La emergencia climática desde el Despacho Oval

El martes de la próxima semana culminará lo que algunos han llegado a denominar “la elección mundial”, ese largo y complejo proceso electoral que va a decidir quién ocupará el despacho oval de la Casa Blanca washingtoniana a partir del 20 de enero de 2021.

Pasando por alto las posibles, pero no imprevistas, complicaciones que puedan dificultar o retrasar un relevo presidencial fluido y sin violencias, para los ciudadanos de EE.UU. el resultado tendrá un impacto directo en sus vidas tras los anómalos años del trumpismo, pero no menos importante va a ser el efecto sobre los demás países.

En anteriores comentarios he aludido ya a varios aspectos críticos de la situación mundial que multiplican la importancia que este proceso electoral tiene para todo el planeta. Una humanidad sumida en una mortal pandemia, donde se siguen perfeccionando las armas nucleares y deteriorando muchas instituciones esenciales para la democracia; donde los fanatismos políticos o religiosos siguen azuzando odios y vertiendo sangre; donde crece la brecha que separa a la pobreza de la riqueza; y, por último, un planeta sobre el que se cierne una emergencia climática cuya gravedad parece pasar desapercibida ante los renovados y acuciantes problemas del día a día.

Los esfuerzos universales por reducir el calentamiento global del planeta van a depender en gran modo de quién sea la persona que tome el timón en EE.UU. Los importantes acuerdos de París fueron torpedeados por Trump, quien en 2017 afirmó que “son un obstáculo para la economía de EE.UU. aunque sean alabados por los mismos Estados que siempre han intentado enriquecerse a nuestra costa. Ellos no ponen primero a EE.UU.: yo lo hago, siempre lo haré”.

Uno de los principales negociadores británicos en los Acuerdos de París ha declarado que si gana Biden, éste convocará una conferencia en la que participará China. Se apoyará en sus principales aliados y se reanudará un impulso como el que se inició en París. Por el contrario, afirmó, Trump no hundirá por completo la lucha contra la emergencia climática pero la entorpecerá y hará muy difícil alcanzar resultados eficaces: “Si el primer contaminador del planeta [China] y el segundo [EE.UU.] no participan a fondo en este esfuerzo, Europa no podrá impulsar el proceso y pocos serán los países que participen en él”.

En sus últimas intervenciones ante la Asamblea General de la ONU, Trump no animó a combatir la emergencia climática sino que atacó “la contaminación rampante de China”, pocos minutos antes de que ante la misma audiencia Xi Xinping anunciara al mundo que China frenaría la contaminación antes de 2030 y la reduciría del todo hacia 2060.

Merece la pena terminar este comentario reproduciendo unas palabras del candidato Biden: “Cuando Trump piensa sobre el cambio climático, su idea es: ‘un engaño’ [recordando los absurdos comentarios del Presidente al respecto]. Cuando yo pienso en ello, mi idea es: ‘puestos de trabajo'”. Se refiere a los nuevos y numerosos empleos que creará la necesidad de explotar al máximo las energías renovables y reducir del todo las emisiones contaminantes, según su anunciado plan, que implica invertir unos dos billones de dólares.

En todo caso, habrá que esperar al 20 de enero de 2021 para escuchar en palabras del presidente de EE.UU. lo que el mundo puede esperar de su país en el futuro inmediato.