Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Me acojo a mi derecho de interpretar lo que me gusta como quiero. No soy filólogo ni crítico literario, así que mi opinión será muy poco más que una estela en la mar. Por eso pienso que, contra lo que se dice habitualmente, en este maravilloso texto de don Antonio Machado, tan empleado para justificar la existencia de las dos Españas, casi siempre izquierda y derecha, hay tres Españas en este poema (las dos Españas aparecen en El mañana efímero): la que intenta nacer, la que muere y la que bosteza. Y lo que hace este poema es justamente avisar al naciente que quiere vivir y empieza con la tarea, de que una de las otras dos Españas, la que muere y la que bosteza, le helará el corazón.
Pero, ¿cuáles son estas otras dos Españas, la que muere y la que bosteza? ¿A quiénes representan? Y sobre todo, ¿qué tienen que ver con milicia y sociedad civil? Pido algo de calma y un poco de paciencia. Un lujo en estos días de atropellada IA y TikToks de 10 segundos. Sobre la primera de las dos preguntas, posiblemente la respuesta nos la dé el propio don Antonio en El Pasado Efímero y en El Mañana efímero, en el que sí se mencionan las dos Españas. En el primer poema citado describe a un hombre de casino provinciano del que dice que es “una fruta vana de aquella España que nació y no ha sido”. En el segundo poema, Machado da alguna pista más:
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
Y contrapone esta España inferior con
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza…
Esta segunda España va teniendo cada vez menos fuerza, ahogada en parte por los bostezos y oraciones de la España que ora y embiste y solamente usa su cabeza cuando embiste con ella. La España que muere alumbra un mañana vacío. Don Antonio sólo erró en el pronóstico: “… y ¡por ventura! pasajero…” Porque esa España que se resiste a morir lleva demasiado tiempo de agonía, y además parece que reverdece, con una presencia cada vez mayor en la judicatura, en las Fuerzas Armadas y en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con contagio evidente en la sociedad civil debidamente desinformada por los “medios de información serios”. Son así considerados incluso los que hablan de ovnis y misteriosas apariciones fantasmagóricas. Si hacemos caso a Gramsci, este tiempo de agonía de lo viejo que muere genera monstruos o, para ser más exactos, “síntomas mórbidos”, entre los que se señalan la violencia, el fanatismo y el autoritarismo. Justo lo que parece rebrotar en España en los últimos años.
En las FAS se dan con demasiada frecuencia esos “síntomas mórbidos”. Un teniente coronel clamando por la violencia y el autoritarismo en un foro público dependiente de una asociación denominada “Centro cultural de los Ejércitos”. En ese discurso hay de todo salvo cultura. Y sí llamadas a esa España que se resiste a morir (metafórica e ideológicamente) que alumbra varones amantes de sagradas tradiciones. La que considera que España es patrimonio y coto privado de sólo una parte de los españoles. Parte cada vez más pequeña, porque en ella no caben ni rojos, ni homosexuales, ni feministas, ni catalanes, ni vascos, ni otros nacionalistas que no sean los de España, ni, por supuesto, inmigrantes aunque estén cuidando de los progenitores de muchos de esos españoles de bien, o recogiendo sus cosechas a 3 euros la hora. El resto (como mínimo 26 millones fusilables según otro enardecido militar de esa España que ora y embiste) para esa España no somos españoles.
Otro síntoma mórbido con dolorosas y brutales consecuencias: el despliegue del ejército en Ceuta en misiones de policía. Un error de libro. Eso sólo es adecuado en las dictaduras que oran y embisten, en las que cualquiera con uniforme tiene razón siempre. En una democracia, las actuaciones de orden público deben ajustarse a unos protocolos. Y así nos encontramos con militares que usan un spray de gas pimienta sobre menores migrantes sin motivo alguno. O militares, especialmente regulares y legionarios, dos de los cuerpos más cercanos a esa España que ora y embiste, que golpean y vejan a migrantes. O los apalean sin más.
Tampoco las FFCCSE están exentas de síntomas mórbidos. Ni sus protocolos de actuación. El antidisturbios que empujó brutalmente por detrás y sin aviso a una profesora jubilada en Valencia asegura que simplemente la apartó cumpliendo el protocolo. La aplicación del protocolo la refrendan sus conmilitones y superiores, porque otros agentes actuaron de forma totalmente distinta, “en contra de los protocolos” según afirman el “empujador” y su superior directo.
No se aprecia la aplicación de ese protocolo a quienes protagonizaron un ataque salvaje a un vehículo de una diputada en Ceuta, o a quienes se manifiestan por todo el país con insultos y amenazas luciendo banderas preconstitucionales, sin que merezcan siquiera una reconvención. O el cariño con que tratan a ciertos propagandistas de ultraderecha. O la dulzura para quienes se manifiestan brazo en alto y mano extendida con una inclinación de 45 grados frente a sedes de instituciones del Estado. O no están disponibles cuando una turba de esa “España inferior que ora y embiste” rodea y agrede a un periodista, aunque esa agresión pueda ser calificada como delito.
