Un, dos, tres…expolie otra vez

Va Rajoy y dice que el sentimiento de pesimismo en España está remitiendo. Y se queda tan ancho. Los ministros cuentan mentiras con un descaro que, eso es verdad, ya no sorprende a nadie. Y los humoristas hacen su agosto con las soplagaiteces – hay que ver lo mal que soplan – de algunos voceros de partidos en televisión. Pero el pesimismo, remite…

Sin embargo, la realidad del cuento es que nos están expoliando, robando para ser más claros y que llevan así bastante tiempo. Ahora parece que van a cerrar el círculo, pero no sería de extrañar que la imaginación de nuestros gobernantes para hacer daño a la mayoría de los ciudadanos, se desborde todavía más.

Si se echa un vistazo a estos dos últimos años, más allá de las recetas de Bruselas, donde la derecha campa por su respetos y sus indicaciones se acercan más al neoliberalismo más feroz que a la socialdemocracia del estado del bienestar, el Gobierno nos ha robado en tres cosas fundamentales, expresadas con lenguaje llano, casi vulgar, pero entendible.

Primero. Nos roban las perras. Con la reforma laboral, los despidos a precio de saldo, los sueldos por los sueldos, la bajada del poder adquisitivo de los pensionistas, la subida el IRPF y el IVA…nos dejan sin un duro. A la llamada antes clase media, palo mientras los ricos, zanahoria. Hay más ricos y también son más ricos.

Segundo. Nos roban los derechos.
Las prestaciones por desempleo bajan, las indemnizaciones se eternizan en Fogasa, de la Sanidad,- ni universal ni gratuita – mejor no hablar y de la enseñanza, menos.

Tercero. Nos roban las libertades. La nueva Ley de Seguridad ciudadana y la del aborto, no son más que las muestras, el botón, de lo que se nos viene encima.

Pues no señor Rajoy, no parece lo más acertado decir que el pesimismo está en retirada entre los ciudadanos. La resignación que con habilidad fueron instalando, es lo que se está diluyendo con todos los peligros que eso supone. Tres robos de esa envergadura y tan bien dirigidos y planificados pueden llevar a un callejón sin salida y las gentes, cuando se les acorrala, como los gatos, arañan.