Donald Trump y la OTAN

Publicado en nuevatribuna.es

Sí, el presidente Trump tiene razón en querer sacar a Estados Unidos de la OTAN. Deberíamos quererlo todos: salirnos de la Organización, manteniendo el Tratado

El presidente Trump quiere sacar a Estados Unidos de la OTAN porque ésta (sus demás países miembros) no lo han querido secundar en su guerra contra Irán, ni siquiera para restablecer la libre circulación por el estrecho de Ormuz cuando Irán lo ha bloqueado como baza defensiva frente al agresivo, inesperado y vulnerador del Derecho Internacional ataque que lleva sufriendo desde el 28 de febrero, alegando que Estados Unidos siempre ha estado cuando lo han necesitado (los demás países), pero éstos no han estado cuando ha sido Estados Unidos quien lo ha necesitado.

El Tratado no exige bases militares extranjeras, no exige acción salvo en caso de ataque a un firmante del mismo en Europa o América del Norte

Es un argumento sin base documental, ya que la OTAN, es decir, la Organización del Tratado del Atlántico Norte tiene su base documental, como su nombre indica, en lo establecido en dicho Tratado (la T de la sigla), cuyo artículo 5 establece que: “Los firmantes acuerdan que un ataque armado contra uno o más de ellos, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque contra todos ellos y, en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada uno de ellos, en el ejercicio de su derecho a la legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará al firmante o firmantes atacados, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con los demás firmantes, las medidas necesarias, incluido el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte. Cualquier ataque armado de esta naturaleza y todas las medidas adoptadas en consecuencia serán inmediatamente puestas en conocimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

No exige defender las aspiraciones geopolíticas de ninguno de sus firmantes. El Tratado es defensivo

Pero para entender por qué se produce este malentendido, consciente o inconscientemente, debemos fijarnos en otra letra de la sigla OTAN, en la O de Organización, en vez de en la T de Tratado. Porque es la Organización que se crea para facilitar, si llegara el caso (es decir, si un firmante del Tratado fuera atacado en Europa o América del Norte), de tener que tomar “de forma individual y colectiva” las medidas necesarias, incluido el empleo de la fuerza armada”, la que por su propia inercia histórica (desde 1949) y debido a la considerable mayor capacidad militar y económica de Estados Unidos comparada con la de los restantes firmantes del Tratado, incita a creer, tanto por parte estadounidense (presidente Trump incluido), como por parte del resto de los miembros, que la OTAN no es una alianza entre iguales, sino un conjunto de países protegidos por un “hermano mayor”, a cuyos intereses hay que subordinarse y hacerlos nuestros, razón por la cual el mando militar operativo de la OTAN es, y ha sido siempre, un general estadounidense, que asume dos decisivos cargos: el de Jefe del Mando Aliado de Operaciones (ACO), y de Jefe del Mando Aliado en Europa/Jefe del Cuartel General Supremo de las potencias Aliadas en Europa (SACEUR), es decir, el de mando supremo militar para cualquier operación militar en Europa o en cualquier otra parte del mundo, que no sea América del Norte (en donde las operaciones serían dirigidas por la propia cadena de mando estadounidense).

La Organización, por su propia naturaleza, y mucho más ahora tras setenta y siete años de usurpación de funciones, tiende a ser ofensiva

Esta realidad estructural e histórica es la que, probablemente, el presidente Trump, persona impulsiva y sólo ducha en tejemanejes bursátiles y financieros, tiene en la cabeza y le hace creer que los demás países de la OTAN adquirieron en su día el compromiso de contribuir a las ambiciones geopolíticas de Estados Unidos. Un compromiso que están eludiendo en las actuales circunstancias de su guerra contra Irán. ¿Por qué en Serbia, Afganistán, Libia o Irak sí y en Irán, no? Se debe de estar preguntando.

Igual que el problema de comprarse una pistola es que algún día se puede tener la tentación de usarla, el problema de construir una magnífica máquina de guerra es que se puede caer con demasiada facilidad en la tentación de usarla.

Porque, en el fondo, el presidente Trump tiene razón. Si la OTAN no siempre ha seguido el mandato de su Tratado fundacional, sino más bien la inercia de la Organización que se creó para poder cumplir dicho mandato si falta hiciera y que, con el tiempo, ha llegado a sustituirlo como regla de acción a tener en cuenta, ¿por qué ahora no?

Sí, el presidente Trump tiene razón en querer sacar a Estados Unidos de la OTAN. Deberíamos quererlo todos: salirnos de la Organización, manteniendo el Tratado. El Tratado no exige bases militares extranjeras, no exige acción salvo en caso de ataque a un firmante del mismo en Europa o América del Norte, no exige defender las aspiraciones geopolíticas de ninguno de sus firmantes. El Tratado es defensivo. La Organización, por su propia naturaleza, y mucho más ahora tras setenta y siete años de usurpación de funciones, tiende a ser ofensiva.