¿Quién controla las Fuerzas Armadas?

En mis anteriores artículos de este blog, titulados “El golpe que no cesa” y “El golpe que no cesa II”, conté cómo en 2020 la derecha recurrió a los militares retirados para derrocar al Gobierno al haber fracasado los anteriores intentos por la vía civil.

Recordemos que en noviembre de 2020 la derecha trató de desestabilizar al Gobierno utilizando la influencia que tiene en las Fuerzas Armadas. Como por motivos legales no podía utilizar a los militares en activo, recurrió a los retirados; para ello organizó un complot consistente en recoger firmas entre estos militares para que enviaran cartas al Rey por promociones pidiendo que derrocara al Gobierno “social-comunista”.

Con objeto de demostrar que eran capaces de manejar a la mayoría de los militares retirados y por ende también a los que están en activo, lanzaron la consigna de que las cartas deberían ir firmadas por más del 50 % de los componentes de cada promoción para evidenciar que la derecha es capaz de manipular a la mayoría de los militares de los tres ejércitos. Con ese objetivo, los conspiradores se lanzaron a contactar a las distintas promociones de los tres ejércitos para que firmaran sus correspondientes cartas.

La primera promoción en ser contactada fue la XIX de Aviación. La elección no fue baladí, lo hicieron a conciencia porque esa promoción, de la que yo formo parte, tenía el estigma de ser la que más miembros de la Unión Militar Democrática (UMD) había tenido en su seno y se había ganado la fama de ser la más roja de los tres ejércitos; los conspiradores consideraron necesario eliminar esa reputación. Por ese motivo la primera carta al Rey fue enviada por los miembros de la XIX promoción del Ejército del Aire. Firmó la misiva un 70% aproximado de sus miembros. A continuación, la envió la XXIII promoción del Ejército de Tierra con una proporción de firmantes similar a la anterior. Cuando muchas promociones de los tres ejércitos se disponían a enviar su petición al Rey, se filtró el chat de WhatsApp de la XIX promoción donde se afirmaba que había que fusilar a “26 millones de hijos de puta”. A partir de la publicación del chat se paralizó la campaña de firmas por promociones pues lógicamente los posibles firmantes no querían que su nombre apareciese ligado a los que pregonaban semejante barbaridad. A pesar del desánimo surgido entre los conspiradores, siguieron recogiendo firmas y consiguieron que más de 600 generales y coroneles se solidarizaran con los que pretendían fusilar a 26 millones. Los nombres de estos “patriotas” están en Internet.

La mayoría de signatarios de la carta al Rey de la XIX promoción eran pilotos de Iberia jubilados que habían abandonado el Ejército hacía más de cuarenta años por intereses económicos, demostrando así su escaso espíritu militar, pero no firmaron como pilotos civiles sino como capitanes retirados, lo que evidenció su intención de involucrar a las Fuerzas Armadas en la conspiración.

Conviene aclarar que entre los militares predomina el error de considerar al Rey como el jefe de las Fuerzas Armadas. El motivo del equívoco es que el artículo 62 de la Constitución atribuye al monarca “el mando supremo de las Fuerzas Armadas”, pero de acuerdo con el artículo 64, para que los actos del Rey tengan validez legal deben ser refrendados por el Presidente del Gobierno, que será el responsable de la decisión final. Sin el refrendo gubernamental, no hay decisión real válida, conforme al artículo 56.3.

Por otro lado, el artículo 97 de la Constitución atribuye al Gobierno la dirección de la administración militar. No hay la menor duda de que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas es el Presidente del Gobierno, donde culmina la cadena de mando militar; el Rey ostenta un mando simbólico, no ejecutivo. En base a este error de concepto los franquistas dirigieron sus cartas al Rey para que derrocara al Gobierno.

Defensa se limitó a denunciar en Fiscalía el contenido del chat de la XIX sabiendo que la denuncia no tenía posibilidad alguna de prosperar. Actuaron de esta forma para cubrir dos objetivos: de un lado acallaban así la indignación popular y de otro tapaban lo más importante, la trama conspiratoria para derrocar al Gobierno utilizando a los militares retirados. Ante la falta de investigación del complot, no sabemos con certeza si la iniciativa surgió de miembros de la derecha extrema, de la extrema derecha o de ambas, aunque todo parece indicar que fueron miembros del PP y no de Vox los que impulsaron el movimiento.

En efecto, a pesar de la ocultación de la intentona, hay algunos indicios que pueden aclarar qué sector de la derecha promovió el movimiento. Al haber comenzado la campaña de firmas la XIX promoción del Aire, sería lógico pensar que si los organizadores hubiesen sido de Vox, el General de Aviación Mestre, parlamentario entonces de ese partido, habría estado implicado, pero él lo niega rotundamente; sin embargo el General Gutiérrez Díaz de Otazu, parlamentario del PP, no sólo defendió públicamente la legalidad del envío de cartas al Rey sino que él mismo recogió firmas entre los diputados de su partido para que defendieran la intentona.

