No disparen por favor, somos alemanes

Los alemanes aún mantienen una complicada relación con sus fuerzas armadas

Traducción del artículo No shooting please, we’re German publicado en The Economist versión en inglés.

No hace tanto tiempo llevar un uniforme en una ciudad media en Alemania podía suponerte una paliza; y todavía hoy te pueden mirar con el ceño fruncido, dice Jan Ströhmer, un comandante naval en Kiel. Esto se debe a que muchos alemanes, al menos en la antigua Alemania Occidental, han sido desde la Segunda Guerra Mundial militantes pacifistas. En América símbolos de apoyo a las tropas adornan los porches de las casas y los coches. En Alemania, lo más llamativo de los ejércitos es, precisamente, lo invisibles que son.

Han pasado 67 años desde el final de la guerra, 57 desde que la Alemania Occidental fue autorizada a reconstruir su ejército defensivo, el Bundeswehr, animada por los victoriosos aliados debido a la Guerra Fría, y 22 años desde la reunificación con Alemania del Este y el consiguiente colapso del bloque Soviético. El final de la Guerra Fría no solo borró al enemigo más visible, y por tanto uno de los fundamentos básicos de la existencia del antiguo Bundeswehr, sino que también supuso tener que absorber el ejército de la Alemania del Este. Desde entonces, tanto alemanes como sus aliados han hablado de “normalización”, aún cuando poco parece normal en el ejército alemán.

Hoy en día, Alemania se une a sus aliados al enviar tropas a lugares conflictivos tales como Kosovo o Afganistán. El año pasado culminó un proyecto de profesionalización en favor de un ejército compuesto exclusivamente por voluntarios como en Estados Unidos. Se está llevando así mismo una profunda reforma del Bundeswehr, consistente en una amplia reducción de efectivos, de 250.000 soldados en 2010, cuando comenzó la reforma, a alrededor de 185.000 previstos para 2017, con el fin de reducir el presupuesto. Pero tras el acuerdo de que el ejército debería costar menos, según Klaus Naumann, historiador militar de Hamburgo, no hay un consenso, ni siquiera un debate serio acerca de para qué está el Bundeswehr.

Esto es por lo que casi cualquier nueva idea pasa a convertirse automáticamente en un polvorín. En agosto por ejemplo, el tribunal constitucional alemán dejó sin efecto una antigua ley, y estableció que el Bundeswehr podía en “situaciones excepcionales de grado catastrófico” ser desplegado en Alemania. El gabinete al completo debía adoptar dicha medida, añadió el tribunal. No obstante se produjeron airadas protestas. ¿No era acaso una lección básica de lo acontecido en el pasado, desde Prusia a la República de Weimar y el Tercer Reich, de que el ejército no debe nunca intervenir dentro de territorio Alemán?

Una posible vía de entender a las fuerzas armadas Alemanas es la de que se trata de una nueva institución creada no tanto para intervenir en los conflictos, si no para recordar el pasado y evitar que éste se repita. Además, el lema del Bundeswehr es “Innere Führung”. Una traducción libre puede ser “liderazgo moral”, pese a que Thomas de Maizière, Ministro de Defensa alemán, dice que ello no le hace justicia al concepto.

Tal y como lo describe Maizière, la idea es, primero, que los soldados, al contrario que sus predecesores Prusianos o Nazis, sigan siendo ciudadanos de pleno derecho, con libertad para expresarse libremente. Esto asegura que el ejército nunca más vuelva a convertirse en un “estado paralelo”; y segundo, asegura que cada soldado como individuo “no tiene sólo permitido, sino la obligación de desobedecer cualquier orden que él o ella pudieran sentir que viola la dignidad humana, lo cual es probablemente único en el mundo”.

El Bundeswehr refuerza su mensaje tanto como puede. A modo de ejemplo, una buena parte del Ministerio de Defensa, se ubica en Bendlerblock, el complejo en que varios oficiales agrupados en torno a Claus von Stauffenberg, conspiraron para asesinar a Adolf Hitler, y en cuyo patio, 5 de estos oficiales, incluyendo al propio Stauffenberg, fueron ejecutados la noche después de su fallido intento de asesinato, el 20 de julio de 1944. Parte del complejo es a día de hoy un museo en memoria de la resistencia al Nazismo.

Los ejércitos y la tropa.

Los Soldados prestan juramento tanto en Bendlerblock como frente al Parlamento. Ningún otro país escogería un sitio conocido por un acto de “traición” como recuerdo de la mayor de los obligaciones morales, asevera Christian Mölling, del Instituto Alemán para los Asuntos Internacionales y de Seguridad en Berlín.

En contra se les tacha de cinismo, al no ser Alemania más moral que ningún otro país, y contribuir a multitud de atrocidades a manos de militares a través de su mercado de exportación armamentístico. No en vano Alemania vende más armas que cualquier otro país, a excepción de Estados Unidos y Rusia. Estas armas no sólo van a para a países estables y aliados, si no que además, por ejemplo, se venden tanques a Arabia Saudí y próximamente pudieran serlo también a Catar e Indonesia.

Pese a todo, hay mucho por lo que sentirse orgulloso. Esto es lo que Joachim Gauck, Presidente alemán y antiguo ciudadano de la Alemania Oriental, tenía en mente cuando se dirigió a los mandos militares en Hamburgo este verano. Hasta cumplidos los 50 años, durante dos terceras partes de su vida, dijo Gauck, el ejército, para él, al vivir bajo una dictadura comunista, era algo que servía a los intereses de un partido y atemorizaba al pueblo (aún cuando se llamaba “Ejército Popular”), pero ha aprendido desde entonces a ver a las fuerzas armadas de la nueva Alemania como garantes de la libertad, y quiere que otros alemanes se sumen a su punto de vista.

Eso es mucho que pedir a los ciudadanos, soldados y políticos, en un país que aún parece traumatizado por su pasado. Naumann dice que el apoyo a cualquier despliegue en el exterior se evapora en tanto se vuelve violento, ya sean los alemanes u otros los que se vean envueltos en la refriega. Añade así mismo que los nuevos retos y misiones en el exterior, mucho más allá de las fronteras de la OTAN, combinadas con las necesidades éticas del Innere Führung, requieren que los jóvenes soldados que componen las fuerzas armadas sean, de hecho, “diplomáticos en uniforme”. ¿Y cómo entrenarlos para ello?

A pesar de todo, según Maizière, por primera vez en la historia, Alemania está rodeada de países amigos. El Bundeswehr fue fundado bajo la premisa de que la OTAN defendería Alemania, y Alemania participaría en esa defensa. Ahora le toca el turno a Alemania de aceptar que ellos mismos deben contribuir a la defensa de otros. Esto no es fácil para un militante pacifista pero, tal y como señala Gauck, en un país que fue liberado en 1945 por soldados extranjeros, ello supone aprender también del pasado.

Video en inglés de The Economist