Bomberas y emociones

No solemos hacer caso a nuestros sentimientos. Solemos pensar y actuar sin escuchar nuestras emociones y así nos va. Mal. Hay que pensar y utilizar el lóbulo frontal (es lo que nos diferencia de los animales, nuestra capacidad para el raciocinio) por supuesto, pero escuchando lo que sentimos, identificando lo que nos pasa por dentro.

Afortunadamente, cambiamos las cosas. El sistema educativo va introduciendo una metodología que apunta a la resolución de conflictos dentro del aula, basada en la escucha y en la identificación de emociones. Enseña, por ejemplo, a respirar unos segundos, a calmarse y dialogar ante situaciones de enfado. Ello, sumado al fomento de la capacidad de empatía, preparará a las niñas y niños para una convivencia sana con los demás y consigo mismo.

En el aula, como pasará luego en la vida, en las casas, en los trabajos y en los espacios públicos, se crean situaciones de alegría, tristeza, ira, miedo, asco, sorpresa. Saber gestionarlas pasa por haber aprendido a identificarlas y saber cómo actuar.

¿Quién no ha sentido alguna vez una alegría inmensa y tras dar saltos o reír a carcajadas se ha encontrado con alguien reprimiendo ese comportamiento? “No te rías así, ¡estás dando la nota!”.

¿Quién no ha estado muy triste por algo y alguien ha reprimido su llanto? “No, no llores, llorar es de débiles”. ¿Quién no ha sentido rabia y cuando ha gritado o golpeado algo ha sido reprimido? “¡Calla, para, eso no se hace!”. ¿Quién no ha sentido miedo por algo y no ha tenido a quien le ayude a mitigar la ansiedad? En definitiva, ¿quién no ha sido reprimido o reprimida ante sus propios sentimientos? No conozco a nadie que no pueda poner ejemplos a esta pregunta.

Cuando sentimos alegría debemos reír, cuando sentimos ira tenemos que soltarla y si bien no hay que pegar a nadie o destruir objetos (lóbulo frontal), sí se puede gritar en la montaña, golpear una almohada o un saco de boxeo. Cuando se está triste se debe llorar y cuando se tiene miedo acudirá el estrés de forma natural y, entonces, habrá que replantear las interpretaciones. Lo que está claro es que guardar lo que sentimos dentro nos daña. Los sentimientos son patrimonio de la humanidad. Como no hayamos aprendido a identificarlos y mostrarlos, seremos infelices más veces de las necesarias.

A las mujeres y a los hombres, de sobra es conocido y reconocido en normas de todo tipo (internacionales, nacionales y regionales), nos han educado de forma diferente en contenidos y gestión de emociones. Por ser mujeres nuestros espacios eran unos, por ser hombres sus espacios, otros. Todavía sucede. Cosas de hombres eran la seguridad, la política, la justicia, la automoción, la fuerza, la valentía, pegar, etc. Cosas de mujeres la casa, la crianza, la enfermería, la limpieza, la costura, la delicadeza, llorar… Gracias a la lucha feminista (no lleva muchos años como movimiento social si pensamos en la Historia de la Humanidad) las mujeres, tristes por la situación de inferioridad, han llorado; invadidas por la ira provocada por la discriminación, han gritado; con miedo a las consecuencias de rebelarse ante las injusticias, se han levantado; y ahora, alegres por los avances conseguidos, por ser cada vez más iguales, reímos, cantamos, bailamos y saltamos.

Esa lucha por una causa tan justa y noble, la igualdad entre hombres y mujeres, es la lucha de las mujeres y los hombres de bien. No hay otra forma más sencilla de describirlo.

Queda mucho camino por recorrer pero vamos a darnos el gusto de parar de vez en cuando, como cuando subes a una montaña y reparas en lo andado hasta ese momento para disfrutar de las vistas, para ser consciente de dónde estás y cuánto falta para llegar allí arriba.

Las mujeres ya tenemos reconocidos en nuestro país (no hay muchos en el planeta como el nuestro) derechos para ser iguales que los hombres en oportunidades. Objetivamente y a pesar de haber profesiones donde siguen siendo predominantes los hombres en los puestos más altos, ya somos médicas, juezas, políticas, ingenieras, conductoras de camiones, de coches y motos de carreras, científicas, presidentas de comunidades autónomas, pilotas de aviones de combate y de aviones de pasajeros, guardias civiles y policías, militares, etc. Y también se ven hombres (no tantos como mujeres, es verdad) en casa, criando a sus bebés, cocinando, poniendo lavadoras, cosiendo, cuidando a los mayores dependientes, enfermeros, maestros infantiles… Y no pasa nada (malo) y pasa todo (bueno). Y ahí estamos, en el camino de la corresponsabilidad, aunque haya quienes no entienden qué significa igualdad y nos pongan piedras. Ahí estamos, subiendo a cada cima que no hemos encumbrado jamás por ser mujeres. Me parece precioso.

Volviendo la vista hacia una de las cimas a las que no hemos llegado por ser mujeres… tomamos aliento. Las mujeres en España no llegan al 1% en los cuerpos de extinción de incendios.

Castilla y León, la Rioja, Ceuta y Murcia tienen sus cumbres esperando a la primera mujer bombera. En otros países con otro tipo de pruebas las mujeres en esta profesión alcanzan hasta el 30%.

Quiero recordar, sabiendo que es más fácil cambiar leyes que mentalidades, que nuestra Constitución le dice a los poderes públicos que tienen que promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas, que tienen que remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud.

Apagar fuegos, rescatar personas de accidentes o pozos y todas las acciones que puedan desempeñarse en el servicio de bomberos, no es tarea de hombres, es una tarea de hombres y mujeres, como todas. Pruebas pensadas para atletas de élite que posteriormente, a lo largo del desempeño de la profesión, no se les exige suponen una de las barreras y obstáculos para las mujeres a remover por los poderes públicos.

Las diferencias biológicas no son incompatibles con la profesionalidad como dice Inés Suárez, bombera forestal de la que podemos estar henchidas/os de orgullo por apagar fuegos y también la discriminación.

P.D: Si en tu mente (seas hombre o mujer) está saltándote esta alarma roja: “¡Si hay un fuego en mi casa, a mí que me rescate un hombre que tiene mejores marcas que una mujer!”, reflexiona: estás sintiendo miedo, identifícalo, véncelo. Las mujeres pueden hacer cualquier cosa, operarte de un tumor, llegar a la Luna, descubrir la estructura nuclear del núcleo atómico, juzgarte, escribir artículos que lo explican y salvarte de un incendio.

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Teresa Franco. Militar en servicios especiales, concejala en el Ayuntamiento de Murcia