Y Bono cogió su fusil

Este artículo fue publicado en su día en la antigua web del FMD

José Bono, ministro de Defensa, cogió de nuevo su “fusil”  y aprovechó la presentación de un libro para enviar todo un recado a los nacionalistas. El libro del periodista Francisco Medina se presentó en el Círculo de Bellas Artes, Editado por Espasa y bajo el título Memoria oculta del Ejército. Los militares se confiesan, la obra recoges testimonios de decenas de personas para explicar lo que fue la transición española en el seno de las Fuerzas Armadas.

El ministro dijo que las Fuerzas Armadas, a las que se refirió siempre como los ejércitos y la Armada, tienen “fuerza bastante para, con la Constitución en la mano, pero siempre a las órdenes del Gobierno, garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Palabras como “despreciables” fueron utilizadas por Bono al referirse a quienes quieren reformar la Constitución para obtener más beneficios y afirmó que los artículos 8 y 30 de la Ley fundamental no admiten “ ni mejora ni reforma.”

Defendió el termino España, la patria común e indivisible de los españoles , frente al de estado español. Dijo haber oído a un cantante decir que haría una gira por Francia, Alemania y por el estado español. “ Como no venga a cantar a algún ministerio, no se a que se referirá”,, señaló Bono. Los generales rieron.

Porque en la presentación del libro, entre el público, había mayoría de generales en la reserva y la mesa la componían, además del autor, los tenientes generales José María  Sáez de Tejada, Javier Calderón, Jesús del Olmo y el general Narro. La elite de los servicios secretos militares franquistas y de la democracia, en su no tan reciente pasado.

Bono abrió el acto y, tras las palabras del autor, abrió también la puerta y se fue por razones de agenda. Con él, la desbandada de periodistas y parte del público. Solamente quedaron personas de edad madura, casi todos generales, excepto cuatro o cinco militares de la UMD, que, naturalmente, no eran generales.

Pero hubo una cosa bastante curiosa en la presentación. Por muchos esfuerzos que hizo el autor, la palabra UMD no se pronunció en ningún momento, cuando es una de las cuestiones en las que hunde sus raíces el libro.

Claro que a  los integrantes de esta organización clandestina, que por allí andaban, – andábamos – no solamente no les importó, sino que se alegraron de no tener que rebatir con datos y contundencia, los análisis y opiniones que hubiese desgranado Sáez de Tejada, como hace en el libro y ha hecho en otras ocasiones. “Las opiniones de ese señor no nos despiertan el más mínimo interés”, dijeron más tarde.

Este peculiar militar, que llegó a amenazar al Gobierno democrático desde un periódico con un golpe de Estado si se amnistiaba a los hombres de la UMD, – desde el anonimato, claro – llegó a Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) con los socialistas y mereció encendidos elogios del ministro en su intervención.

A lo largo del coloquio, cuando dijo que el despliegue de las unidades nada tenía que ver con lo del enemigo interior, se exaltó un poco cuando un teniente coronel en el público hacía elocuentes movimientos negativos con la cabeza.

-¿Y usted porque dice que no? – le espetó.

El teniente coronel, en lugar de responderle que estaba en su derecho de pensar lo que quisiera – se ve que el general no está acostumbrado a estas cosas, nuevas para él –  le respondió simplemente:

-Porque entonces yo estaba destinado en la División Acorazada y las cosas no eran como usted dice.

El dialogo entre los militares fue perdiendo fuerza y Javier Calderón fue el que mantuvo análisis más pegados a la realidad de entonces, junto con Jesús del Olmo. El propio Narro, muy crítico con la gestión de Trillo, a preguntas del público, fue tajante al señalar que los políticos se meten muchas veces en asuntos puramente militares.

El 23 –F estuvo presente en el coloquio y hubo divergencias entre Calderón y Sáez de Tejada a la hora de valorar el grado de simpatía de los altos mandos de las Fuerzas Armadas de entonces hacia los golpistas.

Todo termino con una copa y unos aperitivos entre los asistentes que aprovecharon para saludar a viejos compañeros de armas.

Alguien habló del túnel del tiempo