La España que quiere “vivir y a vivir empieza” vuelve a la Puerta del Sol de Madrid. Esta vez para reivindicar el derecho a la vivienda, tras la flagrante vulneración de ese derecho en la persona de Mari Carmen Abascal. Ni siquiera ha servido la coincidencia de apellido con uno de los líderes de la España que ora y embiste. Un vocero de esa España publica en su titular “De la manifestación a la acampada: así ha quedado la Puerta del Sol tras la protesta por Maricarmen”. Una lectura descuidada da a entender que la concentración/acampada ha concluido y que el céntrico espacio madrileño no ha quedado muy bien parado. Ninguna de estas interpretaciones se ajusta a la realidad. Y tampoco puede decirse que el vocero señalado diga nada de eso o en ese sentido. Pero la elección de las palabras de un titular no es un asunto menor. Sería más bien un asunto mayor al decir de otro de los representantes de esa España a la que usted se refiere. O yo me refiero. Perdón, me lío con y me ciega la brillante dialéctica de la España que “ora y embiste”.
Las FAS y FFCCSE nacen de la sociedad civil. Adquieren su razón de ser por y para la defensa de TODA la sociedad civil y son depositarias de la violencia institucional por cesión de la misma en un contrato social con la sociedad civil porque su sueldo y las condiciones de su trabajo nacen de los impuestos y las leyes que rigen para todos los españoles, no sólo para aquellos con visión patrimonialista de España, esos que configuran la España inferior, zaragatera y triste. Ansiosos por cierto de reducir impuestos y gastos tales como los sueldos de funcionarios y las pensiones.
En una cosa sí estoy de acuerdo con el teniente coronel filogolpista: la Constitución necesita un zarandeo importante. Empezando por quitar el malhadado artículo 8 y enseñando en las academias militares el contenido del artículo 9: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.”. Grabándoselo a fuego si es necesario, y retirando junto con el artículo 8 a cuantos militares no estén dispuestos a cumplir este mandato.
Se me podrá acusar de haber olvidado la tercera pata de las tres que mencionaba en el primer párrafo de esta reflexión: tan centrado en la España quizá moribunda por más que reviva al efluvio de sus valores en todo el mundo. He dejado de lado la que bosteza. Esa a la que todo le da lo mismo, o parece darle lo mismo. Esa España tibia, denostada incluso en el Apocalipsis 3:16 “Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca.” Vale para la España que bosteza.
Pero el poema establece que la España que ora y bosteza es concomitante con la que ora y embiste. A la España que bosteza le da todo lo mismo hasta que ve peligrar en primera persona, o la convencen de que peligra de algún modo, su acomodo bostezante. Entonces clama junto con los que oran y embisten. Al fin y al cabo, ambos oran. Suelen tirar con bastante facilidad del comodín del ejército, como si la violencia y el golpismo solucionaran el problema. Pueden enterrarlo, pararlo, incluso aparentar que desaparece. Pero lo que se consigue con violencia acaba volviendo a su ser, el problema vuelve y a veces con más virulencia. Claro que al bostezante eso le da lo mismo. Mientras el aquí y ahora, los 10 segundos de TikTok, se “arreglen” no le importan las consecuencias. Estos bostezantes son los que platican al fondo de la botica en el Poema de Un Día de Don Antonio:
Yo no sé,
don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.
Tras estos tiempos vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán.
Así es la vida, don Juan.
Es verdad, así es la vida.
Una vida sin sobresaltos, acomodada a “lo de siempre”, aunque muchos de ellos nunca vivieron ni supieron qué era “lo de siempre”. En mis lejanos tiempos mozos se les llamaba “la mayoría silenciosa”. Y era verdad. Guardaban silencio ante todo tipo de desmanes mientras no les perjudicaran a ellos en primera persona.
El teniente coronel orador y embestidor no sufrirá sanción alguna. Bostezantes (y tal vez orantes) miembros del Gobierno han permitido que oradores y embestidores se hagan con los mandos de la Play nacional, y ahora, parafraseando a Niemöller, no queda nadie que haga callar a los oradores que embisten ni que hable por quienes quieren nacer y a vivir empiezan. Si acaso alguna vocecita distante y aplastada por la desidia ante el acoso judicial de los bostezantes del Gobierno. Que sólo han despertado cuando han ido por ellos los que oran y embisten. En primerísima persona.
PS.- Mandado este artículo a publicación, la «España que quiere vivir y a vivir empieza» ha tomado la Puerta del Sol de Madrid reivindicando justicia ante el sindiós de la vivienda. Hay esperanza.

Periodista y Abogado. Miembro del FMD.
