Jesús Ynfante. In memoriam

 

 

Publicado en Manuelazana.org

A lo largo de los años he escrito unos cuantos artículos conmemorativos del inicio del golpe de Estado de 1936, de infausta memoria para nuestro país. Me veo pues relevado de la obligación de escribir sobre ello; para quien quiera aprender, o recordar, hay unos cuantos documentados trabajos que se pueden consultar por ahí.

JESÚS YNFANTE, In memoriam

Isabelo Herreros junto a Jesús Ynfante

No quiero dejar de pasar más días sin escribir unas líneas de recuerdo en torno a un amigo, Jesús Ynfante, fallecido hace un año, y que, a pesar de contar con una trayectoria, como periodista y escritor, reconocida dentro y fuera de España, no ocupó su temprana muerte ni una línea en los medios de comunicación nacionales. Resulta curioso, que una persona que tuvo relevancia y prestigio intelectual, y que había sido, en la década de los noventa, corresponsal de la agencia EFE en Bruselas, especializado en las políticas agroalimentarias europeas, no mereciera ni una breve noticia. Murió Jesús en su casa, en el pueblo gaditano de Los Barrios, localidad en la que residía desde hacía veinte años, como consecuencia de una serie de problemas de salud que se habían agravado, derivados de un episodio grave, un aneurisma cerebral padecido en 1996.

El nombre de Jesús Ynfante está asociado, para las generaciones que conocieron el franquismo, a un libro emblemático, publicado en 1970 en París por la Editorial Ruedo Ibérico, La prodigiosa aventura del Opus Dei. Génesis y desarrollo de la Santa Mafia. El libro fue editado en 1970, y supuso un auténtico acontecimiento político; su venta estaba prohibida en España, pero a pesar de ello circuló y mucho y sirvió también para avivar las guerras internas en el seno del régimen. El autor, un veinteañero, residía exiliado en París, tras haber sido detenido y encarcelado en España por actividades consideradas subversivas, y perseguido por el Tribunal de Orden Público. Como periodista estuvo vinculado, en aquellos años de exilio, a publicaciones como Le Canard Enchaine, donde se especializó en reportajes sobre los negocios sucios de la política francesa. De aquella actividad nació Un crime sous Giscard, escrito en francés. Estuvo en el equipo de investigación que, tras revolver literalmente en las basuras del Palais de l’Élysée, encontró pruebas concluyentes de los sustanciosos regalos que el dictador africano Bokassa hacía al presidente francés, el conocido como caso de los diamantes de Giscard d’Estaing. Aunque el escándalo estalló en 1979 lo cierto es que el semanario Le Canard llevaba varios años detrás de conseguir las pruebas. Otro libro, ya en la transición, pero también publicado por Ruedo Ibérico fue El Ejército de Franco y Juan Carlos.

Algo más que una casualidad le situó en el centro de una noticia de las más relevantes en las postrimerías del franquismo, fechada en París en octubre de 1975, y que tuvo consecuencias políticas; me refiero a la aparición pública de la Unión Militar Democrática, tras la detención en España de un grupo de oficiales, acusados por el régimen de graves delitos. Un joven capitán, piloto de reactores, José Ignacio Domínguez, compareció ante la prensa internacional, con su uniforme reglamentario, para dar a conocer a la opinión pública internacional la existencia en el seno del ejército español de un colectivo de jóvenes oficiales, comprometidos con la democracia y las demandas de libertad del pueblo español.  Detrás de la intendencia, de los contactos con la prensa y con las personalidades de la política y la cultura, se encontraba Jesús Ynfante, amigo de José Ignacio Domínguez desde los tiempos estudiantiles. Aquel golpe contra el agonizante franquismo fue mucho más importante que cualquiera de las habituales reuniones de la Junta Democrática, o los comunicados de Santiago Carrillo o Calvo Serer. Fue algo más que una vendetta del Ejército la imposición, aceptada años después por el PSOE, de no readmitir en el Ejército a los militares demócratas; estos, como es conocido, tuvieron que ganarse la vida como pudieron; en el caso de nuestro capitán de reactores, pudo, pasados unos cuantos años, ingresar como piloto en Iberia.

