La placenta

 

El golpe del 23F no fue una chapuza improvisada… sino un “golpe de autor”, una operación diseñada hasta el último detalle por el CESID () cuya finalidad no consistía en destruir la democracia sino en recortarla o cambiar su rumbo… apartando a Adolfo Suárez de la presidencia…”

Anatomía de un instante. Javier Cercas (1962-   )

 

Este texto corresponde a la segunda parte del artículo: ¿Por qué la ideología de extrema derecha, y no la democracia, se impone en las Fuerzas Armadas?

Es, sin duda, una pregunta que nos interpela, y nos estimula a profundizar en sus causas y posibles soluciones.

Veamos.

El sustrato ideológico de las Fuerzas Armadas españolas, de hoy y de nuestra historia reciente, sigue siendo el franquismo. Su referente fundamental, el general Franco; siendo la constitución monárquica del 78 su legitimación, a la vez que placenta de la ideología posfranquista en las Fuerzas Armadas, es decir del golpe que no cesa.

Se trata de una afirmación seria, por cuanto señala la incapacidad intrínseca del régimen vigente para neutralizar la creciente amenaza del franquismo militar, pues forma parte de su propia esencia.

La llamada Transición se materializó como una simbiosis entre la burocracia político-militar de la dictadura y los partidos legalizados tras la muerte de Franco, que aspiraban a gobernar.

La historia reciente del ejército español se remonta al fallido golpe militar del 18 de julio del 36, que derivó en la guerra civil. Tras cuarenta años de dictadura militar, su reforma marcó indeleblemente el proceso de cambio, y, por tanto, la constitución del 78, cuyo 45º aniversario se acaba de celebrar con banda de cornetas y tambores, incluido desfile militar y todo.

Desfile militar frente al Congreso de los Diputados presidido por su capitán general, el rey Felipe VI, cuya dinastía reina porque así lo dispuso el genocida Franco -apoyado por su aliado principal, los USA- y no por el presidente de España, como sería lo legítimo, pues éste lo es por decisión mayoritaria del Congreso, sede de la soberanía popular.

En la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, decretada en 1947, Franco instauró una monarquía de nuevo cuño, fundamentada en su persona, no decidiendo sin embargo su heredero a título de rey, dejando su designación pendiente de un futuro incierto.

En 1969, veintidós años después, saltándose el orden dinástico, el dictador decidió quién habría de ser su sucesor.  Lo hizo contra toda lógica dinástica, nombrando heredero directo a su pupilo Juan Carlos de Borbón, educado a sus pechos en las academias militares, con el propósito de catapultarlo a la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas. Es decir, liquidaba de este modo la pretendida cadena de legitimidad monárquica, instaurando un nuevo orden de legitimidad franquista, que emanaba de su persona.

Las Fuerzas Armadas se mantuvieron prácticamente monolíticas desde el final de la guerra, fieles a Franco;  hasta un 29 de julio de 1975, en que comienzan a caer en Pontevedra y Madrid varios dirigentes de la Unión Militar Democrática (UMD), una organización clandestina de militares demócratas. Entre ellos, el entonces comandante Luis Otero y el capitán Fernando Reinlein, en Madrid, y el capitán Xosé Fortes -padre de la escritora Susana Fortes y del periodista Xavier Fortes- en Pontevedra.

Fue un aldabonazo en la conciencia de la humanidad.  Se hicieron eco todos los medios nacionales e internacionales. Detenidos un comandante y ocho capitanes. Ese fue el titular de los principales medios.

El 15 de junio de 1977 se celebran las primeras elecciones generales tras la dictadura. Se aprueba la Ley de Amnistía, que consolidó la impunidad de los crímenes del franquismo. Los compañeros de la UMD, que todavía continuaban en prisión en 1976, fueron excarcelados, pero, contra toda coherencia democrática, la Amnistía los excluyó, y no fueron entonces reintegrados en el Ejército. Lo que prueba quién mandaba en última instancia y, por tanto, la ilegitimidad del pretendido proceso constituyente y de su tramposa Constitución.

Once años después de su detención y encarcelamiento, el Congreso aprobó en 1986 una norma que borraba la pena accesoria de expulsión del Ejército de los ex miembros de la Unión Militar Democrática (UMD), sin embargo demasiado tarde para que fuese ejemplarizante, si se tiene en cuenta además que no se les permitió solicitar destino, siendo pasados a la reserva o retirados.

El 27 de diciembre de 1977, se condena en consejo de guerra a 7 años de prisión al ex miembro de la UMD, José Ignacio Domínguez, capitán de aviación,  que había regresado del exilio. No entra en prisión, pero queda expulsado del Ejército del Aire por efecto de la Ley de Amnistía de 1977, que excluyó a los condenados por su pertenencia a la UMD.

La Transición se cimentó, pues, sobre la impunidad y autonomía ideológica del ejército de Franco, sobre los cadáveres y el olvido de decenas de miles de asesinados, sobre cientos de miles de represaliados y torturados.

Llega el año 1980 cargado de amenazas, entre atentados de ETA y soflamas de la extrema derecha militar. Se inicia entonces una feroz persecución política contra Adolfo Suárez, instigada por el rey Juan Carlos, que conspira abiertamente contra el presidente del gobierno electo, a fin de destituirlo por las bravas, pues éste no se avenía a sus dictados, que condicionaban su acción de gobierno.

La preparación del frustrado golpe de los generales Armada y Milans del Bosch del 23 de febrero de 1981, inducido por el Rey, fue otra fecha clave en el devenir de las Fuerzas Armadas. Tuvo un fuerte impacto en la consolidación de la ideología franquista en el seno del Ejército, así como en su autonomía respecto al poder político.

 

Fin de la segunda parte. Continuará.

Manuel Ruiz Robles, portavoz de “Militares Contra La Guerra”.