Esta semana AUGC lanzó una campaña en una red social reivindicando una jornada laboral digna para los componentes de la Guardia Civil. He contado en anteriores ocasiones cómo se fraguó la actual norma sobre jornada laboral en el Cuerpo, por imposición de la Comisión Europea tras denuncia de AUGC y que su entrada en vigor se produjo el pasado día 30 de marzo de 2015. También he relatado los continuos incumplimientos y las interpretaciones torticeras que han desvirtuado sobremanera la norma hasta dejarla en una sombra de lo que se trató de establecer en el texto, en armonía con la conocida cita del Conde de Romanones “Ustedes hagan la ley, que yo haré el reglamento”.
La campaña, que llegó a ser ‘trending topic’ durante tres horas seguidas, estaba dirigida a recordar el estricto cumplimiento de lo regulado en la Orden General de la Guardia Civil número 11/2014 en cuanto al establecimiento de turnos fijos de trabajo, como base fundamental para el objeto a conseguir: una jornada laboral digna. Dicha Orden General recoge en su articulado que la modalidad de prestación del servicio a turnos consiste en la prestación de servicios en turnos rotatorios con una cadencia regular fija, continua o discontinua, determinada por ciclos que incluyen períodos de servicio de mañana, tarde o noche, así como un régimen propio de descansos, conforme a la jornada de trabajo. Más adelante se establece que en el plazo máximo de un año desde la entrada en vigor de la norma, el Jefe del Mando de Operaciones determinará aquellas unidades de las incluidas en el régimen de prestación de servicio general que, de forma progresiva en su implantación y aplicación, podrán realizar servicio en la modalidad de prestación a turnos, y su régimen propio.
Pues resulta que han surgido novedades al respecto en las últimas horas. El pasado viernes, 26 de febrero, la Benemérita anunciaba que a partir del 1 de marzo comenzará la progresiva implantación de la turnicidad, atendiendo a las diferentes características de cada Unidad. De momento se han escogido cuatro unidades muy diferentes entre sí para testar cómo sería una instauración general del modelo. Me alegraría que esta experiencia fuera la definitiva y se comenzara a vislumbrar lo que desde hace muchos años se viene negando sistemáticamente a los componentes del Cuerpo. Empero no puedo dejar de recordar otra experiencia piloto llevada a cabo hace poco tiempo a propuesta de una organización profesional y que tuvo tanto éxito que, en algunas de las unidades que deberían haber servido de conejillo de indias para el experimento, nunca se llegó a probar ante el descontento general de la plantilla por lo que se les venía encima. Transcurrido el plazo de probatura, los informes negativos revelaron lo estúpido de aquella propuesta y, por consiguiente, se tomó la lógica decisión de olvidarlo. Por cierto, la organización de marras nunca ha reconocido el fiasco de su propuesta y sigue tratando de dar lecciones de coherencia a los demás. Menos mal que algunos sí que no somos memos.
A principios de siglo, varios compañeros, entre los que me encontraba yo, tuvimos la oportunidad de tratar este asunto con el máximo responsable del Cuerpo que, lógicamente, rechazó de plano un régimen de trabajo a turnos, repitiendo los tópicos acuñados durante generaciones y que han servido de freno hasta ahora para negar lo que el resto de trabajadores de la función pública tienen regulado desde hace décadas. En aquella ocasión pusimos encima de la mesa algo incuestionable. Que si no se comenzaba de una vez y de forma progresiva con un sistema de turnos, la realidad terminaría por imponerse de manera sorpresiva, con resultados fatales para el buen funcionamiento de la Institución y del servicio que presta al ciudadano. Se va a cumplir un año desde la entrada en vigor de la norma mencionada más arriba y, puertas adentro, sabemos perfectamente cómo ha afectado esto, de manera negativa, al servicio primordial que presta la Benemérita, por muchas estadísticas que quieran adornar. Y eso que, como he dicho al principio, ni siquiera la Orden General se está aplicando con el espíritu con el que fue redactada, que es el que dimana de la Directiva Europea. Lo que me lleva a recordar nuevamente al Conde de Romanones y otra de sus famosas citas: «¡Qué tropa, joder, qué tropa!».

Secretario General de la Asociación Unificada de Guardias Civiles en Asturias.
