3.000 Euros

La vida de una mujer vale 3.000€… con dinero todo se puede hacer. Esta afirmación consta en las Diligencias 3013/2008 del Juzgado de Instrucción nº 4 de Málaga y el ‘valiente’ que así piensa es el ex marido de Lucía Garrido Palomino. En abril de 2008 aparecía sin vida el cuerpo de Lucía. Su asesinato ha permanecido impune durante años, hasta que el pasado 26 de enero se produjo la detención del presunto autor del crimen. Este avance en la investigación se ha debido, principalmente, al empeño de la familia de Lucía y de la Delegación malagueña de la AUGC, con nuestro Secretario General provincial, Ignacio Carrasco, a la cabeza.

La investigación judicial del delito se sobreseyó provisionalmente en mayo de 2009 y así permaneció casi tres años, hasta abril de 2012, tras la denuncia de la familia acerca de ciertas irregularidades en la investigación del asesinato por parte del equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil que llevaba el caso, siendo traspasado el mismo al Cuerpo Nacional de Policía. El cúmulo de despropósitos que rodea este caso solamente es entendible por la conexión con otros actos delictivos que han ido saliendo a la luz de manera paralela y otros cuantos que se están investigando todavía. Toda una red de delincuencia que ha manchado, incluso, el buen nombre de la Benemérita y, lo que resulta más desalentador, con la connivencia de ciertos responsables del Cuerpo en la provincia.

De tal forma ha sido así, que el oficial jefe del equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil encargado del esclarecimiento del antedicho crimen fue detenido a raíz de una operación antidroga junto al ‘valiente’ que mencionaba al principio. También debe recordarse que, como consecuencia de una investigación sobre recalificaciones urbanísticas, se descubrió un importante arsenal de armas y que el principal imputado reconoció haber entregado un arma… al ‘valiente’, a petición de un miembro de la Benemérita. Y, como no, la cosa no termina aquí, porque un año después del asesinato de Lucía aparecieron muertos dos ciudadanos colombianos en la misma finca donde se halló su cuerpo, por aquel entonces ocupada por el repetido ‘valiente’, muertes que todavía no han sido debidamente aclaradas. Precisamente en la aludida finca, que hacía las funciones de centro de recepción de animales, trabajaban varios miembros de la Guardia Civil que, a su vez, han sido imputados en otra investigación policial, siendo detenido, hace casi un año, el antiguo responsable del SEPRONA en Málaga.

Si todo este cúmulo de circunstancias resulta sorprendente e, incluso, difícil de digerir, no lo es menos la persecución institucional que han sufrido los compañeros de nuestra Delegación en la provincia. Lejos de contribuir al esclarecimiento de unos hechos que ponen los pelos de punta, máxime cuando hay miembros del Cuerpo de por medio, la actitud de los responsables del Instituto en la Comandancia ha sido la de perseguir e intentar desprestigiar a aquellos que haciendo honor a su vocación se han volcado de lleno en la tarea de desenredar este entramado criminal y demostrar que, si bien resulta imposible prevenir que cierto tipo de gentuza vista el uniforme verde, se hace lo humanamente posible por detectarlos y ponerlos a disposición de la justicia y/o enseñarles la puerta de salida, ya que en este Cuerpo no tienen acomodo posible.

Quiero mencionar de nuevo (ya lo hice en una anterior ocasión), el humillante episodio sufrido por nuestro delegado en Málaga, Ignacio Carrasco, cuando fue expulsado de la Comandancia por su máximo responsable argumentando falsas excusas que, incluso, pusieron en un serio aprieto al propio Director General del Cuerpo, por otra parte acostumbrado a vivir entre sobresaltos ocasionados por su manifiesta incompetencia. En esta sociedad que hemos creado y particularmente en nuestro país, no suele gustar demasiado que salga a la luz la mierda que nos rodea, que nos impregna. Y como consecuencia de lo anterior, están peor vistos aquellos que luchan por la verdad y por la justicia que los que amparan y se lucran con el delito y el engaño. Eso lo ha podido comprobar en primera persona el compañero Carrasco, que ha sufrido y sufre episodios de acoso y descrédito por esa manía suya de perseguir la corrupción, en consonancia con los postulados, no solo de la AUGC, también de la propia Guardia Civil, por supuesto. Por ello no se comprende que, a estas alturas y tras demostrar repetidamente que estaba en lo cierto con sus denuncias, no se le escuche y se le otorgue el amparo necesario para continuar una labor que beneficia a la inmensa mayoría, también a la propia Guardia Civil, por supuesto.