La Madre Tierra sufre una sobrecarga

Publicado en Republica.com

Con pocos días de diferencia, he tenido ocasión de estudiar dos textos de muy distintos autores que, sin embargo, coinciden en un planteamiento que puede ser fundamental para el futuro humano en estos días de zozobra e inseguridad.

Uno de ellos, titulado “Coronavirus, autodefensa de la propia Tierra”, es producto del pensamiento de Leonardo Boff, teólogo, filósofo, profesor y ecologista brasileño, sobradamente conocido por los lectores y vinculado a la “Teología de la liberación”. El otro está elaborado por Michael Klare, a quien he aludido en varias ocasiones en mis comentarios sobre política internacional; prolífico escritor y analista estadounidense sobre cuestiones de paz y seguridad, ha publicado en la web de tomdispatch.com el ensayo “El planeta vengador: ¿Es la pandemia Covid-19 la respuesta de la Madre Naturaleza a las transgresiones humanas?” (traducción de A.P.).

Como se deduce fácilmente al comparar ambos títulos, la hipótesis planteada por ambos está clara. La expansión del nuevo virus que se propaga por todo el planeta y la emergencia climática que estamos padeciendo tienen un mismo origen: la sobrecarga a la que la actividad humana está sometiendo a nuestro hábitat.

Cuando se sobrecarga la red eléctrica doméstica por activar demasiados electrodomésticos a la vez, se “funden los plomos” o “salta el automático” y nos quedamos sin luz. Cuando en los viejos tiempos el 600 familiar, cargado con padres, niños, perro y maletas, empezaba a echar humo en lo alto del puerto de Navacerrada, había que parar porque se había sobrecargado su escuálido motor. Y cuando, transportando pesados muebles, se sobrecarga el cuerpo de quien lo hace, surgirá la hernia que paralice toda su actividad.

La hipótesis de ambos comentarios es que el sistema ecológico en el que vivimos está siendo sobrecargado por la nociva actividad humana, acelerada en los últimos siglos, y tanto la emergencia climática como la pandemia del Covid-19 nos están avisando de que “no podemos seguir tal como nos estamos comportando. En caso contrario, la propia Tierra se librará de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el sistema-vida”.

“Sacamos de ella más de lo que puede dar. Ahora no consigue reponer lo que le quitamos. Entonces da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, calentándose de manera creciente, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones devastadoras”. (Boff)

Klare, por su parte, recuerda que “los científicos han demostrado que el impacto humano en el ambiente, en especial el uso de combustibles fósiles, está produciendo ciclos de realimentación que dañan gravemente a los pobladores terrestres, como tormentas extremas, sequías permanentes, incendios masivos y reiteradas olas de calor cada vez más dañinas”.

La interacción entre la actividad humana y el comportamiento del planeta ya no se puede poner en duda. La Tierra es una matriz compleja de sistemas vivientes e inorgánicos que, en estado natural, se mantienen en un equilibrio estable. Si alguno de ellos es destruido, el resto del sistema actúa para restaurar el equilibrio y la forma en que lo hace nos resulta desconocida e imprevisible.

Algunos de esos efectos son graduales pero otros pueden aparecer súbitamente, como el coronavirus, y son capaces de generar enormes perturbaciones en la vida humana: “Podría pensarse -dice Klare- que la Madre Naturaleza advierte: ‘¡Alto! No traspasad este punto o habrá consecuencias terribles’”.

Quizá lo que la humanidad necesite ahora sea una política de “coexistencia pacífica” con la Madre Tierra, que permita que un elevado número de seres humanos siga viviendo en ella, pero respetando unos claros límites en su interacción con la ecoesfera. Seguirá habiendo inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, pero a un ritmo natural, como en la era preindustrial.

Para ambos autores, la pandemia del Covid-19 debería servir como una llamada de aviso de lo que puede suceder. Boff concluye así su demoledor comentario: “¿Seremos capaces de captar la señal que el coronavirus nos está enviando o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo la Tierra, autohiriéndonos en el afán de enriquecer?”.

El futuro no está escrito, se suele decir; lo escriben los pueblos. Pero lo hacen dentro de los límites que establece la Madre Naturaleza y que con frecuencia esos mismos pueblos desdeñan o ignoran. Esto puede ser una cuestión a reflexionar en estos días de reclusión doméstica.

Enlaces con ambos artículos, para lectores interesados:

  1. Klare:http://www.tomdispatch.com/post/176683/tomgram%3A_michael_klare%2C_what_planet_are_we_on/#more
  2. Boff:https://www.alainet.org/es/articulo/205521