Farsa y tragedia

La “normalidad democrática” y el papel del ejército

Las falsedades de algunos generales

Algunos generales monárquicos, de conocido ideario franquista, pontifican sobre lo que es o no es “normalidad democrática”, sobre lo que es o no es motivo de “tutela militar”.

Es evidente que se refieren a circunstancias en las que suponen estaría justificado el referido “poder tutelar”. Se trataría por lo tanto de un golpe militar más o menos encubierto que pondría las cosas en su sitio: es decir como Dios manda.

Para ello reclaman una “libertad de expresión” unilateral, la de ellos: la voz de los generales. Pero se da la circunstancia que no representan a nadie. No son más que altos funcionarios. Eso sí, con la grave responsabilidad de mantenerse disciplinadamente a las órdenes del Gobierno legítimo de España, es decir al servicio del pueblo.

Sin embargo creen poder amedrentar a amplios sectores populares con la amenaza implícita de unas armas que no les pertenecen. Se atreven irresponsablemente a presionar a la soberanía popular con sus insinuaciones intervencionistas. Soberanía popular que de ninguna de las maneras representan ni en modo alguno podrían llegar a representar.

Imperialismo trasatlántico

No estamos ya en los aciagos días del autogolpe monárquico-franquista del 23-F. Un golpe tragicómico fraguado al rebufo del feroz acoso y derribo de un presidente formalmente constitucional.

La conocida farsa ha sido puesta una vez más al descubierto por la veterana periodista Pilar Urbano, próxima al Opus Dei. Lo hizo obviamente como medio de presión sobre el rey Juan Carlos con la evidente finalidad de precipitar su abdicación y “poner a salvo” la corona de Felipe VI. Lo que aún está por ver.

El problema de estos militarotes que reclaman su libertad de expresión -su unilateral libertad de expresión- es que ya no asustan a nadie. Tan solo sirven de pretexto para que farsantes colaboracionistas camuflen, ante sus potenciales electores, políticas guerreras al servicio de la OTAN: el gran brazo armado del imperialismo del siglo XXI.

Pretenden hacernos tragar las “políticas” de un reducido círculo de prepotentes espadones fieles a los poderes dominantes, que NO al pueblo. Para ello se apoyan en una indefinida “normalidad democrática” cuya vara de medir habría de ser la monárquica Constitución de 1978. Una Constitución redactada en circunstancias históricas dramáticas, bajo la irresistible presión de una cúpula militar heredera del golpe militar del 18 de julio de 1936.

Personajes monárquicos nada sospechosos de republicanismo, como el académico Luis María Anson, dan ya por agotada la Constitución del 78.

NO es normalidad democrática

Normalidad democrática NO es el que miles y miles de republicanos, brutalmente asesinados, sigan abandonados cual perros “por los caminos de la España eterna”.

Normalidad democrática NO es el enaltecimiento del franquismo, amigo de la Alemania de Adolf Hitler y después del imperio transatlántico.

Normalidad democrática NO es el que presuntos criminales franquistas, en búsqueda y captura por la Interpol, sean encubiertos por un Régimen que se autoproclama democrático

Normalidad democrática NO es el que más de un millón de niños pasen hambre en España -según Cáritas- arrollados por una ola de miseria. Ola de miseria levantada por la codicia de un capital subordinado al imperialismo transatlántico.

Sí sería normalidad democrática

Normalidad democrática sería el estar amparados por una Constitución republicana en la que los valores “Libertad, Igualdad, Fraternidad” fuesen hechos y no solo palabras.

Normalidad democrática sería que España renunciase a la guerra como instrumento de política nacional.

Normalidad democrática sería que no hubiese bases militares extranjeras en nuestro territorio.

Normalidad democrática sería que los marinos españoles honrásemos a los republicanos españoles, al Igual que los dignos marinos franceses lo hacen en la Base Naval de Brest. (i)

Normalidad democrática sería que el valeroso Teniente Luis Gonzalo Segura no fuese expulsado del Ejército por ejercer su derecho a la libertad de expresión. (ii)

Normalidad democrática sería el poder gritar: ¡NO a la Omertá!

Normalidad democrática sería que nunca más tolerásemos que amenacen nuestras vidas y nuestra libertad, pues están por encima de sus privilegios.

Notas:

(i) Homenaje a los exiliados españoles http://lahistoriaenlamemoria.blogspot.com.es/2014/10/homenaje-los-exiliados-espanoles.html

(ii) Derrota http://blogs.publico.es/un-paso-al-frente/2014/12/03/derrota/