El internacionalismo proletario forma parte de la identidad de la izquierda desde sus orígenes. Marx y Engels concebían a las naciones como un instrumento de las clases dominantes para mantener sometidas a las clases trabajadoras que debían unirse sin distinción de fronteras. Durante la Primera Guerra Mundial los comunistas rusos defendieron la deserción de sus soldados por considerar que se trataba de una guerra entre las oligarquías de los distintos países ajena a los intereses de las clases proletarias.
Las sucesivas corrientes de izquierda siguieron manteniendo con mayor o menor intensidad el principio del internacionalismo proletario, sobre todo los seguidores de Bakunin o de Trotsky. Durante los años 30, los anarquistas de la CNT y los trotskistas del POUM tuvieron una gran implantación en Cataluña y entre sus principios estaba el del internacionalismo proletario y la condena a todo nacionalismo por considerarlo un sentimiento burgués. Haciendo un esfuerzo de imaginación, podríamos considerar que desde el punto de vista sociológico, las actuales CUP y ERC podrían ser herederas de aquellos anarquistas y trotskistas, salvo en lo tocante al chovinismo que la CNT y el POUM consideraban como parte de la ideología pequeño-burguesa contraria a los intereses de los trabajadores.
Desde tiempo inmemorial hasta nuestros días, la izquierda ha considerado el nacionalismo como un sentimiento y una estrategia propios de la derecha. Todos los movimientos separatistas europeos son de derechas y Cataluña no es una excepción. El hecho de que partidos catalanes de izquierdas se hayan convertido en nacionalistas puede deberse a una estrategia oportunista para liberarse antes de la crisis económica y salirse de un Estado que consideran heredero del franquismo, sin darse cuenta de que ellos forman parte del problema pues los partidos catalanes al igual que el resto de partidos nacionales opuestos al franquismos renunciaron en 1976 a principios básicos de cualquier régimen democrático. Por ejemplo, los nacionalistas catalanes defendieron que la UMD y los militares de la República fuesen excluidos de la amnistía, y tantas y tantas concesiones que han desembocado en esta democracia opaca, injustamente homologada a las europeas.
En 1976 era imposible la continuidad de la dictadura por muchos generales franquistas que hubiese en el Ejército, muerto Franco la caída de la dictadura era cuestión de tiempo, pero los nacionalistas catalanes y los partidos de oposición al franquismo cayeron en la tentación de lanzarse a toda prisa y con inusitada voracidad a por las concejalías de urbanismo renunciando a los principios más elementales de cualquier democracia occidental, en beneficio de los reformistas procedentes del franquismo. En 1976, el PCE suplicó su legalización cuando lo democrático hubiese sido lo contrario, es decir que los reformistas procedentes del franquismo hubiesen rogado su continuidad en política, como sucedió en todos los países de Europa occidental tras la caída de sus respectivas dictaduras.
Los partidos de izquierda catalanes se han convertido en separatistas para liberarse de los pactos que ellos mismos acordaron con los franquistas y que dieron lugar al actual régimen. No quieren reconocer que las concesiones hechas en 1976 a los franquistas están plenamente vigentes en Cataluña, así vemos como las listas electorales son cerradas para permitir que la nomenclatura de los partidos catalanes pueda decidir si el presidente de la Generalitat es el cuarto o el quinto de la lista, lo que no sucede en ninguna democracia europea, salvo en Turquía. Con la secesión no van a conseguir erradicar la corrupción ni perfeccionar la democracia porque el mal lo tienen institucionalizado.
Cuando el 13 de octubre de 2013, las máximas autoridades de la Generalitat asistieron en Tarragona a la beatificación de los curas asesinados por los anarquistas durante la Guerra Civil, la Vicepresidenta Joana Ortega dijo que la razón esencial de su presencia en el acto era que las víctimas eran catalanas, despreciando así a los republicanos españoles que siguen olvidados en las cunetas. Esa frase de Joana Ortega resume lo que es el nacionalismo catalán, un fenómeno social excluyente y de extrema derecha y por tanto incompatible con una ideología de izquierdas, internacionalista y solidaria.

José Ignacio Domínguez es Teniente Coronel de Aviación retirado, Comandante de Iberia jubilado y abogado del ICAM. Fue portavoz en el exilio de la UMD.
