La guerra es un camaleón

Publicado en Infolibre.es

La guerra contra el terrorismo que inició el presidente Bush hace más de 18 años invadiendo Irak, y que él mismo dio por concluida el 1 de mayo de 2003, cuando enfáticamente declaró “¡misión cumplida!” a bordo del portaviones Abraham Lincoln, sigue causando muerte y destrucción, aunque casi nadie la siga llamando “guerra” y, sobre todo en EEUU, haya desaparecido prácticamente de las preocupaciones populares.

Realmente no se puede aplicar esa palabra a enfrentamientos como los que estamos observando en esta época. Véase un reciente ejemplo. Hace unas semanas, el presidente Biden autorizó personalmente tres ataques aéreos contra unas milicias iraquíes apoyadas por Irán, que operaban próximas a la frontera sirio-iraquí. Según informaciones de diversas fuentes, murieron varios miembros de esas milicias y resultó también dañada la población civil en Irak.

La reacción a ese ataque no se hizo esperar: las milicias iraquíes respondieron al día siguiente lanzando misiles contra una base estadounidense situada en Siria. Este es el extraño modo como se desarrolla la conflictividad que enfrenta a EEUU con el pretendido terrorismo iraní.

No es preciso consultar un mapa de la zona para comprender lo enrevesado de la situación. Ya no hay frentes de combate ni líneas de contacto claramente definidas. No se lucha en territorio de Irán ni en EEUU, pero mueren terroristas apoyados y entrenados por Irán y reciben fuego enemigo los soldados estadounidenses desplegados en el extranjero. Oficialmente no hay guerra entre ambos países, aunque desde el punto de vista de los combatientes implicados en la acción los efectos resultan similares a los de cualquier guerra: fuego, muerte y destrucción.

En realidad, este modo de luchar no hace distingos entre lo que propiamente se llama guerra y lo que podrían calificarse como actos hostiles, actos que en pasadas circunstancias históricas hubieran conducido irremisiblemente a una declaración formal de guerra.

Más delicada es la cuestión de cuáles son las bases legales en que se apoya la acción de Biden para atacar en territorio iraquí sin la autorización de Bagdad, cuyo Gobierno ha protestado oficialmente por ello, alegando una violación de su soberanía. Hecho tanto más sorprendente en cuanto que es bien conocida la relación amistosa que vincula al presidente Al-Kadhimi con Washington, que sigue manteniendo un contingente de tropas estadounidenses en territorio iraquí.

En relación con este caso, la analista estadounidense Karen Greenberg ha escrito en The American Prospect: “Los ataques aéreos suprimen la diferencia entre la guerra y las hostilidades“, y añadió que “el rechazo a diferenciar globalmente entre la guerra y las hostilidades ha sido el elemento característico en la planificación de la guerra contra el terrorismo“.

De ese modo, además, al no hablar de guerra no se hace intervenir al Congreso, que es quien tiene la responsabilidad constitucional de declarar la guerra o la paz. Podríamos llegar a la conclusión de que este es el nuevo modo de hacer la guerra en el siglo XXI. Una misma guerra salta de un país a otro y de un enemigo a otro, a nadie sorprende y nadie la llama guerra.

Los que estudiamos Polemología a lo largo de nuestra carrera militar no podemos olvidar aquella expresión de Clausewitz que Raymond Aron desarrolló con perspicacia: “La guerra es un camaleón“, porque su aspecto cambia rápidamente en función de las circunstancias. Solo en el último medio siglo su transformación ha sido radical y, muy probablemente, lo seguirá siendo.