La bandeja está grabada

Este artículo fue publicado en su día en la antigua web del FMD

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, a propuesta del ministro de Defensa, José Bono, decidió el pasado día 30 de julio diferentes ascensos y destinos para generales. Entre ellos, el ascenso a teniente general, máximo empleo en el seno de los ejércitos, del general de División Joaquín Tamarit También decretó su nombramiento como segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército. La decisión de José Bono ha sido tomada con todos los datos en la mano. Es su privilegio y ha ejercido la “acción de mando” según su criterio.

Pero ese nombramiento y ascenso encierra mucha más miga de la que imaginarse el lector pueda. Por la mayoría de esa miga, de la que mucho podría decirse, pasaremos casi por encima. No se trata, ni mucho menos, de desprestigiar o poner en duda la carrera profesional de este hombre y sus virtudes – profesionales tiene muchas – o defectos para alcanzar ese puesto. No es eso.

Pasaremos por alto su participación en el 23 – F, a las ordenes de su jefe, el entonces comandante Pardo Zancada, en la División Acorazada Brunete número 1. Tamarit era el segundo jefe de la sección de Estado Mayor que mandaba Pardo quien organizó el operativo para la toma de Madrid por las unidades de la Brunete.

Pasaremos por alto también que, según cuenta Pardo en su libro, Tamarit le ayudó en los preparativos del golpe e incluso le animó a hacerlo con entusiasmo. No haremos referencia, tampoco, al interrogatorio que sufrió el capitán José Moiño Campos en el que intervino Tamarirt, acusado el primero de traidor por no ser partidario de veleidades golpistas. Por supuesto que Moiño se quedó en coronel y que Tamarit llegó a general.

No nos referiremos tampoco al hecho de que quien tomara el teléfono para llamar al coronel Ignacio San Martín, jefe de Estado Mayor de la División Acorazada, para comunicarle que el golpe estaba en marcha y que debía volver al mando de la División era el capitán Tamarit. El mensaje llegó puntual y con la contraseña previamente acordada: “La bandeja está grabada”.

No. En nada de esto hay que hacer hincapié. Ni siquiera en la declaración que Tamarit realizó ante el juez ni en la situación que dejó a su jefe con el que había organizado toda aquel ataque a la libertad de sus conciudadanos, cuando éste decidió acudir al Congreso en ayuda de Tejero. Todo eso, además, lo conocía el ministro que ha actuado con sus luces.

Hay que llamar la atención sobre otra cosa. Sobre la forma, el hecho y el momento – en verano y a Congreso cerrado – elegidos por el Gobierno del PSOE en el poder para que este ascenso se lleve a cabo y el mensaje que supone para las nuevas generaciones de oficiales del Ejército español

Los oficiales miran a sus altos mandos con admiración por su trayectoria y aspiran a emularles y alcanzar los mismos niveles que ellos alcanzaron. Pues bien: a las mismas horas en el que capitán Tamarirt era protagonista de todo eso a lo que no vamos a referirnos, otro capitán, el capitán Miguel Gervás Camacho, estaba en esa misma unidad arrestado, detenido en un patio y vigilado por los servidores de dos ametralladoras medias. Algunos compañeros iban a saludarle y le amenazaban con matarle y decir que se había suicidado. Ninguno ni ningún mando fue arrestado y mucho menos procesado.

El delito de Gervás fue apostar por la libertad y estar contra la intervención de los militares. El capitán Gervás Camacho tuvo que dejar el Ejército. Durante la transición, los oficiales que se manifestaron a favor de la democracia fueron perseguidos y marginados para el ascenso, estando en el poder gobiernos del centro y de la izquierda. Pero entonces, al principio al menos, a los gobernantes les quedaba la coartada – vergonzosa, pero coartada al fin – del “ruido de sables”. Hoy no hay ruidos de ninguna clase.

Pues bien, joven oficial que hoy estás en las filas de los ejércitos, espero que nunca te encuentres en la tesitura de tener que moverte por la libertad de tus compatriotas. Pero si así fuere, quédate quieto si quieres llegar a general. Y si eres de sangre caliente, apuesta por quienes pretendan acabar con esa libertad. Si no triunfas, el precio a pagar no será alto. Incluso te premiarán los que vengan después, amantes de la libertad y defensores a ultranza de la misma, con el ascenso a los máximos niveles y con la gloria.

Porque si, por el contrario, te mueves en contra de los liberticidas que quieren someter de nuevo a tus conciudadanos al aprisco del ordeno y mando, entonces, si te cogen, iras a la cárcel y te echarán del Ejército y, si no te cogen al principio, después te marginarán, los destinos importantes te serán vedados y tus sueños de hacer carrera se borrarán, gobiernen las derechas o las izquierdas. El poder, venga de Dios o de las urnas, no gusta de díscolos.

No obstante, si la libertad de tus conciudadanos está en peligro, tu obligación es defender esa libertad. Aunque luego vengan sus líderes y te posterguen a ti que los defendiste y premien a quienes quisieron arrebatar a su pueblo su soberanía. Las cosas no se hacen pensando en premios ni en medallas, aunque a veces, ciertas actuaciones políticas proporcionen un margen para el desprecio por la cobardía que conllevan. O por la soberbia. En este caso, dejemos las cosas en error.