Una gota de ciencia para el verano

Publicado en Republica.com
Un antropólogo americano lamentaba no hace mucho la pérdida que para la humanidad habían supuesto el abandono progresivo de la vida campesina y el acelerado éxodo hacia las ciudades, cada vez más densamente pobladas. La inmensa mayoría de los seres humanos, explicaba, vivió hasta el siglo XIX considerando la bóveda celeste como una parte más de la compleja naturaleza en la que estaba inmerso, junto con los bosques, lagos, ríos o costas, plantas y animales con los que tenía que compartir el planeta.

Una vez que la ciencia fue explicando la verdadera realidad del cosmos e iban siendo descartados por absurdos los mitos religiosos o las leyendas ancestrales que intentaban explicar la cosmología, todas las personas interesadas pudieron cobrar plena conciencia de que la humanidad ocupaba un pequeño y excéntrico lugar en un mundo, todavía no bien comprendido, que ostensiblemente la superaba en su gigantesca enormidad.

Sin embargo, el acelerado desarrollo de la iluminación de las ciudades y el incremento de la población urbana, que solo en los últimos 50 años ha pasado ya del 33% al 55% de la población mundial, hace que una gran parte de los seres humanos vivan hoy ignorando la estrellada bóveda nocturna y, sin el estímulo de la curiosidad que suscita la contemplación de la naturaleza, la conciencia de nuestra pequeñez en el cosmos no es asunto que motive muchas conversaciones en la barra de un bar.

Si en las asombrosas dimensiones del cosmos los seres humanos apenas contamos, todavía nos acercamos más a lo insignificante si pasamos a contemplar al mundo en el que estamos embebidos. En un documentado artículo (The biomass distribution on Earth: La distribución de la biomasa en la Tierra) publicado la pasada semana en la revista científica estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences, se incluyen unas sorprendentes conclusiones que no dejarán indiferente a ningún lector.

Tras unas complejas descripciones que tratan de aclarar los recursos científicos utilizados para estudiar la composición del mundo viviente, que es uno de los problemas fundamentales de la biología, la conclusión a la que llegan los autores del trabajo no puede ser más intrigante, como gráficamente se muestra en la figura adjunta.

Del conjunto de los seres vivos, las plantas representan un 80% de la masa total, como muestra la zona verde del gráfico A, mientras las bacterias representan un 15% de toda la masa viviente. Por su parte, el conjunto de todo lo que puede considerarse como vida animal (desglosado a la derecha de la imagen en el gráfico B) apenas alcanza el 5% del total, con claro predominio de los artrópodos (en rojo) y los peces (azul).

Pues bien, dentro del grupo de los animales, los cerca de 8.000 millones de seres humanos que habitamos el planeta apenas constituimos el 0,01% de toda la masa viviente que sustenta el planeta, claramente superados por moluscos y gusanos, e incluso por el ganado (livestock) que hemos ido desarrollando para nuestro sustento.

Apenas una partícula de polvo en el cosmos y una insignificante minoría entre los seres vivos del planeta, sin embargo los seres humanos hemos sido capaces de transformar y contaminar gravemente el espacio en el que nacemos, vivimos y morimos. Hemos aniquilado más del 80% de los mamíferos salvajes y la mitad de la vegetación que cubría la Tierra. Y estamos deteriorando la atmósfera en la que vivimos, las aguas que nos dan vida y el hábitat que nos acoge, hasta extremos que hacen temer una irreversible y nefasta transformación, de la que el cambio climático es ahora un indiscutible testimonio.

Al mismo tiempo la humanidad progresa: una sonda enviada a Marte acaba de descubrir allí residuos de vida, datados hace 3000 millones de años; se manipulan los resortes esenciales del ser humano, modificando sus claves genéticas y soñando con crear los superhombres anunciados por el profesor Harari en su Homo Deus.

Estimado lector: ha llegado otra vez el verano (solo aquí, en el hemisferio norte, no se olvide); tenemos fútbol, piscinas, playas y chiringuitos. Y “a vivir, que son dos días”, como anuncia un conocido programa radiofónico. ¡Buen verano!

Piris

Alberto Piris es General de Artillería en la reserva y ha sido analista del Centro de Investigación para la Paz (CIP-FUHEM) desde 1984 hasta diciembre de 2006. Actualmente forma parte del equipo de trabajo del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ).