Vox y la degradación de la historia (I)

El 17 de septiembre pasado el partido Vox presentó un escrito a la Mesa del Congreso de los Diputados, al amparo de lo dispuesto en el art. 113 del Reglamento de la Cámara. Se trataba, nada menos, que de una ENMIENDA A LA TOTALIDAD, con devolución del texto, al proyecto de Ley de Memoria Democrática. La comunicación la firmó la portavoz adjunta del Grupo Parlamentario de Vox, la ilustre abogada del Estado Doña Macarena Olona Choclán.

Según ha afirmado Don Gonzalo Fernández de la Mora, hijo, en un texto publicado por la Fundación Nacional Francisco Franco, la enmienda en cuestión habría sido elaborada con el concurso de varios historiadores que ni él ni, obviamente, el documento en cuestión identifican.

No es mi intención hacer un examen del texto firmado por Vox con la colaboración, o no, de sus innominados historiadores. Espero que algún día tengan agallas y se atreverán a salir a la luz. Me limitaré a echar un vistazo a lo que dicen sobre los dos temas más importantes de la historia de España en el siglo XX. Los posteriores son, de una u otra manera, su consecuencia. Se trata del cambio político de 1931 y del origen de la guerra civil. La mía es una reflexión ex post porque la propuesta de enmienda fue rechazada por la mayoría del Congreso de los Diputados en el mes de octubre. Vox dirá, claro, que por la izquierda “canallita”. Sin embargo, me permitiré destacar dos rasgos —los que me parecen más importantes— de los fundamentos intelectuales y, si se me apura, factuales en que la descalabrada enmienda se fundamentó. No sea cuestión de que se les ignore.

El primer rasgo es la reiterada aplicación del principio, profundamente arraigado en la mitografía y mitología franquistas, de “proyección”, es decir, la tenacidad y persistencia desde los orígenes de la sublevación de 1936 en atribuir al adversario (o, mejor dicho, el enemigo) el tipo de comportamientos propios. El segundo rasgo es la utilización de citas mendaces, falsas o falaces y generalmente descontextualizadas.

La proyección ya entró por el camino grande de la “historia” (los precedentes se remontan a 1931) con el viejo Dictamen sobre la ilegitimidad de poderes actuantes en 18 de julio de 1936. Es el alfa y omega de la visión que aplicó la dictadura desde su principio hasta el final y que subsiste como pronunciamiento mítico. Para ello el peso de la acusación se carga sobre los enemigos, en la acepción de Carl Schmitt tan en boga entre los vencedores. A la par se elimina, de golpe, toda versión disconforme, por mucho que esté fundamentada en evidencias empíricas.

El segundo rasgo se manifiesta, por ejemplo, en el apartado 4, página 4, donde aparte de mezclar churras con merinas (CNT-FAI y su ciclo de revueltas en 1931-1933 y las actividades socialistas) el texto acude a una referencia hipermanoseada : el conocido mitin del cine Europa del 22 de enero de 1936 en el que supuestamente Largo Caballero afirmó: “Si las derechas no se dejan vencer en las urnas, tendremos que vencerlas por otros medios hasta que la roja bandera del socialismo ondee en el edificio que queráis”.

De entrada dos errores fácticos: el mitin tuvo lugar el 12 de enero (en plena negociación del programa electoral de la coalición de Frente Popular). Su texto se publicó en El Socialista dos días más tarde. Fue un discurso largo, tendente a justificar la intangibilidad del programa socialista pero que, sin embargo, había que compatibilizar con las exigencias de los futuros socios de coalición. La cita que figura en la enmienda de Vox es inventadaNo figuró en el discurso (los amables lectores pueden comprobarlo en este texto ) Cero patatero, pues, para los historiadores que han fabricado el solemne documento alojado en el Congreso de los Diputados para su análisis y regodeo en años venideros.

De aquí la enmienda da un salto mortal y retoma, por supuesto sin detenerse en la menor contextualización, un parrafito de la conocida réplica de Largo Caballero el 12 de enero de 1937 (la fecha se cita equivocadamente) a la superfamosa carta que le habían dirigido Stalin, Molotov y Vorochilov el 21 de diciembre anterior: “Cualquiera que sea la suerte que el porvenir reserve a la institución parlamentaria, esta no goza entre nosotros, ni aun en los republicanos, de defensores entusiastas”. La cita es, en esta ocasión, correcta, la explicación autoindulgente. Largo Caballero era entonces presidente de un Gobierno de coalición y las Cortes funcionaban todo lo más normalmente que podían en una situación de guerra a muerte. La carta soviética y la respuesta han sido estudiadas exhaustivamente. Esta última no parece que fuese discutida en Consejo de Ministros y entrañaba una idea contraria a la transmitida por los líderes soviéticos que insistieron sobre la necesidad de acentuar la vía parlamentaria de cara a abordar la transformación de las estructuras heredadas. Todo ello en consonancia con la estrategia soviética de apoyo a la República, fundamentada en los principios adoptados por la Komintern en el verano del año anterior.

