Hay que golpear donde duele

Publicado en www.nuevatribuna.es

España debería dejar de tener miedo a Marruecos a través del miedo a Estados Unidos (¿y a Israel?).

A la atención de la ciudadanía española:

Uno de los aspectos que está creando más polémica interna española en relación con la crisis hispano-marroquí ocasionada (30 y 31 de julio 2026) por la inesperada entrada de miles de inmigrantes (marroquíes y subsaharianos) procedentes de Marruecos, en la ciudad de Ceuta es cuál ha sido el grado de responsabilidad de Marruecos en esta operación de cruce ilegal de frontera internacional: si estaba al tanto, si la alentó o si la organizó y planeó, o simplemente si fue tan sorprendido como lo fueron las propias autoridades españolas.

Reforzar y modernizar, con personal y medios los posibles puntos de entrada en España, tanto permanentes, como circunstanciales

Creemos que la responsabilidad de Marruecos no radica solamente en si planeó, organizó o colaboró en el «salto”, que es la acusación que ciertas fuerzas políticas españolas sostienen, y que el Gobierno se niega a admitir mientras no haya pruebas fehacientes de ello, porque, independientemente de estas posibles pruebas, la auténtica responsabilidad de las autoridades marroquíes era la de controlar su territorio y que su flujo de salida de él se lleve a cabo de forma ordenada y según las normas y por los lugares reglamentariamente establecidas para ello. No era necesario que hubiera «intencionalidad» para que haya habido «responsabilidad», es suficiente con que haya habido «dejadez de funciones». Y, en ambos casos, la responsabilidad de las autoridades marroquíes es evidente.

Una responsabilidad política, que es la que nos permite interpretar los hechos como un medio de presión de la histórica reivindicación de la marroquinidad de Ceuta (Melilla, los peñones e, incluso, el archipiélago canario) e interpretarla con ese término tan de moda hoy día y de tan amplio campo semántico de la «guerra híbrida».

Ante tal escenario, los firmantes de esta “propuesta”, como miembros del Instituto para el Debate y Análisis de Políticas de Seguridad (IDAPS), planteamos la siguiente serie de posibles medidas a tomar por parte de España.

En primer lugar, reforzar y modernizar (“endurecer”), con personal y medios los posibles puntos de entrada en España, tanto permanentes (puestos fronterizos), como circunstanciales (espigones, playas, lugares de posible desembarco de botes, lanchas o pateras, etc.); así como revisar y actualizar los acuerdos de inmigración hispano-marroquíes en vigor que actualmente puedan existir, enfatizando, en lo posible, la exigencia de colaboración marroquí en el regreso a su territorio de quien lo haya abandonado sin seguir los procedimientos legalmente establecidos.

La guerra híbrida no puede circunscribirse a medidas “tácticas”, deben ser complementadas con otras de mayor amplitud, de carácter estratégico y geopolítico

Reforzando esta exigencia con medidas híbridas relacionadas con el suministro de hidrocarburos o electricidad, con el control sanitario de personas y mercancías o con el apoyo a las bianuales “operaciones retorno”, durante las cuales, en primavera y verano, los emigrantes marroquíes en (principalmente) Europa regresan a Marruecos de vacaciones o regresan a sus lugares de migración tras ellas.

 

Pero la guerra híbrida no puede circunscribirse a estas medidas locales, que podríamos calificar de “tácticas”. Deben ser complementadas con otras de mayor amplitud, de carácter estratégico y geopolítico. Medidas que exigen tomarse de forma progresiva para poder ir midiendo su eficacia y las previsibles reacciones marroquíes. Con «tiempo y paciencia», sin la peligrosa inclinación al «todo ya, aquí y ahora».

Puede incidirse, por ejemplo en la política interna marroquí, a través del apoyo (político, económico e internacional) de sus adversarios internos, como el Frente Polisario (olvidando la malhadada decisión de aceptar la marroquinidad del Sáhara como la fórmula más “seria, realista y creíble” para resolver el conflicto) o los movimientos nacionalistas/independentistas rifeños; y, asimismo, en su política exterior, estableciendo alianzas tácticas puntuales con países como Argelia o Mauritania en situaciones o intereses que resulten comunes a ambos países, aunque no afecten directamente a España.

En este sentido, España debería dejar de tener miedo a Marruecos a través del miedo a Estados Unidos (¿y a Israel?). Hemos sido capaces, con éxito, de hacer frente a la superpotencia en asuntos tan delicados como el gasto en defensa o el uso de las bases de Morón y Rota para la guerra de agresión contra Irán, y a Israel y su enorme capacidad de influencia en muchos países europeos, en relación con su genocidio en Palestina. ¿Nos va a detener la opinión de cualquiera de los dos cuando estamos defendiendo nuestra soberanía y la protección del sector más vulnerable de la humanidad en estos momentos históricos: los emigrantes abandonados de la mano de dios?

 

Hay que golpear donde más duele, porque ahí, en nuestra histórica soberanía, es donde nos están golpeando y donde nos duele. Que ninguna consideración política o diplomática ni ningún agente externo nos impida defendernos … sin tener que recurrir a la guerra “caliente”, de la que siempre, vencedores y vencidos, salen perdiendo.


Francisco Minoves Besoli y Enrique Vega Fernández | Socios del Instituto de Debate y Análisis de Políticas de Seguridad (IDAPS): asociación independiente y apartidista de civiles y militares para el estudio, análisis y debate de asuntos de seguridad, que respeta, sin necesidad de asumirlas, todas las opiniones e ideas, sin pretender identificarse con ninguna en concreto.