¿España soberana?

 

El pasado 26 de diciembre se celebró el acto en el Ateneo de Madrid “Soberanía de España, república, OTAN”. Dicho evento estuvo organizado y presentado por nuestro compañero Miguel Pastrana, Presidente de la Agrupación Ateneísta “Juan Negrín”, de la que es Presidente de Honor el profesor Pedro García Bilbao; acto en el que tuve el honor de participar, junto a otros ilustres ateneístas.

Como acostumbro, os dejo aquí mi breve intervención, que reitera mi compromiso como activista republicano de izquierda, opuesto a la continuidad de España en la OTAN y a las bases militares extranjeras en nuestro suelo.

 

Buenas tardes, amigas y amigos:

Es un honor para mí compartir con todos ustedes este acto, en el histórico Ateneo de Madrid.

Permítanme que comience con una afirmación aparentemente contradictoria: España no podrá ser soberana en tanto esté sometida a una “monarquía parlamentaria”.

Trataré de probar esta afirmación durante mi breve intervención.

El Artículo 1.2 de la vigente Constitución española dice: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Sin embargo, eso no es totalmente cierto, pues dicha soberanía nacional está limitada por poderes ajenos al pueblo, como lo son el Rey y las Fuerzas Armadas, ya que la Constitución les otorga privilegios que escapan o podrían escapar al control democrático, inaceptable en cualquier otro país de nuestro entorno democrático, como Portugal o Francia.

La soberanía nacional, en última instancia, está limitada por esos poderes ajenos al pueblo, como veremos a continuación, impuestos por los poderes de hecho durante la Transición.

El Artículo 8.1. afirma: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Es evidente que se trata de una peligrosa afirmación, una autentica espada de Damocles que coarta el libre ejercicio de la soberanía popular.

Por si fuese poco, en su Artículo 56 continúa: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia…” y más adelante dice “… la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.

En su Artículo 62, dice además: “Corresponde al rey: …El mando supremo de las Fuerzas Armadas”.

Es decir, el Rey es impune aunque delinca; no se le puede detener, ni investigar, ni procesar, ni condenar; haga lo que haga. Y por si fuera poco detenta el mando supremo de las Fuerzas Armadas, por lo tanto garante “manu militari” del ordenamiento constitucional. Se trata, pues, de un inaceptable butrón golpista.

No es extraño, pues, que Felipe VI, en su mensaje de Navidad, haya hecho mención expresa del lugar que ocupa en la Constitución, es decir de sus prerrogativas medievales, de rancio absolutismo, proyectando una imagen inmovilista y ultraconservadora, llena de tópicos y veladas amenazas.

Por el contrario, no ha hecho la menor mención al genocidio de Palestina a manos de Israel, ni a la implicación de España en la guerra de Ucrania.

Es inaceptable que el Rey siga manteniendo tan exorbitantes y antidemocráticos privilegios, en particular el citado butrón golpista, tan lucrativo para la Familia Real y tan oneroso para el pueblo español.

Nada de esto es de extrañar, pues fue una Constitución otorgada por el último jefe de la dictadura -es decir, el rey Juan Carlos- producto de un pretendido proceso constituyente, nada democrático, derivado de una reforma del franquismo, e intervenido por su aparato represivo, en particular por el Ejército de Franco.

Un falso proceso constituyente; limitado, además, por una ley preconstitucional; la llamada ley de Amnistía de 1977; en realidad una ley de punto final que mantiene impunes los crímenes del franquismo. Ley que excluyó, en ese momento crucial de nuestra historia, a los militares demócratas procesados y condenados por pertenecer a la UMD, blindando de ese modo la ideología franquista en el seno del Ejército. Una Constitución cimentada sobre la impunidad del franquismo, sobre cientos de miles de víctimas mortales, sobre cientos de miles de heridos y torturados.

Vemos, por tanto,  las graves limitaciones que los artículos anteriormente citados imponen a la soberanía nacional, contradiciéndose con su artículo 1.2. en el que dice  “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Afirmación, cuando menos, cínica.

Además de estas inaceptables limitaciones que la Constitución impone a la soberanía  de España -es decir, a la soberanía del pueblo español- están las hipotecas heredadas de la dictadura, como son las bases militares extranjeras sobre nuestro suelo. Situación agravada por la adhesión del Estado español a la OTAN,  instrumento militar al servicio de los USA, uno de cuyas finalidades es la de disciplinar y regimentar a los Estados bajo su mando, implicándolos de una u otra forma en sus guerras de rapiña.

La soberanía nacional estuvo secuestrada bajo la dictadura de Franco cuatro décadas, recibiendo el dictador apoyo político y militar del gobierno de los USA, prolongando los efectos de su tiranía incluso más allá de su muerte.

A cambio de ello, Franco prostituyó la soberanía de España, permitiendo la instalación de bases militares extranjeras en nuestro territorio. Situación que  sigue perdurando, agravada por la entrada en la OTAN.

Estas y otras graves limitaciones a la soberanía de España solo encontrarán solución en el marco de una República federal -libre, igualitaria y fraterna- nacida de  un auténtico proceso constituyente. Las fuerzas democráticas y soberanistas del conjunto del Estado español habrán de acordar, más pronto que tarde, un pacto histórico para la proclamación de la República, y la consiguiente formación de un gobierno provisional que convoque elecciones constituyentes.

Por último, quiero destacar que frente a la actuación imperialista y liberticida del gobierno de los USA, del que es deudora la monarquía, se alza el Artículo 6 de la Constitución de la II República española, que dice: «España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional».

Gracias por su atención.

Manuel Ruiz Robles, ateneísta y portavoz de “Militares Contra La Guerra”.