El bloque democrático

 

El modelo “bipartidista” de la llamada Transición hizo implosión bajo los efectos derivados de la crisis económica de 2008: 15M, Marchas de la Dignidad, emergencia de Podemos… lawfare.

Es decir, el régimen bipartito entró en crisis por las contradicciones inherentes al modo de producción capitalista, único modo de producción realmente existente en el primer cuarto del siglo XXI.

El temible artefacto político-militar diseñado por la reforma de la dictadura, el llamado régimen del 78, nació de la simbiosis entre las élites político-militares del régimen franquista y los partidos previamente legalizados, que aspiraban a gobernar.

Tras aceptar a la monarquía y su bandera bicolor, impuestas por la dictadura, fueron legalizados con anterioridad a las elecciones generales del 15 junio de 1977, constituyendo el armazón del sistema del 78.

Estos partidos fueron ensamblados por una constitución redactada ad hoc bajo el dictado de los poderes de hecho, encabezados por el último jefe de la dictadura: un rey Borbón inviolable, impuesto por Franco.

La simbiosis bipartita promovida en la Transición por los citados poderes -ajenos a la soberanía del pueblo español y, sobre todo, ajenos a la soberanía de los pueblos de Catalunya, Euskadi y Galicia- ha entrado definitivamente en crisis. El espejismo de una “gran coalición” antidemocrática PP-PSOE, deseada por los poderes financieros, no es viable por vías democráticas. Solo podría ser impuesta mediante una dictadura de nuevo cuño.

La actual mayoría parlamentaria que sustenta al Gobierno, pese a sus contradicciones internas, es la única salida  a la grave crisis de legitimidad  de una monarquía pretendidamente parlamentaria, impuesta por la reforma de la dictadura. El  fracaso del bloque democrático implicaría una grave involución, de consecuencias imprevisibles.

La derecha y ultraderecha franquistas, instrumentalizadas por los poderosos resortes reaccionarios que perviven en el Estado español -fundamentalmente en el seno de las fuerzas armadas, la judicatura y los principales medios de comunicación- son utilizadas bárbaramente como ariete contra el Gobierno, y, por tanto, contra la coalición de hecho que lo sustenta.

El citado bloque reaccionario, incluye no solo a los partidos de la derecha franquista, que también, sino además a destacados miembros de la izquierda política.

Envalentonados por su peligrosa influencia sobre la Judicatura, están imponiendo todo su  fanatismo teocrático en los tribunales a fin de agudizar las contradicciones internas del bloque democrático, en particular mediante la llamada lawfare (guerra sucia desde  tribunales prevaricadores), con el fin de destruirlo.

La gran pregunta que se plantea, sobre su futuro inmediato, es la siguiente:

¿Tendrá éxito el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en su empeño -necesario y valiente- de dar un impulso definitivo a la Ley de Amnistía?

The answer is blowin’ in the wind /  La respuesta está flotando en el viento.

Desde el colectivo de militares demócratas le deseamos mucho éxito en esta decisiva etapa, pues es constitucionalmente imposible que el Rey se resista a promulgar la necesaria Ley de Amnistía de 2024, como consecuencia del procés democràtic català, toda vez que haya sido definitivamente aprobada por el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional.

Por el contrario, la Ley de Amnistía de 1977 fue un bodrio envenenado, cocinado tras la tramoya parlamentaria, cuyo único fin fue el de satisfacer al bloque franquista. El nuevo régimen borbónico excluyó de la falsa Ley de Amnistía a los “terroristas y traidores a la patria” de la Unión Militar Democrática (UMD), que pagaron un alto precio personal, familiar y profesional por su actitud democrática.

 

Manuel Ruiz Robles, fue militante de la disuelta UMD.