Diplomacia coercitiva

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La OTAN redefine su estrategia: más gasto militar, menos autonomía europea y “diplomacia coercitiva” global

La OTAN, en su reciente cumbre de La Haya del 24/25 de junio, ha resignificado, por boca de su secretario general, Mark Rutte (1), una vieja expresión mil veces utilizada con muy diferentes sentidos y en muy diferentes situaciones, la de “diplomacia coercitiva”.

En este caso, la diplomacia coercitiva consiste en incrementar los presupuestos de defensa (o seguridad y defensa si se quiere ser críptico) de todos los países de la OTAN al 5% del PIB anual de todos ellos, definiéndolo como “un salto cualitativo”. No sólo “cuantitativo” como en principio podría pensarse, ya que este incremento supone duplicar, casi triplicar, el tanto por ciento de los PIB anuales de la suma  de todos los miembros de la Alianza, ya en la actualidad el mayor gasto en defensa del mundo, contando con el presupuesto de Estados Unidos (11’38 billones de euros) (2), pero incluso sin contabilizarlo (países europeos y Canadá, 0’36 billones de euros). ¿Por qué, entonces, además cualitativo, que tiene connotaciones de cambio de concepción y/o orientación geopolíticas y estratégicas?

Una razón puede ser el momento que vivimos, con un Israel desatado tratando de anular progresivamente, con el indispensable acuerdo y apoyo de Estados Unidos, primero a los palestinos (físicamente) y a continuación, a través de sucesivos ataques de precisión y la permanente amenaza de su repetición, a los regímenes de Líbano, Siria e Irán (por ahora), con el objetivo final de posibilitar y forzar los célebres Acuerdos de Abraham con los países árabes del Golfo, dejando neutralizado todo el Oriente Próximo para una posible deriva pro-BRICS+ de importantes consecuencias energéticas, no sólo por  controlar el comercio y distribución energéticas, sino, asimismo, por su denegación al gran adversario, China, mientras se mantiene a Rusia desgastándose en Ucrania y cada vez más preocupada por el carácter agresivo a largo plazo (“salto cualitativo” de aquí al 2035 de la OTAN) de una Europa y una OTAN cada vez más potentes militarmente, como podría indicar la también enfática declaración del señor Rutte de que “el camino de Ucrania hacia la membresía  de la Alianza es ya irreversible”, una opción que nos parecía ya descartada a corto y medio plazo incluso para los mismos Estados Unidos.

En lo que realmente está centrado Mark Rutte es en la elaboración de una política y una visión a largo plazo de aislamiento y cerco de China y Rusia

Una hipótesis que permite interpretar que la utilización de las expresiones “salto cualitativo” y “diplomacia coercitiva”, un oxímoron en sí misma, no son más que una traición del inconsciente del señor Rutte, realmente centrado en la elaboración de una política y una visión a largo plazo de aislamiento y cerco de China y Rusia, incluyendo el enfrentamiento armado si necesario fuese, utilizando a una Europa cada vez más políticamente debilitada debido a los indispensables recortes en los aspectos sociales y comerciales que van a exigir el gasto del 5% dedicado durante los próximos diez años (hasta 2035 como mínimo) a los “bélicos” y la guerra de aranceles desatada por la actual Administración estadounidense; y utilizando a un Oriente Próximo neutralizado por la permanente amenaza de destructivos y disruptivos ataques de precisión y/o, llegado el caso, nucleares (con armas nucleares tácticas de los arsenales tanto de Estados Unidos como de Israel, como así mismo, por qué no, en última instancia, de los también otánicos Reino Unido y Francia).

La Unión Europea no puede tener, en las actuales circunstancias una política de defensa autónoma, que no sea la política de defensa de la OTAN

Traigo a colación esta boutade porque en estos días no sólo hemos vivido la cumbre de la OTAN de La Haya (24/25 de junio), sino a continuación la cumbre de presidentes/jefes de Gobierno de la Unión Europea en Bruselas (26 de junio), en la que se ha refrendado por los países europeos cuanto se había acordado el día anterior en La Haya (incluido el 5% para gastos de “defensa” con la excepción española), mientras no paran de repetirnos que la Unión Europea está elaborando su propia política de defensa. La incógnita que entonces nos surge es cómo puede tener la Unión Europea una política de defensa propia cuando tiene hipotecadas todas sus fuerzas y efectivos en los planes estratégicos y operacionales de la OTAN, organización que, además, tiene una completa, entrenada y bien coordinada estructura de mando y control, cuya cúspide es siempre un general estadounidense (con el doble bastón de mando de ser el Comandante Aliado de Operaciones y el Comandante Supremo Aliado en Europa). Los ejércitos y armadas de los países de la Unión Europea se entrenan y adiestran para operaciones bajo mando y control de estructuras OTAN con procedimientos de adiestramiento y ejecución de la OTAN, muy basados en los de Estados Unidos, que es quien aporta capacidades que nadie más tiene y que son imprescindibles para los tipos de combate para los que se entrenan los ejércitos y armadas europeos.

La Unión Europea, por tanto, no puede tener, en las actuales circunstancias (previsiblemente hasta, como mínimo, 2035, si no hay cambios drásticos) una política de defensa autónoma, que no sea la política de defensa de la OTAN (conocida desde el pasado 25 de junio como “diplomacia coercitiva”), que desde 1949 se concibe en Washington. La podría llegar a tener sobre el papel, pero no sería aplicable en la realidad.

(1) Halcón duro de la política neerlandesa y destacado anti-inmigración, aficionado a repetir la expresión PIGS para referirse a Portugal, Italia, Grecia y España durante la crisis económica de 2008, como bien ha sido documentado en este mismo medio (“La Europa de Mark Rutte”, Pedro Luis Angosto, Nueva Tribuna, 27 de junio de 2025)

(2) Billones españoles, es decir, un millón de millones: 10¹²