Lecciones de la UMD

Publiado en infolibre.es

La reciente entrega de los galardones “Capitanes de la Democracia” y “Bernardo Vidal” por parte del Foro Milicia y Democracia al que me enorgullece pertenecer y que es heredero de los valores que informaron a la Unión Militar Democrática (UMD) me ha llevado a preguntarme por qué un civil antimilitarista se ocupa y preocupa por asuntos militares. Vaya por delante que no soy experto en esos temas, más allá de haber nacido en una España en la que el paisaje estaba ocupado por uniformes y sotanas hasta el punto de que era difícil a veces separar a unos y otras, y haber hecho un servicio militar en el que aprendí más de recadero, camarero y mozo de cuerda que de cuestiones militares.

También aprendí lo que en el seno de ejército se pensaba de la democracia y asistí atónito a ver cómo un teniente coronel llamaba “traidor” y “cobarde” al fascista Girón por haberse presentado a las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. Podemos imaginar qué pensaba del resto de candidatos. Y sus palabras era refrendadas con signos y gruñidos de aprobación entre los asistentes a esa reunión (en la que yo actuaba como camarero, otra de las funciones que aprendí a desempeñar en mi afortunadamente corto pase por la milicia), todos militares de alta graduación, de comandantes a coroneles, con algún capitán y un general entre ellos.

Por eso la distinción “Capitán de la Democracia”, otorgada a “…los que hayan contribuido de forma relevante, a lo largo de su trayectoria personal o de forma puntual, a la defensa de los derechos humanos, fomento de la paz, de la libertad y de la solidaridad y a fortalecer el vínculo de la sociedad con sus Fuerzas Armadas en torno a los valores constitucionales” y el premio “Bernardo Vidal” otorgado a quienes sean acreedores de los mismos atributos anteriores y además hayan “… desempeñado con brillantez y reconocimiento general sus tareas profesionales”, suponen para mí una reflexión acerca de los valores que la historia de la UMD nos transmite, y en especial cuáles son, para mí, esos valores que deberían estar presentes en todo ejército para ser realmente democrático o, para ser más preciso, el ejército de una sociedad democrática. Y aprovecho esta columna que me brinda el blog FMD en infoLibre para glosarlos.

Patriotismo

Hay muchas formas de entender la patria. Para mí es un mero accidente, ya que tiene que ver con la suerte de haber nacido en un lugar o en el seno de una familia ligada a ese lugar (muchos militares que conozco han desarrollado sus funciones de representación y defensa de España fuera de nuestras fronteras, donde han tenido hijos cuya nacionalidad no se ha determinado por el ius soli sino por la nacionalidad de sus padres) y que por tanto es aleatorio. Las posibilidades de nacer en un país u otro son realmente grandes. Nacer en España es pues casi un accidente (como nacer en cualquier otro país).

Pero una vez nacido en un país, la noción de patria del mismo puede verse informada desde dos puntos de vista: el territorio o los habitantes que conforman ese país. Desgraciadamente el punto de vista mayoritario es el de territorio, y así se habla en nuestro país de “la unidad de España” como un valor inamovible, haciendo remontar nuestra nación a momentos históricos en los que el concepto “nación” no existía, y aún más, a momentos en los que la unidad real política y territorial tampoco. Y los habitantes de los territorios de las diferentes coronas, lógicamente, carecían del concepto de “ciudadanos” que sólo surge a partir de la revolución francesa y se consolida en el siglo XIX.

Yo soy partidario del concepto ligado a los habitantes. Un país lo conforma no tanto su territorio cuanto los intereses comunes de quienes lo habitan. Y en este sentido la UMD fue profundamente patriótica, ya que su interés no se centraba en un territorio o en una clase (la militar) que informara el derecho del ciudadano, sino en la forma en que esos ciudadanos participan en la vida y el desarrollo de su país. Y así aquellos militares cuya ideología, me consta por haber tenido la fortuna de conocer a muchos de ellos y haber compartido horas de trabajo en el FMD, era diferente y diversa, dejaron de lado sus diferencias ideológicas concretas para centrarse en una necesidad imperiosa de España: la democracia. Por su advenimiento lucharon, se jugaron (y perdieron) sus carreras militares e incluso sus vidas porque en los coletazos finales del franquismo se tiraba de condena de muerte con facilidad inusitada. Pensaron en su patria (en los ciudadanos que la conforman) antes que en sí mismos.

Honor

Su compromiso fue luchar por la instauración de la democracia, sin visiones partidistas, y una vez aprobada la Constitución, hicieron honor a sus planteamientos y disolvieron la UMD. ¿Cuántos grupos sociales y políticos se disuelven una vez conseguidos sus objetivos? ¿Cuántos hacen honor a su ideario y, concluida su tarea, pasan a formar parte de otros colectivos? ¿Cuántos han cambiado sobre la marcha aquellos fines y premisas que informaron su constitución para mantenerse contra viento y marea, creyéndose depositarios de quién sabe qué valores eternos?

