La segunda traición al pueblo saharaui

A mediados de octubre de 1975, nada más conocerse la enfermedad de Franco, sucedieron dos hechos relevantes. Por un lado Juan Carlos, previendo que iba a acceder de nuevo a la Jefatura del Estado de forma provisional, como ya había sucedido en 1974, puso como condición a los poderes fácticos que para aceptar la Jefatura del Estado no abandonaría el puesto aunque Franco se recuperase. Por otro lado, Hassan II pactó con Juan Carlos, EE.UU y Francia la invasión del Sáhara mediante la Marcha Verde. Con la adopción de estos dos acuerdos, entre otros, el 30 de octubre de 1975 Juan Carlos aceptó ser nombrado Jefe del Estado.

Entre las fuerzas sondeadas por Juan Carlos para mantenerse de forma definitiva en la Jefatura del Estado en vida de Franco estuvo la Unión Militar Democrática (UMD), a la que no dio tiempo a contestar porque Franco murió antes de emitir la respuesta. Lógicamente, si Juan Carlos buscó el apoyo de la UMD, una fuerza insignificante ante la abrumadora implantación del franquismo en las fuerza armadas, también lo hizo con los poderes fácticos, entre otros con el Departamento de Estado USA que entonces estaba dirigido por Henry Kissinger, que le puso entre otras condiciones a Juan Carlos que no se crease un Estado independiente en el Sáhara.

Pactada con Marruecos en octubre la entrega del Sáhara, Juan Carlos viajó a El Aaiún el 2 de noviembre de 1975 y dijo: “Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen. A todos un abrazo y un saludo con el mayor afecto, ya que quiero ser el primer soldado de España“. La Marcha Verde atravesó la frontera del Sáhara el 6 de noviembre de 1975, cuatro días después de que Juan Carlos pronunciase esas palabras. Todo estaba ya acordado con Marruecos desde semanas antes.

Supimos de estos pactos gracias a la desclasificación en 2017 de documentos de la CIA. Entre otros hay uno que dice que el 5 de octubre de 1975 Juan Carlos dijo al embajador de EE.UU., Wells Stabller, que “Madrid y Rabat han acordado que los manifestantes sólo entrarán unas pocas millas en el Sáhara español y que permanecerán un corto periodo de tiempo en la frontera, donde ya no hay tropas españolas”.

El capitán de Ingenieros Bernardo Vidal, miembro destacado de la UMD, estaba destinado en el Sáhara en octubre de 1975. Le ordenaron que minase la frontera norte del Sáhara para impedir el paso de la Marcha Verde.

Marruecos, tras el reconocimiento por Trump de la invasión del Sáhara, se creció y comenzó a presionar a las naciones europeas, sobre todo a España y a Alemania, para que reconocieran la invasión del Sáhara recurriendo a todo tipo de chantajes

Coincidiendo con la visita de Juan Carlos al Aaiún, el capitán Vidal recibió la contraorden de desminar un corredor que permitiera el paso de la Marcha Verde, lo que no hubiese sido necesario pues Juan Carlos ya había pactado con Hassan II que la Marcha Verde no llegaría a la zona minada y que permanecería de forma simbólica solo unos días en la parte sur de la frontera, al norte de la zona minada. No era recomendable que los marroquíes entraran en el Sáhara todavía porque sin duda les atacaría el Polisario y estando presente el Ejército español pondría en un brete a las tropas, mayoritariamente partidarias de no entregar el Sáhara a Marruecos.

En cumplimiento de los pactos adoptados en octubre de 1975, los gobiernos español, marroquí y mauritano firmaron el 14 de noviembre de 1975 el Acuerdo Tripartito de Madrid por el cual Marruecos se quedaba con la parte norte del Sáhara, y Mauritania con la parte sur. Este acuerdo no tiene validez legal alguna, ni ha sido reconocido internacionalmente pues la única norma vigente es el mandato de la ONU de celebrar un referéndum en el Sáhara.

Ante el temor a sufrir represalias de los ejércitos marroquí y mauritano, gran parte de la población saharaui huyó hacia Tinduf, hostigada por los marroquíes, que llegaron a bombardearles con napalm los días 18, 22 y 23 de febrero de 1976, estando todavía presente la administración española que miró para otro lado. España abandonó el territorio el 26 de febrero de 1976. Al día siguiente, el 27 de febrero, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática y declaró la guerra a Marruecos y Mauritania. El nuevo Estado fue reconocido por 84 países.

Derrotada Mauritania por el Polisario, abandonó el sur del Sáhara en 1979, circunstancia que fue aprovechada por Marruecos para invadir también esta parte del Sáhara. Marruecos tiene como único documento para ocupar el norte del Sáhara el Acuerdo Tripartito de 1975 que no tiene validez legal alguna. Para ocupar la parte sur del Sáhara solo tiene el apoyo de la fuerza.

En 1992, el Polisario y Marruecos firmaron un alto el fuego sobre la base de aceptar ambas partes la celebración de un referéndum de autodeterminación. En 2007 Marruecos abandonó esa idea proponiendo una autonomía para el Sáhara controlada por ellos, a lo que se niega el Polisario.

En el año 2020, Marruecos atacó el paso fronterizo de Guerguerat, rompiendo así el alto el fuego y volviendo a la guerra otra vez. En los medios españoles, muy influenciados por el lobby marroquí, esta guerra no existe. Sin embargo la realidad es otra, Marruecos mantiene en la zona a 100.000 soldados defendiendo el muro de más de 2.000 kilómetros, el más largo del mundo después de la muralla China, que divide el Sáhara en dos, de norte a sur.

Es tal la influencia del lobby marroquí en España que incluso la semana pasada en El Intermedio, el programa del Gran Wyoming, han emitido la versión marroquí de los hechos, consistente en que la crisis actual con Marruecos se debió a la hospitalización de Ghali en Logroño y que la invasión de Ceuta fue porque Marruecos permitió acceder a valla a los emigrantes.

La realidad de los hechos es que Marruecos, tras el reconocimiento por Trump de la invasión del Sáhara, se creció y comenzó a presionar a las naciones europeas, sobre todo a España y a Alemania, para que reconocieran la invasión del Sáhara recurriendo a todo tipo de chantajes. Durante esas presiones surgió la hospitalización de Ghali que fue aprovechada por Marruecos para deformar los hechos responsabilizando a la entrada de Ghali de la crisis y manipulando a la prensa española e incluso a algunos jueces, según reciente información del CNI. Tal es la implantación del lobby marroquí en España.

En cuanto a los sucesos de Ceuta, Marruecos no se limitó a abrir la frontera, como dice Wyoming. Semanas antes se planificó desde Rabat la invasión reclutando a menores y organizando la logística para invadir Ceuta, al tiempo que lanzaban desde las costas del Sáhara a una infinidad de pateras para ocupar Canarias, lo que motivó la saturación del archipiélago donde no tenían espacio para albergar a tanto inmigrante marroquí y tuvieron que recurrir a los hoteles del sur de las islas.

Ante estos hechos el Gobierno español cedió al chantaje marroquí, destituyó a Arancha González Laya y nombró a Albares como Ministro de Exteriores con la misión de que traicionara por segunda vez a los saharauis adoptando las tesis marroquíes.

Los protagonistas de estos hechos, similares a los de 1975, no parecen ser conscientes de que van a pasar a la historia junto a Juan Carlos I, como los autores de la segunda traición al pueblo saharaui.

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