¿Confesión militar?

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.
Canción de la vida profunda (1). Porfirio Barba Jacob

Motivaciones

A lo largo de mi vida profesional, incluida la época de alumno en la Escuela Naval, algunos jefes militares cuestionaron mis opiniones, incluso me amonestaron severamente por lo que ellos consideraban lecturas peligrosas. Se trataba de autores tales como Ortega y Gasset, al que alguno de ellos llegó a calificar de masón, o Soren Kierkegaard autor de «El concepto de la angustia». Contrariamente a lo que pretendían consiguieron alentar en mí la curiosidad por conocer otras ideas. Algunas de ellas pasaron a formar parte esencial de mi modesto bagaje ideológico y cultural.

Quizá el momento más humillante de aquellas inquisitoriales pesquisas fue el interrogatorio de un juez militar, ya en «democracia», tras la publicación del articulo «Señores diputados», en un diario de alcance nacional, criticando la Ley de Amnistía. El juez no quiso entender mi concepto de España, ni la petición de amnistía para mis compañeros de la Unión Militar Democrática (UMD). Tras el interrogatorio fui arrestado y sancionado. Lamentablemente, varias décadas después, España empieza a ser una cosa “vana, variable y ondeante”.

En el siglo pasado muchos compañeros fueron perseguidos por sus ideas. Algunos fueron expulsados siendo aún alumnos. Otros fueron sometidos a consejos de guerra y encarcelados. Al iniciarse el golpe militar de 1936, auspiciado por la Alemania nazi del III Reich -años antes de yo nacer-, muchos militares republicanos fueron simplemente asesinados.

Heme aquí hoy dispuesto por fin a confesar

Esta ¿confesión militar?, es sobre todo la expresión de algunos conceptos sencillos que asimilé a lo largo de mi vida. Me han posibilitado una mayor comprensión de la realidad. Son el producto de un largo proceso de maduración que se inició poco meses después de mi incorporación a la Escuela Naval Militar, en Marín (Pontevedra), el 1 de agosto de 1960.

Desde mi profundo respeto a otras opiniones, trataré de exponer algunas cuestiones -a mi juicio- cruciales.

¿Hay vida después de la muerte?

No hace mucho perdí, en una dolencia de corta duración, a un buen amigo y compañero de estudios en la Escuela Naval, al que todos llamábamos cariñosamente Suso. Fue uno de mis amigos gallegos -era de Marín- en aquella entrañable brigada de guardiamarinas. En una de nuestras comidas de viejos camaradas -creo recordar que en Aranjuez- salió a relucir el tema del «más allá».

Intentando apoyarme en las enseñanzas de mi madre, fervientemente católica, le pregunté: Suso ¿cuáles son las potencias del alma? Su rápida respuesta fue: memoria, inteligencia y voluntad. Insistí preguntando: ¿qué queda de la inteligencia, de la memoria y de la voluntad tras una larga enfermedad degenerativa como el Alzheimer? Bajó la mirada. Después -como buen gallego- encauzó hábilmente la conversación hacia otros temas.

En efecto, aquella vieja definición del catecismo deja poco margen para creer en la existencia de un alma inmortal. Al llegar la muerte el sistema nervioso deja de funcionar. Un sistema nervioso compuesto por la interacción de infinidad de neuronas, conectadas mediante una red de finísimos «hilos». Hilos por los que se propagan impulsos «eléctricos» transmitiendo información. Una red infinitamente compleja que nos dota de percepción sensorial y posibilita la conciencia. Al quedar destruida esa red no veo razones para pensar que vaya a quedar ningún tipo de existencia residual, revoloteando en un improbable más allá.

¿Qué es la conciencia?

La Naturaleza, tras un larguísimo proceso, a través de la cadena evolutiva de la que procedemos, nos dotó de un cerebro. Un complejo y potentísimo sistema de tratamiento de imágenes -en su sentido más general-, una de cuyas maravillosas propiedades es la conciencia humana.

