¿El lado correcto de la Historia?

Publicado en republica.com

Aprovechando su visita a España, el Secretario de Defensa de EE.UU., Ashton Carter, ha lanzado una seria advertencia a Rusia con motivo de la estrategia que Moscú está aplicando en el conflicto sirio. Se trata de una intervención militar, básicamente mediante ataques aéreos, que no es del agrado de Washington.

Además de considerarla incendiaria (“es como echar gasolina al fuego”, dijo Carter), la tiene por contraproducente y destinada al fracaso, ya que, en su opinión, más que atacar a los yihadistas del Estado Islámico está apoyando al Gobierno de El Asad, pues entre los objetivos de la aviación rusa están los grupos de la oposición, ayudados y sostenidos por EE.UU. y sus socios en este conflicto, que buscan acabar con el presidente sirio.

Por el contrario, Rusia y otros países afines consideran que es importante la participación de El Asad en cualquier negociación para poner fin a la guerra civil, aunque no descartan su sustitución en un nuevo Gobierno sirio que nadie sabe todavía cómo se podrá configurar, dada la caótica situación del país.

Se trata, en todo caso, de un asunto discutible donde el acierto o el error solo podrán comprobarse a medida que evolucione la situación, y en el que la intervención rusa ha irrumpido por sorpresa, propiciada por la incapacidad mostrada por Washington y sus aliados para resolver este embrollado y prolongado problema.

Lo que más sorprende es que el jefe del Pentágono se muestre condescendiente con Rusia y benévolamente le conceda “la oportunidad de estar en el lado correcto de la Historia” si cambia su estrategia y se pliega a los deseos de EE.UU., como ha declarado en Madrid.

El llamado “excepcionalismo americano”, que confiere a EE.UU. un estatus especial de nación privilegiada (que algunos allí lo creen otorgado directamente por Dios), situada por encima de cualquier ley internacional que coarte su benéfica intervención en el mundo, parece que ahora incluye también la virtud de dictaminar cuál es el “lado correcto” de la Historia. Habría que suponer que ese lado es el que resulte confirmado por la evolución de la situación y por su elevado grado de moralidad y ejemplar actuación.

En los genes políticos de Washington está la creencia en su infalibilidad para establecer lo que es bueno o malo, correcto o incorrecto. Ya lo comprobó un prestigioso periodista estadounidense (premiado con elPulitzer), cuando en 2002 entrevistó a un consejero del presidente Bush, que irónicamente le dijo que las personas como él -el periodista- creían que las soluciones a los conflictos surgían tras un “estudio juicioso de la realidad perceptible”. Pero los verdaderos políticos, como el citado consejero, no son de esa opinión: “El mundo no funciona de ese modo. Nosotros somos un imperio y creamos nuestra propia realidad al actuar. Ustedes empiezan a estudiarla todo lo juiciosamente que quieran y, mientras tanto, nosotros actuamos y creamos nuevas realidades. Somos los actores de la Historia y a ustedes solo les queda estudiar lo que nosotros hacemos”.

Parece que Carter se considera también otro “actor de la Historia”, aunque su certidumbre para decidir cuál es el lado correcto causa cierta perplejidad y hace sospechar que ha olvidado la historia de su país. Resulta difícil creer que estaban en el lado correcto de la Historia las fracasadas y contraproducentes intervenciones militares de EE.UU. en Afganistán e Irak, que han herido de gravedad a Oriente Medio, reforzando el terrorismo e infligiendo a sus pueblos unos daños de los que tardarán mucho en recuperarse, si alguna vez lo logran.

¿Estuvo EE.UU. en el lado correcto de la Historia al apoyar y armar a los guerreros musulmanes para expulsar a la Unión Soviética de Afganistán? Porque allí nació Al Qaeda y gran parte del yihadismo que tanto asusta hoy. ¿Estuvo también en ese lado el descabezar violentamente al Estado libio y crear una región desintegrada, un Estado fallido más peligroso que lo que antes existía?

No parece que la Historia recorriera el conflicto vietnamita por el lado de los invasores estadounidenses puesto que, finalmente, se quedó en la orilla del Vietcong. Tampoco la Historia ha bendecido el lado donde se situaron las políticas de Washington en apoyo de las sangrientas dictaduras argentina y chilena. El colofón de esta serie de fracasos al dictaminar cuáles son los lados correctos o incorrectos de la Historia lo ha puesto el reciente deshielo de las relaciones entre EE.UU. y Cuba, que de paso nos trae a colación otro ejemplo todavía actual: ¿está Guantánamo en el lado correcto de la Historia?

Bien está que el jefe del Pentágono visite España para inspeccionar las bases militares del imperio (unas 800 en todo el mundo, fuera de EE.UU.) radicadas en el espacio mediterráneo, de las que España es soporte esencial, y para comprobar que están dispuestas y listas para atender a las necesidades de Washington. Pero para impartir lecciones con cierta base histórica a este lado del Atlántico se requiere algo más: un mejor conocimiento del pasado y más humildad para reconocer los errores cometidos y los daños causados.