Esta conspiración pretendía advertir al Gobierno sobre quién controla las Fuerzas Armadas, pues si la mayoría de los retirados, un 70 %, pretendían derrocar al Gobierno era de suponer que ese porcentaje sería muy similar entre los militares en activo.

Hasta fechas recientes se habían hecho estudios sobre el porcentaje de votos obtenidos por la extrema derecha en las mesas electorales donde votan mayoritariamente militares en activo; la conclusión era que Vox había sacado cuatro veces más votos en esas mesas que en las del resto de la respectiva provincia. Recientemente se ha publicado un estudio exhaustivo de Stuart Turnbull-Dugarte, profesor de la Universidad de Southampton, donde tras 140.000 entrevistas, de las cuales un 10 % las hizo a militares, concluye que la implantación de la extrema derecha en la Fuerzas Armadas es cinco veces superior que en el resto de la sociedad. Dada la actual situación política y la crispación que se avecina, si la izquierda vuelve a formar Gobierno es muy probable que volvamos a oír ruido de sables.

Los miembros de la XIX promoción, los mismos que organizaron el movimiento de recogida de firmas para derrocar al Gobierno en 2020, proyectaron celebrar en octubre de este año en la Base Aérea de San Javier el 60º aniversario de la entrada en la Academia General del Aire, incluso con desfile aéreo. Los organizadores, bajo la disculpa de que se trataba de una celebración privada, me prohibieron la asistencia al evento por haberme opuesto a la conspiración del año 2020. El veto también incluía a mi familia, siguiendo la más pura tradición del franquismo, que no sólo adoptaba represalias contra los disidentes sino que también lo hacía contra sus familiares. En la Pascua Militar de 2021, la Ministra de Defensa calificó a los conjurados como “intolerantes” entre otros epítetos, y no le faltaba razón.

En definitiva, se trataba de un acto político más de la extrema derecha para demostrar que ellos son los buenos militares, que tienen el apoyo mayoritario de las Fuerzas Armadas, que el Ejército sigue siendo una guardia pretoriana que marca límites al Gobierno, que los valores que ellos representan son los vigentes en las Fuerzas Armadas y que los que defendemos la neutralidad política y la sumisión de los militares al Gobierno legalmente constituido, somos los que hemos actuado de forma incorrecta. Era un acto político para demostrar que ellos tienen más influencia en las Fuerzas Armadas que los demócratas, pero el resultado electoral, contrario al que esperaban, ha dejado el evento en el aire, nunca mejor dicho.

Esta es la segunda vez que los franquistas me prohíben que asista a un acto conmemorativo. En el año 2010 estaba previsto un acto similar para conmemorar el 50 aniversario de la llegada del primer F-86 a la Base Aérea de Morón. Estábamos invitados todos los pilotos que habíamos volado ese modelo de avión, pero en el último momento los organizadores nos pusieron el veto a dos de los pilotos, antiguos miembros de la Unión Militar Democrática, por haber aceptado una condecoración del ”oportunista Gobierno Socialista”.

La misiva fue de este tenor literal:

“Hola Domínguez.

El organizador del evento Sabres de Morón me ha encargado que te diga que no te invitan a la reunión.

Los recientes hechos muy aireados por el oportunista Gobierno Socialista sobre la imposición de la Medalla Militar a algunos miembros de la UMD, además calificándoos de valientes; me imagino que sabrás que ha indignado a las Fuerzas Armadas.

Cada caso en particular ahora tiene que apencar con lo que significa haberla aceptado.

Como esta reunión de Morón se pretende que sea informal, relajada y distendida, y como ya todos tienen muy claros los conceptos de Lealtad y Valentía, que no coinciden con los del Gobierno y con los que habéis recibido esa distinción; y para que no haya conflictos, la mayoría ha preferido que no vayas.

La cantidad de dinero que has enviado se te devolverá.”

Solicitado amparo a la autoridad competente, el Coronel de la Base Aérea de Morón decidió que si no participaban todos los pilotos no se celebraría el acto. Los organizadores se negaron a aceptar a los dos pilotos y no se celebró el evento.

Dada la similitud de hechos, motivos y personas afectadas entre lo sucedido en la Base de Morón en 2010 y lo que pretendían o incluso pretenden los franquistas que suceda en octubre de 2023 en la Base de San Javier, la solución correcta sería que no se celebrase el acto y si se celebra que sea con todos los componentes de la XIX promoción, sin discriminación ideológica alguna. La Ministra de Defensa, el JEMAD y el Coronel de San Javier ya están alertados del intento discriminatorio. Estaremos atentos a lo que suceda para actuar en consecuencia.

Termino el artículo con una frase similar a la de los dos anteriores sobre el mismo tema: la extrema derecha se prodiga desafiante con inquietante frecuencia e impunidad y es necesario que las instituciones democráticas reaccionen con contundencia.

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