He querido citar el anterior dato de la biografía de Jesús Ynfante por dos razones, una por ser relevante, aunque el propio Jesús le restase importancia y otra, la de más calado para quienes se ocupan con rigor de documentar la historia, por la disonancia que supuso, en particular para la oposición domesticada, la aparición de algo que no conocían, lo que ponía en evidencia el escaso o nulo conocimiento que tenían del enemigo a batir, y de sus debilidades internas. El trazo grueso de las proclamas comunistas, en las que se hablaba de las contradicciones del capitalismo y de la caída por si solo del régimen franquista, no daban para mucho. El conocimiento que tenía la oposición del ejército, y del estado de opinión en su seno, no pasaba de lo anecdótico de las experiencias cuarteleras del llamado servicio militar, realizado por cierto en las milicias universitarias por los jóvenes nuevos socialistas,  o de algún que otro encuentro con educados militares de paisano, enviados a París por el CESEDEN, para evaluar la capacidad y fuerza de la oposición, y elevar informes a la superioridad, sobre la conveniencia de llegar a pactos del régimen con grupos de la oposición que garantizase la supervivencia de las oligarquías que habían sustentado al franquismo. De todos aquellos movimientos régimen-oposición en el París de 1974-1976 fue testigo privilegiado Jesús Ynfante, y su memoria privilegiada recreaba muchos años después lo ocurrido, si bien, embarcado siempre en nuevas aventuras y proyectos editoriales, no quiso dejar por escrito su testimonio e impresiones. No obstante, si que tenía una visión muy critica de la transición y elaboró a lo largo de los años un libro, aún inédito, que no encontró editor, y que lo titulaba provisionalmente La remonarquía española, fruto de su vitriólica mirada a lo que llamaba “la transición de nunca acabar”.

El desconcierto en la oposición fue tremendo, pero más grave fue la ausencia de solidaridad con los militares demócratas, sobre todo porque venían a alterar el guion pactado, y que era radicalmente distinto al que había dado como resultado la revolución de los claveles en la vecina Portugal. Un pacto no escrito marginó a los militares demócratas, que ni siguiera se vieron restituidos en sus puestos de trabajo; quedaron fuera de la Ley de amnistía. El conocimiento muy cercano de todo aquello hizo a Jesús Ynfante aún más escéptico en torno a la política española y, sus predicciones se fueron cumpliendo, es decir, el pacto de las oligarquías franquistas y la Iglesia Católica, con un Partido Socialista, gestionado por jóvenes sin memoria, hijos de familias del régimen, y dispuestos a renunciar a lo que fuere menester, con tal de repartirse el Estado con las oligarquías que habían sostenido el franquismo.

Conocí a Jesús Ynfante en Madrid, tras su vuelta del exilio, y poco después, en 1984, trabajamos juntos en el semanario satírico El Cocodrilo, que llegó a dirigir, después que lo hiciera su viejo amigo de andanzas en París, el también gaditano Andrés Vázquez de Sola. La prensa satírica era su pasión, y no entendía que no cuajase en nuestro país, cuando es algo normal en el resto de Europa. Periodista todo terreno, muy dado a la investigación, entraba siempre a fondo en los grandes escándalos de corrupción, como lo había hecho con Matesa o Rumasa, y lo hizo con el envenenamiento masivo del aceite de colza, lo que le reafirmó en su defensa del aceite de oliva, por encima de componendas políticas, por lo que en aquellos años llegó a tener buena relación con algunos grandes propietarios olivareros, que se defendían frente a la moda, de origen norteamericano, de importación de usos alimenticios basados en grasas de incierto origen.

Era Jesús muy independiente en el aspecto político, sin que por ello hiciese dejación de unas convicciones republicanas muy arraigadas, y que se fundían sin problema con lo que él llamaba su veta anarquista. Aunque en su etapa parisina, y también después, había pasado por etapas de penuria económica, siempre afloraba en su comportamiento una exquisita educación y formas, que ponían de manifiesto su origen, el de una familia de médicos gaditanos, liberales, y emparentados con el padre ideológico del nacionalismo andaluz, Blas Infante.

De su padre y de un abuelo guardaba documentación muy importante relativa a la presunta organización clandestina conocida como La mano negra, a la que se atribuyeron, en los años de la primera restauración borbónica, crímenes, incendios y saqueos; pero que en realidad fue una gigantesca construcción de pruebas falsas para reprimir a sangre y fuego al incipiente movimiento obrero anarquista. Se trataba para Jesús de proyectos que tenía para elaborar, como lo era su ensayo sobre la Gastrosofía, toda una construcción teórica de la gastronomía, a partir de su antigua afición a la historia de la cocina española. También era un defensor a ultranza del campo andaluz, de sus variedades de aceites, frutales, de sus quesos, y de todo lo que tenía que ver con la pesca sostenible, que defendía con pasión.  Resulta cuando menos curioso, el que una persona que pasaba por ser un izquierdista radical tuviera amistades en todos los ámbitos políticos, y cito en este caso al marqués de Eliseda, también conde los Andes, celebre gastrónomo gaditano, fallecido en 1978, que firmaba sus crónicas en ABC como Savarín; el conde había combatido en la Guerra Civil en el bando “nacional” y era un luchador infatigable por la causa monárquica durante el franquismo, lo que le valió varias detenciones y encarcelamientos. Precisamente era el aristócrata el principal divulgador de esta teoría de la Gastrosofía, un concepto sobre el que cruzaba correspondencia con Jesús, con quien mantuvo a lo largo de los años amistosos encuentros, primero en París y más tarde en España.

Antes, durante y después, dedicó mucho tiempo a la investigación de las oligarquías españolas, las antiguas, y las que habían surgido de la corrupción y el expolio franquista. Obras como Los muy ricos (Grijalbo 1998), acerca de las 300 grandes fortunas en España, siguen siendo fuente fundamental para entender el capitalismo hispano y sus raíces. En particular conocía muy bien el origen de las grandes fortunas en Andalucía, algunas amasadas a partir de 1936, con grandes latifundios y cotos expoliados a los vencidos, o al propio Estado. Otra “debilidad” de Jesús era la indagación sobre los títulos nobiliarios que llevaban aparejada fortuna, en particular los otorgados por Franco, y, a continuación los concedidos por el hoy Rey emérito.

A pesar de las muchas mudanzas que tuvo que realizar en su vida, con cambios de país a veces, siempre cuidaba de su archivo, y en particular de toda la documentación que seguía acumulando sobre el poder del Opus Dei. Se las ingenió, hace ya unos años, para introducirse en el Vaticano y copiar valiosas informaciones. Su última aportación en este ámbito fue una biografía del hoy santo, Escrivá de Balaguer: El santo fundador del Opus Dei (Ares y Mares 2002).

Mucho se podría seguir hablando de Jesús Ynfante, de sus diversos y dispersos saberes, y de su exquisita corrección en la utilización del castellano, si bien podía escribir con la misma facilidad en francés. He leído notas necrológicas muy sentidas y documentadas, que son de agradecer, aunque no hayan traspasado los límites del Campo de Gibraltar. Sus autores son personas que lo han tratado durante los últimos años de su vida, y además de modo intenso en algunos casos.

Creo que en algún artículo se ha citado su caligrafía, y sobre esto quiero añadir que Jesús no había alcanzado, no ya el ordenador, sino que no había escrito tampoco en las antiguas máquinas de escribir. Escribía sus artículos y libros a mano, con una perfección difícil de imitar, por lo que se decía entre los editores que se podía perfectamente enviar a la imprenta para hacer los fotolitos o negativos. En los últimos tiempos esto le restaba posibilidades de publicar en la prensa, pues el texto no lo enviaba por correo electrónico en formato Word, -no disponía de ordenador-, si no que seguía utilizando un medio en desuso: el fax.

