Una llamada de Defensa

El 30 de marzo de este año de 2020, quien esto escribe recibió una llamada de un departamento del ministerio de Defensa. Me dijeron que estaban llamando a miembros de los ejércitos por si necesitábamos alguna cosa como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Después de la sorpresa, supuse que se dirigían a personas de grupos de riesgo, como, por ejemplo, el que llevamos en el carnet de identidad que refleja una edad, es decir, unos cuantos años. Tal vez a los retirados.

Me preguntaron cómo me encontraba, si necesitaba alguna cosa, medicinas, atención médica u otras atenciones. Al decirle que estaba bien, confinado en mi casa de Almería desde la que disfrutaba de las vistas de las cálidas arenas de Cabo de Gata, la persona que llamaba –luego supe que era el brigada Fernández, al que naturalmente no conocía– me dijo que su mujer era de Almería y que él venía a veces por aquí. Mantuvimos una amable conversación y se notaba que su charla era para ofrecer la ayuda que reclamase, pero sobre todo era una llamada hecha desde el cariño y para ofrecer apoyo moral.

Tuve que digerir la llamada telefónica y su contenido y me sentí orgulloso de pertenecer, aunque sea desde la situación de retirado, a una institución llamada Fuerzas Armadas y pensé en mi paso por la Unión Militar Democrática (UMD), organización militar clandestina que se creó en 1974 para tratar de “echar agua en la pólvora de los mandos franquistas” que pretendían impedir una transición pacífica a la democracia, a un régimen de libertades para España.

Lamentablemente, la UMD ha vuelto a ser noticia la semana pasada por la muerte de dos de sus miembros; el capitán de Aviación retirado Abel Ruiz Cillero y el coronel de Infantería Restituto Valero Ramos. Este último fue uno de sus más destacados líderes. Nacido durante el asedio del Alcázar de Toledo, fue utilizado por el régimen de Franco como bandera propagandística, pero él eligió otro camino al apuntarse a la UMD y luchar por las libertades, jugándose – y perdiendo – una carrera militar meteórica.

Aquellos hombres, juzgados, condenados y expulsados unos, perseguidos y postergados otros, tuvieron un sueño. Unos ejércitos modernos al servicio del pueblo y no de las oligarquías dominantes. Con todas las carencias que puedan buscarse –nuestra política de Defensa y la organización militar, como toda obra humana, son mejorables– las actuales Fuerzas Armadas se parecen mucho a los ejércitos con que soñaron soñamos los hombres de la UMD.

La llamada a la que me he referido al principio no es más que un botón de muestra, y tanto Resti como Abel se hubieran sorprendido gratamente si la hubieran recibido. Nuestros ejércitos se ocupan de sus mayores. Gracias, brigada Fernández, y gracias ministra como representante de nuestros ejércitos.

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Fernando Reinlein es militar y periodista