La geopolítica de las guerras trumpistas

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De su ambición por los hidrocarburos, son muestras Venezuela y ahora Irán, e incluso Groenlandia, bajo cuya capa de hielo permanente, todos los estudios y prospecciones alimentan la idea de grandes reservas, no sólo de hidrocarburos, sino de minerales estratégicos.

Venezuela, Groenlandia y ahora Irán. Tres países en tres continentes diferentes sin aparente relación entre ellos: ¿Exigencia geopolítica? ¿Versión del imperialismo en el siglo XXI? Puede que las dos cosas, la primera como causa, la segunda como medio. Porque estos territorios sí tienen algo en común: hidrocarburos (petróleo o gas) y/o minerales escasos, incluyendo  las llamadas tierras raras. Dos materias primas indispensables para el gran rival geopolítico de Estados Unidos, China: los hidrocarburos, de los que es enormemente deficitaria, para poder seguir progresando en su acelerado crecimiento industrial y comercial, y los minerales escasos y las tierras raras para poder seguir progresando en su acelerado desarrollo tecnológico.

De la ambición de Estados Unidos por las tierras raras y los minerales estratégicos ya tuvimos conocimiento con ocasión de los “planes de paz” estadounidenses para las guerras entre Rusia y Ucrania (noviembre 2025) y entre la República Democrática del Congo y Ruanda (diciembre de 2025).

En el segundo” plan de paz” para el conflicto centroafricano entre la República Democrática del Congo y Ruanda se prescribe que para alcanzar la integración económica regional (centroafricana) se establecerán acuerdos bilaterales entre Estados Unidos, con acceso preferencial, y ambos países para la explotación de minerales estratégicos para la alta tecnología, abundantes en ambos países, incluidas las tierras raras y otros minerales esenciales.

De su ambición por los hidrocarburos, son muestras Venezuela y ahora Irán, e incluso Groenlandia, bajo cuya capa de hielo permanente, todos los estudios y prospecciones alimentan la idea de grandes reservas, no sólo de hidrocarburos, sino de minerales estratégicos,  también.

Con Irán, el enfrentamiento es de larga data. Desde el fracaso, en abril de 1980, de la operación estadounidense Garra de Águila para la liberación de los rehenes estadounidenses retenidos en Irán con ocasión de la toma revolucionaria del poder por el régimen de los ayatolás en este país. Algo que nunca Estados Unidos ha podido perdonarle al régimen teocrático iraní. A lo que el tiempo ha añadido la volátil situación de Oriente Medio, donde Irán enfrenta la pretensión de supremacía en la zona de Israel, financiando diversos grupos islamistas salafistas y compite en el negocio de los hidrocarburos con sus vecinos árabes sunitas, aliados de Estados Unidos, que la rodean. Todo lo cual lo convierte en rival sistémico regional alimentado por su capacidad de producción y comercio energéticos, que, además, podría convertirse en potencia nuclear.

Todo lo cual permite deducir que la exigencia geopolítica de Estados Unidos de mantenerse como primera potencia, económica y militar, mundial impidiendo/obstaculizando el desafío que le representa China, es la que le esta impeliendo  a desarrollar el “imperialismo versión siglo XXI”: por la fuerza de las armas, en Venezuela e Irán, por ejemplo y por ahora; por la presión y el chantaje en Ucrania y Centroáfrica, por ejemplo y por ahora; por la presión arancelaria, en Groenlandia, por ejemplo y por ahora.