No, no, como militar, no trago

Represión en Chile.

Represión en Chile.

Un par de titulares de prensa me han sorprendido estos últimos días: “El presidente Trump aprueba indultos a militares por casos de crímenes de guerra” y “La nueva presidenta autoproclamada de Bolivia, Jeanine Áñez, aprueba un decreto que exime a las fuerzas de seguridad de responsabilidad penal”.

En el primer caso, del que se han beneficiado tres oficiales, la justificación del presidente Trump no puede ser más original: “¡Entrenamos a nuestros chicos para ser máquinas de matar y luego les procesamos cuando matan!”. En el segundo, la medida se toma en pleno contexto de importantes protestas sociales y grave crisis política que ya han provocado 23 muertos y 115 heridos por disparos de la Policía y las Fuerzas Armadas (en el momento de escribir estas líneas). En el primer caso, mientras “altos cargos del Ejército [de los Estados Unidos], habían tratado de hacer cambiar de parecer al mandatario”. En el segundo, mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advertía que “el grave decreto de Bolivia desconoce los estándares internacionales de los derechos humanos y por su estilo estimula la represión violenta”.

Cualquier actuación militar o policial exige contención. Contención que hay que aprender y que los militares y policías aprendemos a través de la formación profesional

A ver si lo he entendido. Las autoridades políticas son las responsables, porque son las que deciden, si los militares tienen que ir a hacer la guerra a otro país y si los policías y/o los militares tienen que contener y, en su caso, reprimir las manifestaciones, disturbios y algaradas callejeras que se produzcan. Como son los dirigentes políticos, formales o informales, desde puestos institucionales o de la oposición, los responsables, porque son los que deciden, por ambición o por omisión de sus supuestos deberes, los que organizan y promueven, o se ven enfrentados a ellas, dichas manifestaciones, disturbios y algaradas callejeras. Aunque son los policías y los militares los que se ven abocados a enfrentarse a las tensas situaciones que los combates, las operaciones de seguridad y el mantenimiento del orden público implican.

Tensión derivada de que puede perderse la vida o ser herido incluso de gravedad, pero también del mero hecho del enfrentamiento (excitación, adrenalina, etc.) y del propio respeto humano a hacer daño a quien la mayoría de las veces ni siquiera se conoce. Tensión vital que, sin restricciones, inevitablemente predispone a mayor contundencia, a mayor violencia, a mayor dureza.

Razón por la cual, cualquier actuación militar o policial exige contención. Contención que hay que aprender y que los militares y policías aprendemos a través de la formación profesional: la instrucción (aparentemente repetitiva muchas veces, pero inevitable), el adiestramiento y la disciplina. Capacidad y tendencia a la contención de la que también forman parte las posibles penalizaciones por conductas antirreglamentarias, inapropiadas o desmesuradas.

Por ello, para que los políticos no puedan convertir, en su propio beneficio, a los militares y a los policías en bárbaros salvajes en vez de en profesionales, es, por lo que, como militar y después de cuarenta y siete años de servicio, no, no trago con el tipo de medidas como las descritas al inicio de estas líneas. No, no trago con que no se instruya y forme a todos mis compañeros, de todos los países y sociedades del mundo y de todas las graduaciones y edades, en la contención; no, no trago con que se les facilite la desmesura; no, no trago con que se “les entrene para ser máquinas de matar (o peor aún, máquinas de mandar matar), como parece ser la idea del presidente Trump, y, mucho menos, para que puedan hacerlo sin responsabilidades penales en caso de actuaciones antirreglamentarias o ilegales según el derecho penal común o el derecho internacional humanitario.

Que no quieran engañarnos, porque aun aceptando (y es mucho aceptar) que, a más libertad de acción, mejores resultados, estos mejores resultados lo serían para ellos, para quien levanta las restricciones debilitando la capacidad y la tendencia a la contención, no para quien en el “ardor” del combate llega hasta donde le permiten, que después del “combate” vuelve a su casa a seguir cobrando lo mismo y en el mismo puesto. No, no trago con que estos tipos de medidas sean prebendas concedidas a los policías y militares, son salidas por la tangente de la ineptitud política. Son abusos de autoridad de quienes teniendo el privilegio de tener a sus órdenes fuerzas disciplinadas, no saben utilizarlo, sino mal utilizarlas.


Enrique Vega Fernández | Coronel de Infantería (retirado) | Firmante del manifiesto contra el franquismo en las Fuerzas Armadas