre desde el comienzo”. El primero le contesta: “Déjales vivir. Estás aquí provocándoles para nada”.

Unos minutos después el primero habla a un tercer policía: “Tengo una pregunta para ti. ¿No es verdad que lo que hacemos aquí es causar más problemas?”. La respuesta: “Eso es justo de lo que se trata”. “¿Causar más problemas?”. El policía responde afirmativamente.

Algo más tarde se ve a los policías hablando con desdén del peligro que suponen las pedradas que a veces reciben. Uno dice que no son ataques terroristas: “Son pedradas. Para ellos, es un juego. No las lanzan para hacernos daño”.

El fiscal adujo que las palabras de los policías recogidas en el video eran simples comentarios: “Así como no se castigan los pensamientos de los procesados, tampoco debe tenerse en cuenta lo que dice un policía sin pensárselo mucho”.

Precisamente en esas palabras se apoyaba la defensa para reducir la condena del presunto apedreador. El defensor declaró: “Se ve que no existe ninguna necesidad profesional en este caso y que la policía entra en los barrios [palestinos] para hostigar a los vecinos, con acciones que aterrorizan a los niños”. Añadió: “¿Cómo puede uno enfrentarse a un niño apuntándole con un arma? En un país donde rigen las leyes, esta perturbación deliberada de sus vidas debe terminar. ¿Cómo? Mediante la acción de los tribunales, sus sentencias y sus decisiones valientes”.

No habrá tales acciones. La realidad es muy otra. Tanto los palestinos de Cisjordania como los residentes en Gaza, viven una situación de inestabilidad permanente, sabedores de que el Gobierno de Israel solo los tiene presentes como factor de un problema que desearía resolver del modo más expeditivo posible, pero que no se atreve a plantear en toda su crudeza: “si no es factible expulsarlos, hagámosles la vida imposible”. El estrangulamiento económico, los obstáculos a la vida cotidiana, la destrucción de hogares y la expansión de asentamientos ilegales que trocean el territorio que fue palestino, son síntomas claros del futuro que espera a este desdichado pueblo.