Elogio de la ‘tibieza’

Publicado en infolibre.es

Resulta paradójico, pero en ocasiones los que acusan de tibieza a otros son personas con poca voluntad de calentarse la cabeza. Si hablamos de gente inteligente, esto se debe a que son incapaces de pasar sin el aplauso o aprobación que garantiza la mirada corta y la simplicidad de un argumento. De ahí que se les incendie la boca y digan cosas de las que después nos arrepentimos los demás.

Guerra es una palabra muy grande, y debería utilizarse con prudencia. Incluso cuando se dice guerra y no quiere decirse guerra del todo, porque, aunque en su definición y alrededores caben muchas cosas, el matiz no es precisamente una de ellas.

Pero la palabra ya echó a rodar, y con ella sus consecuencias. ‘Es un acto de guerra’, dice Hollande, y en su eco la conjugan Sarkozy y Aznar. Y Le Pen. ‘Es la guerra’, insiste en negra portada La Razón. ‘El terror del IS exige una guerra sin cuartel’, editorializa El Mundo.Ignacio Torreblanca nos ofrece un breve artículo, para que no perdamos el tiempo con nominalismos, titulado ‘En guerra’ … y así.

Desde abril de 2012 hasta junio de 2014 (cuando el ‘Estado Islámico’ lanzó una ofensiva apoderándose de Mosul y Tikrit) no se volvió a hablar de guerra en Irak. Sin embargo, durante ese tiempo murieron semanalmente docenas de personas en atentados y el terror era (como lo es hoy) constante y brutal. Si entonces no había guerra en Irak ¿cómo puede ser que la haya en Europa tras el atentado de la semana pasada?

Pero es que ‘hay guerras y guerras’, dice Enric González, y por eso, aunque ‘lo que ocurrió en París el viernes por la noche ocurre en Irak, en Túnez, en Líbano, cada noche, una noche tras otra, una semana tras otra’, nuestra perspectiva y nuestro lenguaje cambia como si se tratase de dramas diferentes. Sobre todo, de calidad diferente.

Pero hablar de guerra supone algo más que una perspectiva desde la que analizar la situación, supone la decisión de escoger un sitio muy concreto para actuar en el escenario. Supone escoger el ‘sitio militar’. Una decisión que sin duda evitará a sus decidores las acusaciones de ‘tibieza’, pero que acarreará para todos otras consecuencias prácticas de mayor calado. Así, además de ser la ubicación que para Europa y EEUU buscan los yihadistas, además de priorizar unas respuestas militares que se han demostrado ineficaces, además de esto, resulta que en esa ubicación, la democracia y los derechos (el Derecho), quedan, diga lo que se diga, relegados a meros actores secundarios.

La estrategia belicista y de ultraseguridad puede dar votos y mantener en el poder a presidentes en decadencia, pero para los ciudadanos supone hambre para hoy y hambruna para mañana. Es un error sin paliativos. Como señala Julio Rodríguez, la lucha contra el terrorismo, la estrategia de seguridad que debe ser su marco, ha de dirigirse preferentemente a campos de actuación que no son militares, sino diplomáticos, financieros, comerciales y de cooperación. Prescindir de estos, o minimizarlos a favor de la ardiente respuesta militar y de pura seguridad (‘el precio que debe pagarse por la defensa de la libertad’, en palabras de Aznar), supone avanzar hacia el terreno totalitario del estado de excepción permanente, hacia un estado de excepción democrática, donde los derechos fundamentales, los valores fundamentales de la Europa que queremos, no serán más que una tibia ilusión.