Conciencia humana desarrollada en su mayor parte mediante nuestra interacción con otros individuos de nuestra especie, en el contexto histórico y social en el que nos educamos y desenvolvemos. Sobre esa realidad Jean Paul Sartre nos aportó el siguiente concepto: «en el ser humano la existencia precede a la esencia». Sobre este postulado desarrolló parte de su filosofía. Por otro lado, Ortega y Gasset lo expresó de otro modo: «yo soy yo y mis circunstancias». (2)

Las interacciones con el medio circundante, nuestros hechos, desarrollan nuestra conciencia. Las informaciones, producto del incesante intercambio, alimentan la evolución de nuestro pensamiento, y van quedando grabadas en nuestro cerebro, junto a otros datos no conscientes. Gran parte de las pulsiones -conscientes o no conscientes- proceden de la larga cadena evolutiva que dio origen a nuestra especie. (3)

Los seres humanos somos «arrojados a la existencia». Ahí comienza nuestra progresiva toma de conciencia. Nuestras decisiones y hechos influyen sobre nuestro devenir, moldeándolo. Por ello somos responsables. Un individuo es radicalmente libre para tomar decisiones, aunque su libertad esté gravemente coaccionada, incluso en las circunstancias más adversas. Por ejemplo, la decisión de negarse a cumplir una orden criminal, pese a las represalias inmediatas por tal actitud. La decisión de evadirse de una prisión, aún a sabiendas de las enormes dificultades. La decisión de no doblegarse ante las amenazas o la tortura, negándose a la delación. Un ejemplo universal de lo anterior fue la actitud heroica de Jean Moulin, jefe de la Resistencia al nazismo en la Francia de los años 40. (4)

Al quedar seriamente dañado el cerebro, bien sea por accidente, ya sea por enfermedad, se altera no sólo nuestra percepción sino también nuestra conciencia, hasta llegar a desaparecer completamente en los casos de mayor gravedad. Es lo que la gente suele expresar de forma sencilla exclamando «el pobre quedó como un vegetal».

Esto es lo que ocurre al morir, momento en el que toda actividad eléctrica del cerebro se extingue. Por ello los médicos toman el electroencefalograma plano como prueba irrefutable de muerte cerebral, es decir de toda pérdida definitiva de la conciencia. Por lo tanto, no veo ningún indicio racional para pensar que perviva ningún tipo de existencia más allá de la muerte.

La visión del pasado

La visión del siglo XX y comienzo del XXI, conduce irremediablemente a conclusiones pesimistas. La muerte y desolación en la Europa del nazi-fascismo. El horrendo holocausto judío. El golpe militar fascista del 36 contra la II República, que dio lugar a la cruenta Guerra de España, seguida de una larga dictadura y la restauración borbónica. Las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki. La demencial estrategia de la «destrucción mutua asegurada», durante la «guerra fría». La caída del muro de Berlín y la implosión de la URSS. El sufrimiento del pueblo palestino y de muchos otros pueblos. El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. La invasión de Afganistán. La invasión de Irak. La invasión de Libia. La amenaza de invasión que pesa sobre el pueblo sirio y muchos otros. Una época que ha matado a más de setenta millones de seres humanos.

La barbarie de las dictaduras militares en España, Argentina, Chile y otros muchos lugares, con su cortejo de horrores. Los consejos de guerra sumarísimos, seguidos de fusilamientos. Las presuntas conexiones, aún sin investigar, de autoridades militares españolas, -ya en «democracia»- con la dictadura argentina y la ESMA. Los acontecimientos en el buque escuela «Esmeralda», de la Armada chilena, durante el golpe militar fascista del general Pinochet, utilizado como centro de detención y torturas en 1973. Las atrocidades perpetradas por la actuación criminal de la DINA, la policía política chilena, entre otras el asesinato del Orlando Letelier en Washington, mediante un atentado terrorista coordinado por la Operación Cóndor. También la tortura y asesinato en prisión del general Bachellet, padre de la presidenta de Chile Michelle Bachelet. O la muerte del general Carlos Prats en 1974 y de su esposa Sofía Cuthbert. Las atrocidades, torturas y desapariciones forzadas. La ESMA, el mayor centro de tortura y exterminio del general Videla, que dio lugar a una interpelación parlamentaria del diputado comunista español Willy Meller. Los crímenes de la dictadura fascista del general Franco, investigados por la juez Servini. (5)

