La paz es antisistema y el militarismo no.

Publicado en ElsiglodeEuropa.es

 

Según expertos del SIPRI, el gasto militar llegó en 2017 hasta los 1.739 billones de dólares un 1,1% más que en 2016, Para ellos, “la persistencia del elevado gasto militar es un grave motivo de preocupación porque mina la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos de todo el mundo”.

La pregunta al título de este artículo sería: ¿y por qué es así? Pues la respuesta es muy sencilla. La paz sigue siendo considerada como antisistema dentro de los dualismos que nos hemos prefabricado. Y la guerra, como está en todas partes, siempre será considerada como que forma parte del juego, que forma parte del sistema. Pero eso sí, con una premisa fundamental: que ese juego se desarrolle fuera de nuestro territorio. En nuestro territorio sólo estará permitido, y propiciado, que se juegue con el militarismo, una cultura que alimenta y posibilita la violencia. Una violencia que nos va a proporcionar titulares, fotos, cierto morbo…, y nos va a permitir fabricar cosas como “la madre de todas las bombas”.

Frente a esta cultura militarista, la paz sólo será tolerada como discurso, como la típica opción ñoña que refuerza la presencia “evidente e ineludible” de la guerra… Pero siempre será cuestionada.

En cambio, la guerra nunca se cuestiona (sólo si se “visibiliza demasiado”, si “hay excesos”). Es un juego en el que no hay nombres, sólo números, estadísticas, industria, economía…, datos de los que sólo hablan los expertos y que a veces, en su jerga, se refieren a un número de víctimas “intolerable”. Si alguien se pregunta cuál es el umbral para esa tolerancia, la respuesta está clara: cuando esas víctimas sean las nuestras.

Entre los datos que maneja esa expertocracia hay que destacar las nuevas cifras publicadas recientemente por el SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) sobre el gasto militar. Este gasto llegó, en 2017, hasta los 1.739 billones de dólares con un incremento del 1,1% en términos reales respecto a 2016, representando el 2,2 % del Producto Interior Bruto (PIB) global o 230 dólares por persona. Unos expertos que vuelven a insistir, un año más, en que “la persistencia del elevado gasto militar es un grave motivo de preocupación. Mina la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos de todo el mundo”.

Como puede observarse, ni el más mínimo cambio con lo declarado en años anteriores y, por lo tanto, una noticia que dejará pronto de serlo para los medios de comunicación.

Pero el motivo de preocupación sigue siendo el mismo, las mentalidades militaristas de algunos “líderes civiles” y las políticas que, con intereses claramente bastardos, tratan de imponer. La solución pasa por desmentir, de una vez por todas, a Clausewitz, porque la guerra no “es la política por otros medios”. La guerra y, en definitiva, la utilización del instrumento militar en la resolución de conflictos es el fracaso de la política, es la antipolítica.

Lo que habría que propugnar es que de la misma forma que algunos alimentan y se empeñan en la construcción de la guerra, puede hacerse con la paz. La paz hay que construirla y, por tanto, alimentarla con medios, recursos, voluntad y determinación política. Ojalá fuéramos capaces de crear “una industria de la paz”. Una industria que no tiene por qué ser un objetivo utópico, ni una opción ñoña, sino una posibilidad que sólo necesita recursos y que se la trate, como los militaristas hacen con su antónima, como sistémica. Y con la certeza, en este caso, de que sería rentable en todos los sentidos, política y económicamente.

La paz necesita medios. Y esos medios se aprenden, se enseñan, se comparten, se perfeccionan…, en la familia, en la escuela, en el barrio, en el pueblo, en la ciudad…, con políticas transversales (económicas, sociales, impositivas…), porque la paz es cultura y no se restringe a la ausencia de la guerra.

Una cultura, unos valores, una educación,… que se construye en todas partes. Una cultura que no está restringida, ni debe ser impartida, por un solo Ministerio.

La paz y los valores asociados a ella, pueden enseñarse, claro que sí (y mucho mejor que una cultura de Defensa) porque, como decía Einstein, “la paz no puede conservarse por la fuerza, sólo puede instaurarse en el pensamiento”.

Y en eso deberíamos estar, frente a los “militaristas sistémicos”.

juliorodriguez

General del Aire (Rt), antiguo Jefe del Estado Mayor de la Defensa. Actual Secretario General de Podemos en Madrid.