La democracia o nada

La Presidenta de la Comunidad de Madrid ha decidido, aconsejada por sus oráculos, que en las próximas elecciones del 4 de mayo en lugar de confrontar opciones políticas democráticas, modelos de gestión de la pandemia o propuestas de futuro para la salud, la economía, la educación, la vivienda, la dependencia o la política tributaria, ha optado por reducir el debate a una cuestión cuasi teológica. Los futuros votantes tienen ante sí un dilema. Según su peculiar percepción de la historia y la cultura política, solo existe una alternativa: “libertad o socialismo/comunismo”. Es decir: “Dios o Satanás”.

La Sra. Díaz Ayuso tiene una gran versatilidad para cambiar las disyuntivas, según el devenir de los acontecimientos. En principio, la alternativa heterodoxa a la libertad era el socialismo. Ante la decisión de Pablo Iglesias de irrumpir en la campaña de las elecciones, decidió, sobre la marcha, sustituir el eslogan. Quizá pensaron sus mentores que denigrar el socialismo tendría poco calado, porque la sociedad española había comprobado que era perfectamente posible entregar el poder a gobiernos socialistas sin que se resquebrajasen los cimientos de la democracia y la convivencia. Sin embargo, el comunismo es un viejo demonio familiar que cultivó con esmero la dictadura del general Franco y supone que le va a resultar más rentable. Parodiando al genial Groucho Marx, debió pensar: “Estas son mis propuestas, si no les gustan tengo otras”.

No seré yo el que desprecie la capacidad de Isabel Díaz Ayuso para situarse en el primer plano de la política y ocupar espacios que algunas veces le regalan sus oponentes. Los adversarios políticos que presenten sus candidaturas deberán tener en cuenta que contestar a sus ocurrencias, con generalidades como la defensa de la sanidad y de la educación pública, no es suficiente para poner al descubierto la absoluta falta de solidaridad que encierran sus decisiones presentes y sus propuestas futuras.

Es un dato contrastado que durante los sucesivos gobiernos del PP se han cerrado muchos centros de salud en detrimento de la sanidad pública y se ha fomentado la construcción de hospitales que su predecesora, Esperanza Aguirre, tiene el desparpajo de considerarlos como una oferta pública, posición a la que no es ajena la actual Presidenta. En mi opinión la contraoferta electoral no puede ser genérica y abstracta. Se debe atraer al futuro votante cuantificando e identificando los centros de salud y los colegios que se han cerrado y cuantos se propone abrir. En materia de vivienda habría que recordar el escándalo de la venta de viviendas sociales a los denominados fondos buitre, aunque se trate de actuaciones del Ayuntamiento de Madrid.

Según los científicos, cuyas opiniones han sido avaladas por la Organización Mundial de la Salud, la primera línea de protección frente a la expansión del virus covid-19 hubiera sido una adecuada y eficiente infraestructura de Atención Primaria, rastreadores y test suficientes para conocer la dimensión de la pandemia y tratar de reducir su impacto. No parece que la Comunidad de Madrid haya sido un ejemplo de eficacia en la instauración y desarrollo de estas medidas.

No creo que a estas alturas nadie pueda objetar, sin el riesgo de caer en el disparate, la necesidad de la declaración del Estado de Alarma. Las primeras consecuencias drásticas fueron el confinamiento domiciliario, seguido de una serie de medidas flexibles para evitar impactos secundarios sobre la salud física y mental de los afectados. La inmediata reacción del Partido Popular fue la de considerar que la medida era inconstitucional y lo que es todavía más grotesco, equivalía a la implantación de un Estado autoritario. Han planteado un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional que todavía no se ha pronunciado sobre esta petición, tan extravagante como injustificable.

Llegado el fin del periodo máximo de implantación del inicial Estado de Alarma, se renovó con una variante que, en opinión de muchos, salía al paso de estas acusaciones de concentración de poder y confiaba, según el cuadro de competencias establecido por la Constitución, la gestión de determinadas medidas, que podrían incluso afectar a derechos fundamentales, a las decisiones de las Comunidades Autónomas. Existe un organismo de Coordinación Interterritorial que ha funcionado razonablemente y ha conseguido armonizar las medidas sanitarias, con la única excepción llamativa de la continua desobediencia de la Comunidad de Madrid, aferrada al viejo dicho: “Diga usted lo que quiera que yo me opongo”.

El concepto de libertad que tienen nuestros peculiares e inimitables “liberales” pasa por considerar que la libertad radica en hacer lo que a uno le dé la gana, aunque estemos en tiempos de pandemia y sea necesaria una actuación coordinada y solidaria. Nada tiene de extraño porque el creador de la Iglesia Aznariana, como predica El Gran Wyoming, ya dijo en su momento que quién era el osado que le iba a decir cuántas copas tenía que beber antes de ponerse al volante. Con este mensaje, es lógico que la Sra. Ayuso haya considerado que la mejor forma de cultivar y defender la “libertad” es atraer extranjeros sometidos a serias restricciones en sus países de origen, para que recobren su libertad al mismo tiempo que disfrutan de las innegables delicias de la hostelería madrileña. ¿Podría cuantificarnos los ingresos que han supuesto los miles de cañas de cervezas y gin-tonics que han consumido los franceses y europeos llamados a participar en el festín?.

Un ligero barniz de cultura política y un mejor conocimiento de la historia reciente podrían haber llevado a la Sra. Ayuso y a sus mentores a valorar la aportación de los comunistas españoles a la transición pacífica y su contribución a la redacción del texto constitucional que, de repente, tanto ama. El Partido Comunista español se alineó, hace muchos años, con la corriente eurocomunista, preconizada por Enrico Berlinguer, condenó las invasiones por la Unión Soviética de Hungría y Checoslovaquia y luchó para que nuestro país pudiese integrarse en el concierto internacional de las naciones libres.

Sra. Ayuso, no se trata de libertad o comunismo, según clichés estereotipados y apolillados. En la democracia caben también sus posiciones insolidarias, la socialdemocracia, el pluralismo político y el comunismo. Fuera sólo existe la dictadura.

En pleno renacimiento y esplendor de la dinastía de la familia Borgia, uno de sus personajes más relevantes, César Borgia, hijo del Papa Alejandro VI, hizo inscribir en su espada el lema: «Aut Caesar aut nihil», es decir «O César o nada». Según nos demuestra la Historia, su desmedida ambición y su falta de escrúpulos terminó en la  nada.

Por favor, Sra. Ayuso, no juegue con el lema libertad o comunismo. La libertad, según nuestra Constitución, es uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico pero de nada nos serviría si no va acompañada por la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Es posible que su eslogan sirva para amedrentar a ciudadanos inmaduros o atemorizar a los niños díscolos, como hacen con el duque de Alba en los Países Bajos. En realidad lo que está en juego el día 4 de mayo es la democracia o la nada.

PD.- Por cierto, Sra. Ayuso, muchas gracias por sus esfuerzos para devolverme la libertad. No sabía que la había perdido.

__________________

José Antonio Martín Pallín es magistrado emérito del Tribunal Supremo, comisionado de la Comisión Internacional de Juristas de Ginebra y abogado