La reflexión sobre estos horrores me trae el recuerdo de mis años de instituto, en el Madrid de los años 50. Mis visitas de colegial a los grabados del pintor aragonés Goya en el Museo del Prado, produjo en mi mente de niño un fuerte impacto emocional. El genial pintor -que murió exiliado en Francia- supo expresar en sus grabados todo el sufrimiento y la desesperación del ser humano en la guerra y la violencia. Solo años después, contemplando el «Guernika», del genial malagueño Pablo Ruiz Picasso -que también murió exiliado en Francia- me estremecí con la misma intensidad al comprender todo el horror de nuestros días.

Frente a tanta barbarie, la obra de Albert Camus «El hombre rebelde», es una profunda reflexión sobre una realidad inaceptable que urge transformar. (6)

La visión del futuro

Es imposible adivinar lo que el futuro deparará a la humanidad. Sabemos sin embargo que nuestro Sol, motor de vida en nuestro diminuto planeta azul, se extinguirá. Con él todo rastro de vida sobre la Tierra. Por lo tanto nuestra especie también se extinguirá. Mucho antes de que se apague el Sol, una vez agotado su combustible de fusión: el hidrógeno.

Es muy probable que existan mundos habitados, resultado de un proceso de evolución similar al nuestro; en la Vía Láctea o en otras galaxias. Sin embargo se hallan a distancias imposibles de recorrer. Estamos definitivamente aislados en un Universo que se enfría lentamente por efecto de la expansión. Algún día muy lejano las estrellas ya no brillarán en el firmamento. Será la muerte térmica del Universo. Muchísimos miles de millones de años antes nuestro planeta Tierra habrá sido absorbido por la expansión del Sol, en su fase de gigante roja, una vez consumido el hidrógeno de su núcleo. Sin embargo, aún transcurrirán varios miles de millones de años antes de que eso suceda.

Por lo tanto, la preocupación prioritaria ha de ser el preguntarnos hacia donde se dirige la sociedad. ¿Qué será de nosotros, la raza humana? ¿Qué hacer ante la ilegítima deuda de los Estados, que hunde en el paro y la desesperación a millones y millones de familias? ¿Qué hacer frente a un neoliberalismo depredador, que saquea nuestro patrimonio individual y colectivo? ¿Qué hacer frente al despilfarro de los recursos no renovables del planeta? ¿Qué hacer frente al calentamiento global, que nos arrastra inexorablemente hacia una catástrofe de proporciones definitivas? ¿Qué hacer frente al riesgo de una conflagración termonuclear?

Agradecimientos

Término esta confesión, agradeciendo al posible lector su paciencia, e incitando a mis compañeros más jóvenes y menos jóvenes a que reflexionen sobre los graves desafíos de nuestro tiempo.

In Memoriam

En recuerdo de uno de mis amigos gallegos en la Escuela Naval Militar, era de O Ferrol: el guardiamarina de Infantería de Marina José Luis Herrero Paadín, excelente compañero. Era el hijo único de una modesta familia. Desapareció hace 50 años en extrañas circunstancias durante unos ejercicios militares en la Isla de Ons.

Referencias:

(1) http://www.poesi.as/pbj030.htm
(2) El existencialismo es un humanismo. Jean Paul Sartre.
(3) El origen de las especies. Darwin.
(4) http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Moulin
(5) http://es.wikipedia.org/wiki/Orlando_Letelier
http://www.diariocritico.com/nacional/pce/willy-meyer/torturadores-franquistas/billy-el-nino/443871
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177824
http://www.elplural.com/2013/10/06/cerco-al-gobierno-para-que-investigue-los-crimenes-franquistas/
http://www.elplural.com/2013/12/10/llamazares-insta-al-gobierno-a-extraditar-a-argentina-a-los-torturadores-billy-el-nino-y-munecas/
(6) El hombre rebelde. Albert Camus.