Las dos bombas que cayeron sobre Palomares hace 50 años eran del modelo B28 FI que contenían 4 kilos y 1/2 de plutonio cada una, lo que hace un total de 9 kilos que se dispersaron por la zona.
Según datos oficiales, los americanos se llevaron 1.700 toneladas de tierra contaminada que introdujeron en 4.810 barriles de 208 litros cada uno, lo que hace un total de 1.000 m3 que ahora están depositados en Savannah River (Carolina del Sur). Esos 1.000 m3 contienen 270 gramos de plutonio, lo que quiere decir que los americanos dejaron en Palomares más de 8 kilos de plutonio. Ahora el Plan de Rehabilitación de Palomares, aprobado por el CSN el 5 de mayo de 2.010, reconoce que tienen que llevarse a USA, 50.000 m3 más.
Explicado así queda claro que los americanos hicieron una limpieza cosmética en 1966: se llevaron 1.000 m3 y ahora tienen que ampliar esa cantidad a 50.000 m3, dejaron en Palomares el grueso de la radiactividad. Durante estos 50 años, el viento, el agua, la fauna silvestre y la actividad humana se han encargado de diseminar el plutonio por tierra, mar y aire, nunca mejor dicho.
Para quitar gravedad al problema, los sucesivos gobiernos de la dictadura y la democracia, en esto tampoco se diferencian, han venido engañando a la opinión pública, primero, negando la existencia de la radiactividad y luego, a partir de 2.003, reconociendo su permanencia, pero restándole importancia.
Llegados a este punto conviene aclarar que en 2.003 no tuvieron más remedio que reconocer la existencia de radiactividad porque querían limpiar los terrenos para poderlos urbanizar, pues nadie se compra un adosado con 16 millones de bequereles por metro cuadrado en el garaje.
Para disimular el monto de la radiactividad, las autoridades competentes han recurrido y recurren a varios subterfugios, entre ellos comparan cifras utilizando distintas unidades de medir. Por ejemplo, cuando se refieren a la cantidad de tierra contaminada que se llevaron los americanos, no hablan de metros cúbicos sino de toneladas. Dicen que los americanos se llevaron 1.700 toneladas y que ahora tienen que retirar 50.000 metros cúbicos, ocultando que 1.700 toneladas equivalen a 1.000 m3. Los americanos se llevaron sólo 1.000 m3.
Utilizar distintas unidades de medida para comparar cifras induce a error a la ciudadanía, entre otros a Rafael Moreno Izquierdo que en la página 373 de su libro «La historia secreta de las bombas de Palomares» dice que ahora hay que retirar 50.000 m3 «cantidad bastante grande pero mucho menor que las 1.700 toneladas que los estadounidenses se llevaron en 1.966», craso error aritmético que provoca a su vez la conclusión errónea de que la contaminación actual de Palomares es «residual», cuando lo residual es lo que se llevaron los americanos en 1966.
La utilización sesgada de las unidades de medir por parte del CIEMAT sigue estando de actualidad pues en fechas recientes han recurrido a la misma estratagema para rebajar la cantidad de tierra contaminada que tienen que retirar.
En efecto, el mencionado Plan de Rehabilitación de Palomares, contempla la cifra de 50.000 m3 como cantidad de tierra contaminada que deben retirar, sin embargo ahora el CIEMAT en boca de la responsable de Medio Ambiente, Dña. Yolanda Benito, trata de llevarnos otra vez al huerto declarando públicamente que no son 50.000 m3, sino 50.000 toneladas lo que se tienen que llevar. Con este juego de cifras la Sra. Benito, que se piensa que los súbditos de este país son todos de letras, pretende reducir a casi la mitad la tierra contaminada, pues 50.000 toneladas vienen a ser 28.000 m3.
Sería de agradecer que el CIEMAT dejase de engañar a la opinión pública y que se lleven de una vez por todas los 50.000 m3 a USA o a cualquier otra parte. Lo que no se puede hacer es mantener durante 50 años un cementerio nuclear al aire libre. Al menos podrían guardar provisionalmente el plutonio en barriles para impedir que se siga dispersando por la zona.

José Ignacio Domínguez es Teniente Coronel de Aviación retirado, Comandante de Iberia jubilado y abogado del ICAM. Fue portavoz en el exilio de la UMD.
