Sencillamente, interés

 

Desde hace unas semanas ha habido un gran esfuerzo por parte del Gobierno, a lomos de la casi totalidad de medios nacionales, para dejar claro que Europa en su conjunto y España en particular no iban a tolerar que un país dirigido por un líder represor pasase por encima de la soberanía de un pueblo y se anexionara territorios mediante la fuerza. El viernes se hacía pública la nueva postura del Gobierno con relación a Marruecos y el problema del Sahara Occidental. Complicada tarea la de mantener el discurso.

Al hilo del artículo que publiqué recientemente en este foro (preguntas y reflexiones sobre la guerra), reitero la idea de que se analizan los hechos con diversas gafas desde la opinión publica o desde los despachos. La política, y sobre todo la del plano internacional, requiere tomar decisiones que poco o nada tienen que ver con los valores. Se rigen tan solo por una premisa; el interés. En su mejor versión es por interés nacional, en la más retorcida por intereses particulares travestidos de intereses del país. El discurso moral se construye como papel de regalo para envolver decisiones tomadas desde otra perspectiva y dejarlas bonitas para regalar al ciudadano. Es importante contar con el apoyo popular, que al final es quien empujará hacia una dirección u otra, pero este apoyo se puede moldear a posteriori, casi siempre. Somos una sociedad acostumbrada a la idea hollywoodiense de que las decisiones se toman en un marco moral, tras discursos épicos con fondo de viento metal donde nadie interrumpe al orador espontáneo. Se han esforzado mucho porque esta visión perdure. Nos cuesta comprender que la decisión de mandar tropas a un país e ignorar otro con idéntica problemática se basa únicamente en el interés derivado de esta acción para nosotros mismos. Eso no encaja con el ideal caballeresco que todavía perdura en nuestro imaginario.

El referente occidental, EE.UU., nunca ha tenido reparo alguno en apoyar acciones cuestionables fuera de sus fronteras si estas le beneficiaban dentro de ellas. Todavía resuena la frase de Roosevelt “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, en referencia al dictador Somoza de Nicaragua. No es el primer ni último dictador al cual ha apoyado el gobierno americano por el bien de la nación de las barras y estrellas. El departamento de Estado siempre se ha compuesto de personas donde el pragmatismo es religión. Esto no es un alegato de los que se etiquetan como antiimperialistas, pues cualquier Estado puede ser mirado con la misma lupa. Dudo mucho que cuando China pone bota en Yibuti, país que muchas personas no sabrían situar en el mapa, sea por el bien de sus gentes. El único interés es su situación geográfica privilegiada, con control absoluto de la puerta del mar rojo. Poco le quita el sueño porque mueran sus habitantes. Ya construirá después su discurso de grandeza nacional y fin del siglo de humillación. Eso todo lo justifica, por lo que parece.

En cuanto a nuestra casa se refiere, la decisión del Sahara puede tener múltiples aristas. En primer lugar, no puedo dejar de señalar que nuestro ministro de exteriores tiene una cualidad admirable, que comparte con su predecesora en el cargo, de hablar durante un buen rato sin decir nada claro. Qué dominio de la tortilla dialéctica, cuando se trata un tema y se responde a otro sin que el pulso se vea afectado.

Se ha optado por abandonar al pueblo saharaui para cubrir las espaldas europeas con la migración de miles de personas de fondo. Otro discurso que cae; ahora que las vidas de aquellos que huyen de la guerra parecían cobrar importancia nos dicen que las guerras africanas suenan diferentes. Contar con el apoyo de Marruecos para hacer de tapón es imprescindible. Su población no muestra el mismo grado de sensibilización frente a la brutalidad contra los inmigrantes, no por inhumanidad, sino porque esa mano dura también puede caer contra el que manifieste disconformidad. Nos quitamos “un problema”, con el precio a pagar de la incoherencia de discurso y renunciar a la causa del pueblo saharaui. Mohamed VI, amo y señor del grifo migratorio para Europa del sur, gana su partida. No puedo quitarme de la cabeza esos grupos sicilianos que se ofrecían a protegerte de ellos mismos. Para nuestro amigo del sur no es nada personal, son solo negocios. Para vender bien el producto, promete autonomía en la región. Lo que mirado de cerca significa que les dejará administrarse dentro de un corsé apretado prefijado por él mismo y bajo supervisión militar marroquí. Eso sí, las materias primas del suelo saharaui son de gestión directa marroquí, que al final es la clave de todo. No se vaya a confundir nadie y piense que a Rabat le preocupan las gentes del territorio, lo importante e intocable es lo que se esconde bajo tierra.

Muchos analistas también han destacado la inseguridad que podría acrecentarse de crearse un estado saharaui débil a merced de los grupos yihadistas del Sahel. Esos grupos que ganaron fuerza cuando comenzaron a adquirir las armas que occidente envió a la guerra de Libia, son un autentico quebradero de cabeza presente y un problema que aspira a crecer. No se puede pasar por alto ese detalle; cuando se mandan armas sin tener muy claro en qué manos acaban, se pierde la trazabilidad y seguramente acaben en manos indeseadas suponiendo un problema futuro. Este escenario no resta para que este pueblo pueda optar a la independencia y que el problema del terrorismo yihadista sea tratado como problema de la comunidad internacional.

Otro punto que merece ser destacado es que estamos jugando en un patio muy movido. Marruecos y Argelia no son precisamente los mejores vecinos del mundo. Su rivalidad no ha desaparecido desde la década de los 70 y va reapareciendo cada poco tiempo. El último episodio, corte de gas por parte de Argelia a Marruecos y bombardeo de este último a varios camiones mediante dron, ha puesto la región en máxima tensión. Para nosotros esto es crucial, pues nuestro suministro de gas depende en gran parte del conducto que proviene de Argelia. Acercarse a Marruecos puede repercutir en nuestra relación con su rival. Desconozco, claramente, las conversaciones que se mantuvieron recientemente durante la visita de Sánchez a Argelia, y todas las que se estarán desarrollando a la sombra, pero espero encarecidamente que se haya dejado bien atado este tema. Sería un tropiezo monumental en el plano de las relaciones internacionales por nuestra parte poner en peligro el suministro de gas (justo ahora), haciendo un mal calculo de relaciones y los tiempos. Como he dicho, confió en la diplomacia a la sombra, por el bien de la península.

Puede que el lector piense que son líneas trazadas con una perspectiva muy negativa de la humanidad. Créanme cuando les digo que el primer esfuerzo cuando me enfrento a un análisis es hacerlo con las gafas cargadas de humanidad, pero pronto comprendo que no comprendo realmente nada. Después me pongo las gafas de montura congelada, que permiten ver desde una perspectiva de interés y comienzo a comprender por qué pasan las cosas y, hasta donde la información que puedo recopilar me deja, por qué se toman las decisiones. No justifico nada, solo me limito a querer comprender.