La Gran Putana

La Gran Putana. Así llamaban a Roma, la Iglesia dominante en el orbe católico, donde se practicaba la corrupción en sus más agudas manifestaciones: venta de puestos en la administración, compra de favores, aplicación desigual de los preceptos según a quien, interpretación a gusto del consumidor de la doctrina de la Iglesia, por no hablar de sexo prohibido de las jerarquías a troche y moche, pedofilia, asesinatos en diferentes modalidades… en fín, que se ganó a pulso el calificativo. Allí todo se vendía, todo se compraba.

Aquí en Madrid se persigue hoy la prostitución callejera, pero se practica la institucional y se vende, – manda huevos, recordando una vez más al ex ministrillo– como un logro, un éxito y un paraíso del ocio con más que discutibles miles de puestos de trabajo en el horizonte. Le dicen Eurovegas. Un horizonte con una inversión que, además, el amigo americano no va a financiar más que una pequeña parte. El resto, entidades financieras españolas. Es decir, los ciudadanos.

El sitio es probable que sea estupendo y si alguien tenía dudas, a mi personalmente, me las ha quitado Rouco Valera cuando ha criticado la operación por se puede estar construyendo una ciudad del pecado. Pues eso, mire usted, no estaría nada mal.

Claro que, a cambio de la llegada de ese nuevo “El dorado” que no hay que buscar, sino que viene solito de norteamérica, hay que cambiar las leyes, la relaciones empresa trabajador y otras lindezas. Es decir, Madrid – no los madrileños, sólo sus dirigentes/as-se tiene que vender, se tiene que prostituir y como diría un castizo, y encima de putas, deben poner la cama.