Plan Zelenski

Publicado en nuevatribuna.es

No parece que el Plan (de Paz) Zelenski sea una propuesta practicable. Como tampoco lo es la contrapropuesta rusa

 

Durante los pasados 15 y 16 de junio, se ha celebrado, en la localidad suiza de Bürgenstock, a petición y solicitud de Ucrania, una cumbre de alto nivel de 92 países para analizar y, en su caso, proponer la implantación de la Fórmula de Paz de diez puntos presentada por el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la cumbre del G20 celebrada en Bali (Indonesia) el 15 de noviembre de 2022, sobre cuyo desarrollo y análisis, ya se han celebrado, desde entonces, cuatro reuniones internacionales de más bajo nivel.

Los diez puntos de este Plan de Paz del presidente Zelenski presentado en Bali pueden condensarse en cuatro exigencias básicas: restauración de la integridad territorial de Ucrania, retirada total y completa de las tropas rusas del territorio ucraniano, creación de un Tribunal Internacional Especial para el enjuiciamiento de los crímenes de la agresión rusa e ingreso de Ucrania en la arquitectura de seguridad euroatlántica; conseguidas las cuales, todas las demás exigencias del Plan serían de fácil y no conflictiva implantación.

Pero hay que tener en cuenta que este Plan se presentó en noviembre de 2022, es decir, en los momentos en que las expectativas ucranianas de llegar a poder repeler la invasión rusa estaban en su momento más favorable, tras hacer fracasar la operación relámpago rusa (operación militar especial) para la toma rápida y decisiva de Kiev en febrero/marzo de 2022 y recuperar la iniciativa con los puntos culminantes de las exitosas ofensivas de recuperación de las áreas de Járkov (septiembre de 2022) y Jerson (octubre de 2022).

Una situación actual de desesperanza que también se revela en el ámbito internacional, donde la OTAN+, principal y cada vez más única sustentadora de la causa ucraniana, se ve cada vez más aislada y menos aceptada como el gendarme de las relaciones internacionales con capacidad, manu oeconomica o manu militari, para imponer sus propias reglas del juego, su “orden basado en (sus) normas y (sus) valores”.

Algo que se ha podido apreciar en la preparación, desarrollo y resultado final de la cumbre de Bürgenstock.

Para empezar, Rusia, a la que se había marginado de la cumbre y sabiendo que el curso de la guerra sobre el terreno se está inclinando a su favor, decidió jugar fuerte y justo el día antes, 14 de junio, de que comenzara la cumbre de Bürgenstock, lanzó, por boca de su más alta instancia, el presidente Putin, una sintética alternativa de paz de dos puntos: retirada ucraniana total de los oblasti de Luhansk, Donetsk, Jerson y Zaporiyia (es decir, del actual territorio en estos momentos en manos rusas más las porciones de estos oblasti aún en manos ucranianas) y renuncia formal de Ucrania a ingresar en la OTAN.

En segundo lugar, China, que había sido invitada a participar en la cumbre, declinó asistir, ante la ausencia de Rusia en la misma, dando a entender que no apoyaría ninguna solución que no contase con la aquiescencia de ésta.

Trece de los 92 participantes no firmaron el comunicado final de la cumbre, entre ellos Brasil, India y Sudáfrica

Efectivamente, trece de los noventa y dos participantes (se enviaron ciento sesenta invitaciones a Estados y organizaciones multinacionales) renunciaron a firmar el comunicado final de la cumbre. Entre ellos encontramos, en primer lugar a Brasil, India y Sudáfrica, que con los ausentes Rusia y China, constituyen el núcleo original de los BRICS, pero también Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, más recientemente incorporados a dicho grupo (BRICS+), el heterogéneo grupo de países que, con ciertas posibilidades de conseguirlo, han decidido plantar cara por vías políticas, económicas e ideológicas pacíficas a la hegemonía del llamado mundo occidental (OTAN+) encabezado por Estados Unidos en las tres últimas décadas.

En otro sentido, podemos encontrar también una buena representación de países árabo-musulmanes: los ya citados Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, pero asimismo Indonesia, Baréin, Irak, Indonesia, Jordania, Libia, Mauritania y Tailandia (Liga Árabe, Organización de Cooperación Islámica) y latinoamericanos: Brasil y México, los dos “grandes” del área.

Es decir, contando a los ausentes China y Rusia, los dos tercios aproximadamente de la población del mundo y de los territorios del globo, pero también, al menos, la mitad de la economía mundial medida por cualquiera de los parámetros habitualmente usados para ello.

No parece que el Plan (de Paz) Zelenski sea una propuesta practicable. Como tampoco lo es la contrapropuesta rusa

Habría que recuperar, si todavía es posible, el espíritu (y el formato) de los Acuerdos de Estambul de marzo de 2022 (Iniciativa del mar Negro y Memorándum Rusia-ONU sobre cereales ucranianos y exportaciones rusas) alcanzados directamente por las propias Rusia y Ucrania viéndose las caras en la mesa de negociones bajo mediación turca y de la ONU.

Pretender que una potencia como Rusia acepte un plan de paz que en la práctica implicaría admitir que ha perdido la guerra y que no sólo no va a conseguir los objetivos por los que la desencadeno sino que, ítem más, sin siquiera participar en su elaboración, discusión y negociación parece una ingenuidad, salvo que sea una ingenuidad calculada e intencionada, como un medio más de ese tipo de guerra, al parecer tan de moda -como si no hubiera existido siempre a través de diferentes modalidades y con diferentes tipos de medios- de la Guerra Híbrida, hasta no hace mucho conocida como propaganda de guerra. De esa guerra entre el en declive Occidente (OTAN+) y los emergentes BRICS+ y Sur Global.