Trump contra Europa

Publicado en Republica.com

 

Terminado el paseo de Trump por la vieja Europa, durante una semana pródiga en desplantes e impertinencias y en la que el visitante ha dado suficientes muestras de su infantiloide y egoísta vanidad, parece oportuno hacer un somero balance de la visita y reflexionar sobre los resultados.

Pocos días antes de que Trump visitara la sede de la OTAN, para combinar los cuatro factores dominantes en la política internacional -EE.UU., Europa, Rusia y China- comenté en estas páginas lo siguiente: “Los últimos Gobiernos en Washington han venido empujando a Rusia hacia China, y Trump ahora tiene que jugar a la vez en dos campos: evitar el acercamiento ruso-europeo, que pudiera poner en peligro la hegemonía estratégica de EE.UU., y mantener una relación viable con Moscú para controlar a China, sin tener en cuenta a Europa”.

Parece que es algo de lo que Trump ha buscado durante la visita. Pero hay que advertir que tres de esos cuatro factores están concentrados en sendos personajes: los autócratas Trump, Putin y Xi. El publicitado colofón de su visita a Europa fue la primera reunión personal de Trump con Putin, celebrada en Helsinki. Pero durante este año Putin ya se habían reunido con el presidente chino, dando muestras de su mutuo entendimiento, como se ha observado también en Helsinki.

(Por cierto, en Washington se comenta irónicamente que el balón de fútbol que Putin regaló a Trump como recuerdo del campeonato mundial será minuciosamente examinado por los servicios secretos, que probablemente prohibirán su entrada en la Casa Blanca).

El cuarto factor de los antes citados, por el contrario, carece de una personalidad visible con la que Trump pudiera reunirse en privado. Europa, para el multimillonario líder neoyorquino (y también, lamentablemente, para los que nos sentimos proeuropeos), aparece a menudo vista desde fuera como un conglomerado de Estados imprecisamente gobernado desde Bruselas, poco propensos a ponerse de acuerdo en asuntos cruciales y desconcertados ante los nuevos problemas que afectan a gran parte de la humanidad. Para Trump, además, esos Estados abusan económica y militarmente de EE.UU. y en su conjunto aparecen como el “principal enemigo” del America First!, al que está decidido a combatir con armas económicas.

En Bruselas Trump exigió a los aliados otánicos una mayor contribución económica, exagerando la participación de EE.UU. en el presupuesto de la Alianza y sugiriendo que compren más armas estadounidenses, porque “son las mejores del mundo”.

También provocó a la canciller alemana, a la que acusó de depender del gas ruso. En su visita al Reino Unido profirió toda clase de impertinencias, tanto políticas como protocolarias, que hirieron a la opinión pública británica. Fueron aún peores sus intentos de compensarlas con absurdos y desmesurados elogios. Sobre la reina Isabel comentó: “Es tan elegante… y muy bella. [El encuentro] fue algo especial. Ella es tan avispada, tan inteligente, tan hermosa. Desde cerca se ve lo hermosa que es. Es una persona muy especial”.

Al aceptar sin protesta las explicaciones de Putin sobre la supuesta interferencia de Rusia en el proceso electoral que lo eligió presidente, Trump ha hecho saltar chispas en su propio país y entre sus partidarios. A su regreso a Washington se ha producido una explosión de rechazo en un amplio sector de los medios de comunicación, como lo declarado por el senador McCain: “Ningún otro presidente se ha rebajado tan abyectamente ante un tirano”.

Mientras para Trump el encuentro con Putin fue “un provechoso diálogo”, el presidente ruso lo calificó de “sincero y útil”. Solo el paso del tiempo permitirá conocer si Trump ha salido beneficiado o perjudicado ante su propia opinión pública. Sin embargo, los votantes que le llevaron al poder en 2016 le apoyan en todos sus esfuerzos por perturbar el statu quo mundial en favor del interés primordial de EE.UU. y, como aseguraba un asesor de la campaña electoral de Trump, “sus bases piensan que hubiera sido grosero e inútil estar tan cerca del presidente ruso y llamarle mentiroso”.

Si Trump sigue desarrollando su tan atípica y voluble política exterior y además se hace en 2020 con un nuevo mandato presidencial, muchas cosas habrán de cambiar en Bruselas si Europa desea seguir ocupando un lugar digno en el concierto internacional.