Claveles con espinas

Publicado en infolibre.es

 

El próximo día 25 de abril Portugal conmemora el 50º aniversario del golpe de Estado militar contra el gobierno de Marcelo Caetano (Revolución de los Claveles) llevado a cabo por las fuerzas armadas portuguesas, dirigidas por el Movimiento de las Fuerzas Armadas -MFA-, organización formada por jóvenes oficiales que, teniendo en sus inicios objetivos profesionales, dada la situación social que vivía el país bajo la dictadura, pasaron a tomar parte activa en la instauración de la democracia; dicho movimiento obtuvo rápidamente la adhesión de una parte importante de militares que desde una estrategia bien planificada consiguieron realizar un golpe de Estado minimizando posibles daños, y posteriormente encauzar la situación para que en apenas dos años Portugal consiguiera convertirse en un Estado democrático.

Sin entrar en el debate sobre la legitimidad de las fuerzas armadas de un país para llevar a cabo acciones contra “la legalidad imperante”, pero sin olvidarnos de que la Revolución de los Claveles sin duda fue un hecho histórico que promovió y facilitó la democracia a un país, desde estas líneas ponemos énfasis en la situación de los militares que, una vez alcanzado el extraordinario avance para toda la sociedad, sin embargo, transcurridos cincuenta años han visto como sus derechos se encuentran limitados, rebajado su estatus de ciudadano, y con un escaso interés de los poderes públicos e institucionales por la situación social, económica y de derechos de los mismos.

Los militares no podían ni debían obtener premio (como ocurre en muchas ocasiones, suele entenderse mal el deber profesional, aunque el resultado sea positivo), pero sin duda gratitud por la acción llevada a cabo, pues, no obstante, los peligros a que se expusieron no solo eran de índole físico sino también profesional. Era esperable que la nueva sociedad surgida en un orden democrático con un Estado de derecho afianzado, fuera garante de una justicia social que desde la igualdad alcanzara a todos los ciudadanos sin dejar de lado a nadie y tampoco a aquellos que en su momento y desde un sentido del deber (bien o mal entendido) arriesgaron su profesión y hasta su vida por procurar un bien mayor a la sociedad.

Los militares, ejecutado el golpe de Estado, encaminados los procesos democráticos y conseguida la Constitución de la República Portuguesa dos años después, en 1976 (entrando en vigor el 25 de abril de ese mismo año), se vieron postergados.

La ciudadanía de los Estados que han sufrido dictaduras mantiene una postura crítica hacia sus fuerzas armadas en general y sus militares solo reciben aplauso o simpatía en determinados momentos donde, en situaciones adversas, su actuación haya sido requerida en apoyo a la población. Esa postura crítica o incluso de indiferencia hacía los profesionales de la defensa, trasladada a la clase política y en concreto a los poderes públicos e institucionales, se vuelve recelo y, obtenido su “control”, se les aparca.

En 1989 nace en Portugal la Asociación Nacional de Sargentos (ANS) organización de militares pionera, como “parte de un movimiento global que lucha por la dignificación de los militares en general, en su rol de ‘ciudadanos uniformados’ y de los sargentos en particular, como parte integral de la Nación”, en cierto modo, recogiendo el testigo del MFA. Reivindican el derecho de una ciudadanía plena y los derechos de asociación, expresión y representación. A la ANS le siguen la AOFA y AP, asociaciones de oficiales y de tropa (la legislación no permite el asociacionismo de militares con componentes de distintas clases militares; estrategia clara de dividir para debilitar). Organizaciones profesionales cuyo personal integrante se siente perfectamente identificado con la ciudadanía de la que son parte, sin obtener una reciprocidad efectiva por parte de ésta.

No es una situación nueva. En España, como en muchos otros países, sus militares obtienen ese mismo estatus en la relación y en el trato desde la sociedad, y el reconocimiento en todos los ámbitos a su labor no alcanza el grado que obtiene el resto de la ciudadanía, ni en el ámbito laboral ni en el social.

Hay interés en los gobernantes en mantener un gran grupo profesional como son los componentes de las fuerzas armadas, bien controlado laboralmente, (como desearían tener al resto de los servidores públicos). Por ello, mantener vivos el temor y el resentimiento, constituyen premisas para apoyar la estrategia de control, disociándolos del resto de la sociedad mediante restricción o prohibición de derechos.

Este es el sino de muchos ciudadanos que trabajan en las fuerzas armadas como militares. “Ciudadanos uniformados”, como se definen en la ANS, así como otros muchos miles de militares en toda Europa, que por serlo adquieren automáticamente una rebaja de sus derechos de ciudadano, algo incomprensible en los Estados que abrazan la Carta Social Europea, garante de los derechos humanos para todos sus ciudadanos.

El día 25 de abril, se celebrará el 50º aniversario de la consecución de la democracia en Portugal por parte de unos servidores públicos que, desde entonces, se han visto relegados a una ciudadanía de segunda. Hay que reivindicar los avances democráticos conseguidos desde la Revolución de los Claveles y no hay que olvidar a los militares que, protagonistas de aquellos hechos, hoy continúan clamando por una situación laboral y social justa.

Militares españoles, así como de muchos otros países europeos miembros de la asociación EUROMIL (Organización de Asociaciones y Sindicatos de Militares Europeos), estaremos el próximo día 25 acompañando a la ciudadanía portuguesa en su celebración y apoyando y animando a los compañeros militares portugueses,  “Ciudadanos Uniformados”.  

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