A pesar de su lejanía física, China (la República Popular China) también está afectada por la guerra en el Cercano Oriente desencadenada por Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero.
En primer lugar, porque China es el mayor importador de petróleo y gas licuado del mundo con una alta dependencia del Cercano Oriente, especialmente de Irán, del que obtiene el 35% de su petróleo y 12% de su gas licuado, que complementa con el importado desde Rusia y otros países del propio Cercano Oriente también afectados por la guerra. Especialmente, en estos momentos en que Estados Unidos se ha apropiado de los recursos fósiles de otro de sus, hasta ahora, grandes proveedores, Venezuela, y el estrecho de Ormuz se mantiene cerrado a la navegación, especialmente de petroleros.
El cerramiento del estrecho de Ormuz, y lo que el mismo conlleva para China, es lo que la ha incitado a implicarse más activamente en la búsqueda de algún tipo de arreglo de la guerra
Pero no sólo por estas circunstancias de pura supervivencia económica, sino, asimismo, por su enfrentamiento geopolítico a nivel mundial con uno de los causantes del conflicto, Estados Unidos, a los que considera, en sus documentos oficiales, como “un competidor económico, tecnológico y securitario”, como para Estados Unidos, China es, según sus documentos oficiales, “un rival estratégico”.
A pesar de ello, China se ha mantenido hasta ahora prudente y reservada respecto al conflicto, limitándose a apelar al Derecho Internacional, que condena el uso de la fuerza en las relaciones entre Estados soberanos y exige el respeto a la integridad territorial y al funcionamiento político e institucional de todos ellos. Después de todo, el desgaste de prestigio en el ámbito internacional que está produciendo para Israel y Estados Unidos, el ser los causantes (agresores) del conflicto y de sus nefastas consecuencias en muchos aspectos, desde el impacto de la guerra en las economías nacionales y en el comercio mundial hasta la sensación de volatilidad y caos en que se están convirtiendo las relaciones internacionales, a quién está perjudicando es a su “rival estratégico, económico, tecnológico y securitario”.
En este sentido puede entenderse que China se haya incorporado a los esfuerzos de mediación que un significativo grupo de países musulmanes, Paquistán. Egipto, Turquía y Arabia Saudí, están llevando a cabo para que puedan celebrarse negociaciones de paz, para las cuales Paquistán ya ha ofrecido su capital, Islamabad, como sede.
Producto de este esfuerzo diplomático, es la propuesta de cinco puntos elaborada inicialmente por los ministros de Asuntos Exteriores paquistaní y chino y refrendada (el 1 de abril) por por los otros tres países, según la cual se deberían alcanzar los siguientes acuerdos:
- Cese inmediato de hostilidades.
- Inicio de conversaciones que lleven a la resolución pacífica de los diferentes contenciosos actuales en la región.
- Garantías de seguridad para objetivos no militares, como instalaciones energéticas, plantas desalinizadoras, sistemas eléctricos o instalaciones nucleares.
- Respeto a la Carta de las Naciones Unidas, especialmente en lo que respecta al Derecho Internacional Humanitario y a la entrada de ayuda humanitaria en las zonas donde ésta sea necesaria.
- Libertad de navegación por el estrecho de Ormuz y debida protección de los buques y tripulaciones que naveguen por él.
Enrique Vega es coronel de Infantería (retirado). Licenciado en Psicología y doctor en Paz y Seguridad Internacionales