A largo de los años, desde que nos conocimos, hemos seguido teniendo relación, muchas veces presencial, también durante los años que residió en Barcelona, incluso con pareja estable,  y que fue tras el periodo de estancia en Madrid, y que abarcó desde su regreso del exilio hasta los años finales de la “movida madrileña”, convulsos tiempos, que se llevaron por delante a algunos amigos comunes. Recuerdo con agrado veladas “memorables”, con la gente del comic canalla: El Vívora, Makoki, etc. con quienes Jesús mantenía amistad y vecindad, en aquella curiosa pedanía de Sant Cugat, llamada Valdoreix, pegada a La Floresta; y algunos proyectos en los que estuvimos trabajando, en la idea de conseguir poner en marcha un semanario satírico y laico. Otro proyecto, que tampoco cuajó, fue una agencia de información de contenidos económicos.

Después vinieron los años de Bruselas, y antes unos meses difíciles, a matacaballo entre Barcelona y Madrid, alojándose a veces en mi casa. Recuerdo que le pasé a maquina un trabajo que tuvo que presentar a la Agencia EFE, para acreditar sus conocimientos de la política agroalimentaria europea, muy en mantillas por entonces.

Tras su regreso de Bruselas vinieron unos años en Tarifa, donde había alquilado un chalet en la conocida urbanización o localidad Atlanterra, que, si bien le sirvió, como el decía, de centro operacional, al final fue funesto; en aquella soledad tuvo el ictus que lo dejó ya mal de salud para siempre. Solos unos pocos incondicionales de Madrid le visitábamos en su retiro, algo que agradecía con su siempre generosa hospitalidad. Recuerdo haber coincidido en su casa en aquellos veranos con Carlos Ruiz Tormo (a militar), Paco Serrano, Paco Gil y, por descontado su siempre entrañable amigo José Ignacio Domínguez (Cuchi), el citado capitán y piloto de la UMD.

Una vez trasladado a Los Barrios, donde se instaló en un chalecito familiar, continuamos con frecuente contacto, si bien ya no viajó más a Madrid, ni más allá del campo de Gibraltar.

También ejercía como podía su hospitalidad, si bien la situación económica cada vez se le fue complicando, debido al desinterés de las editoriales por publicar trabajos de denuncia e investigación, y, también por su insobornable actitud ética, que no aceptaba cambios que hicieran más comercial un libro. En el chalecito me alojé en varias ocasiones, si bien sin apenas espacio, con paredes, mesas, incluso el suelo, con pilas de libros, archivadores y prensa, mucha prensa de todo tipo, su pasión.

Tampoco aceptó nunca su integración en el sistema, por lo que rechazó siempre cualquier ayuda oficial, aunque, como en el caso de la pensión de jubilación, le correspondía en derecho. Solo la solidaridad de unos pocos amigos hizo que pudiera sobrevivir, si bien, y esto no lo sabremos nunca, es muy posible que la soledad, y el fracaso de las tentativas de publicar, hiciesen mella en su ya deteriorada salud. Una de las últimas veces que hablé con Jesús fue precisamente para comunicarle el fallecimiento de un entrañable amigo común, José Servía, un abogado de Madrid, luchador de los años difíciles de la transición en aquellos despachos de Vallecas la roja, con quien incluso había convivido en la década de los setenta. Otra de las últimas veces que hablamos fue el 14 de abril de 2018, siempre lo celebraba a su manera, y me llamaba para cruzar afectos y conversar sobre la reciente actualidad.  Con estas líneas solo pretendo dejar recuerdo de un amigo muy especial, con quien tuve una intensa y enriquecedora relación, que, por la distancia en los últimos tiempos, no podía ser lo fructífera que lo había sido, en los años en que nos veíamos a diario y tomábamos cervezas y copas hasta la madrugada. También espero que sirva para quien tome a su cargo la tarea de hacer un trabajo más amplio acerca de uno de los personajes más interesantes, y eficaces, de aquello que se llamó anti-franquismo.