No desde luego la UMD, que, alcanzados sus fines, no se mantuvo luchando, por ejemplo, por la reintegración a la carrera militar de sus miembros separados injustamente de la misma. La Ley de amnistía no corrigió aquel desafuero. Se aplicó a torturadores del régimen franquista sin ningún problema e incluso a terroristas sin delitos de sangre. Pero se aplicó parcialmente a quienes lucharon por la llegada de la democracia desde el estamento más conservador de los “valores” franquistas, un estamento donde la disciplina lleva en muchas ocasiones al autoritarismo más feroz. Haciendo honor a su palabra, alcanzada la democracia (al menos de forma nominal porque todos sabemos que la democracia no es un elemento fijo, sino que se desarrolla con la acción de los ciudadanos mediante su participación y sus votos) se disolvieron sin más ruido, sin más exigencias.

Compañerismo

No hubo delaciones entre ellos. Es más, a quien se libró de la detención por estar fuera de España se le pidió que no volviera (pese a que deseaba hacerlo) para evitar su detención y se le encargó la difusión del ideario de la UMD en la Europa democrática y entre los opositores al régimen franquista, lo que hizo de forma escrupulosa alejándose de cualquier consideración partidista. Y eso que, sin contar con su propia ideología, recibió muchas y buenas palabras y ofertas si se inclinaba por una militancia partidista de la UMD, a lo que se negó manteniendo el espíritu de todos los compañeros a los que les unía como fin primero la democratización de la España oscura de los años de mandato del “funeralísimo” (como muchos llaman al ferrolano) y motivo último de su trabajo en común.

Los interrogatorios fueron duros. Ninguno ha hablado a fondo de ellos pero conociendo cómo se las gastaba el régimen con los disidentes no es difícil imaginar en qué condiciones se desarrollaron esos interrogatorios. Sí cuentan anécdotas chuscas sobre presuntos códigos ocultos en canciones cuartelarias con las que se animaban unos a otros de celda a celda y sus respuestas en los interrogatorios acerca de las mismas. Y, a pesar de sus diferencias ideológicas, siempre mantuvieron una profunda amistad, una camaradería que trascendió a los caminos diferentes que cada uno de ellos tomó una vez disuelta la UMD y puestos los principios necesarios para una democracia en España, aunque el devenir del tiempo les alejara a veces.

Democracia

Este fue el pegamento en la UMD, la ineludible obligación de todo demócrata: luchar por la democracia en su país. El significado de esa democracia era diferente para cada uno de ellos, pero fueron capaces de algo de lo que por desgracia ahora manifestamos nuestra incapacidad: llegar a una base común desde la cual desarrollar cada uno su propio proyecto en democracia. Alcanzar esa base común fue sin duda un logro enorme, porque les unió con una parte importantísima de la ciudadanía en una aspiración común.

Y eso viene de nuevo a traerme a la cabeza mi empeño en conseguir que los militares sean ciudadanos de uniforme, con todos sus derechos intactos en tiempos de paz y colaborando codo con codo con la parte civil como integrantes de pleno derecho de la sociedad. Los militares, como cualquier otro miembro de los estamentos de la sociedad, no nacen fuera de la sociedad, así que no existe ninguna razón, si no tienen que desarrollar su profesión en tiempos o zonas de conflicto, para despojarles de parte de sus derechos ciudadanos. Es más, la visión positiva que tiene la ciudadanía del ejército tiene que ver sin duda con actuaciones que casi podríamos denominar “civiles”, desde las misiones de pacificación y colaboración en el extranjero hasta las actuaciones en catástrofes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) cuya colaboración es muchas veces imprescindible para atajar devastaciones, en coordinación con las autoridades civiles y la población.

Hay, claro está, muchos más valores que se derivan directa o indirectamente del ideario de la UMD, como son el respeto por los diferentes y las ideas democráticas en toda su extensión, o la concepción de lo militar como un elemento más de la sociedad del país, fortaleciendo el vínculo entre Fuerzas Armadas y la sociedad a la que protegeno el respeto y la lucha por los derechos humanos, inherente a cualquier democracia, o el fomento de la paz como primer fundamento de toda acción militar.

Todos estos valores y muchos más están incluidos implícitamente en el ideario de una asociación cuyos miembros no dudaron en abandonar la comodidad de sus puestos obtenida con su propio esfuerzo y dedicación, para tratar de darle a sus conciudadanos los derechos básicos de una democracia. Quedan hoy algunos (pocos) de aquellos demócratas y no son sino un espejo donde mirarse para que las Fuerzas Armadas alcancen ese grado de integración que hoy se les niega a muchos de ellos. Un espejo en el que lo civil y lo militar caminan de la mano en aras de la libertad y la democracia de un país, huyendo de soflamas intervencionistas, como desgraciadamente se oyen de vez en cuando de nostálgicos del ordeno y mando que caracterizó toda una época negra. Ese periodo duró prácticamente un siglo si unimos las dos dictaduras sufridas en España (como creo que debemos hacer porque sobre la II República siempre pesó la sombra alargada de Primo de Rivera y sus camaradas autoritarios) durante el cual nuestro país sufrió un atraso considerable, del que es difícil salir porque en los aparatos del Estado siguen enquistados personajes con ideologías autoritarias y una visión patrimonial de la patria y sus ciudadanos.

Hoy más que nunca, en este tiempo en que las ideologías autoritarias de corte populista arrasan en nuestro entorno, es necesario recordar el Patriotismo, el Honor, el Compañerismo y la Democracia que encarnaron los militares de la UMD y luchar por el restablecimiento de esos valores. Por una democracia justa y plena y un país de ciudadanos conscientes.

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