La degradada visión de la historia que subyace a la enmienda se demuestra en el silencio absoluto sobre las conspiraciones monárquicas, a la ayuda previa de la Italia fascista y a la documentación aportada desde hace más de treinta años por Ismael Saz

Ni que decir tiene que las Cortes siguieron funcionando. Que se sepa, Largo Caballero no hizo nada para impedirlo y, para colmo, escribió su respuesta, sin prisa, dos semanas antes de que Indalecio Prieto hiciera un pedido urgente de aviación a la URSS para compensar la superioridad aérea nazi-fascista. Previamente Largo Caballero se había apresurado, el 16 de diciembre, a informar al embajador Rosenberg de las muchas necesidades urgentes en materia de especialistas y de material de aviación que sentía la República. ¿No lo saben los historiadores de Vox? La falta de contextualización de ambas cartas no es un azar. Ciertamente tampoco han mirado la biografía que del líder socialista escribió Aróstegui (El tesón y la quimera, pp. 513s), por no mencionar los trabajos hoy disponibles sobre relaciones hispano-soviéticas.

¿Qué se quiere demostrar con ello? Quizá que Largo Caballero no era pro-republicano sino un personaje que deseaba derribar a la República con fines partidistas y establecer ¿qué?. La enmienda no lo dice, porque es obvio que no era posible montar un régimen parecido al soviético. De lo que se trata es, pues, de hundir en el barro su memoria y con ella también la del PSOE, es decir, en la actualidad el enemigo (quizá incluso considerado de tipo schmittiano) a derrotar. Lo hizo Vox, con éxito, en el Ayuntamiento de Madrid.

La enmienda se remite a un “manifiesto por la historia y la libertad”, en el que abundan distinguidos cuentistas, historiadores connotados y nombres que no tienen mucho que ver con la historia (véase aquí la lista) pero rehuye cuidadosamente el escrito de dos centenares y pico de historiadores españoles y extranjeros contra la decisión del Ayuntamiento madrileño (Sobre Largo Caballero, Prieto y Vox. Un informe técnico)

No faltan en la enmienda de Vox los tópicos clásicos del Dictamen: la “revolución de Asturias” como antesala de la guerra civil y manifestación más obvia de la “bolchevización del PSOE”. Los innominados historiadores se sacan de la manga esta caracterización, realmente grotesca, como incontrovertible prueba de un “intento de golpe de Estado” efectuado por los antecesores del partido hoy en el Gobierno. Es curioso que las referencias para sustentar el argumento lo sean a obras lejanas en el tiempo y no a alguno de los estudios monográficos que han ido apareciendo desde que se eliminó la censura que había mantenido la dictadura (con la amortiguación de la de guerra que introdujo el profesor Manuel Fraga Iribarne en la tardía ley 14/1966).

Hay, con todo, una excepción. Uno de los puntales del Dictamen fue la declaración de la supuestamente fraudulenta victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. En este caso la referencia es a la obra de Manuel Álvarez-Tardío y Roberto Villa García que se toma, evidentemente, como palabra de Evangelio. Observo una duda en los redactores de la enmienda. Los fraudes se caracterizan de “probables”. No extrañará que a don Gonzalo Fernández de la Mora, hijo, de cuya eminencia como historiador quien esto escribe tiene alguna duda, le pareciera una restricción poco menos que intolerable. Que la obra de tales profesores no es generalmente compartida se comprueba en las numerosas críticas que ha suscitado en la profesión. Como ejemplo más relevante cabría acudir al largo artículo de Eduardo González Calleja y Francisco Sánchez Pérez“Revisando el revisionismo”Historia Contemporánea, nº 58, 2018, aunque su consulta y eventual rechazo fundamentado equivale a pedir peras al olmo a los expertos de Vox.

De aquí la enmienda se lanza a la habitual diatriba típica de los medios de derechas en la primavera de 1936 y continuada hoy en cierta medida como si el tiempo no hubiese transcurrido: desórdenes, incendios, destrucciones y, sobre todo, asesinatos, etc. Algo supuestamente consustancial con la República de corte republicano-socialista, aunque en aquellos meses más a lo bestia, hasta culminar, ¡cómo no!, en el de Calvo Sotelo. De ello se deriva un juicio implacable: “La Segunda República se autodestruyó como régimen democrático antes de que la sublevación del 17 de julio de 1936 le diese el golpe de gracia” (para 10). ¿Alguna referencia a las obras que han estudiado la evolución del orden público en los años republicanos y, en particular, en la primavera de 1936? Naranjas de la China. Convendría que los historiadores de Vox hubiesen tratado de impugnar las de, por ejemplo, Rafael Cruz y Eduardo González Calleja.

Nada de lo que antecede es nuevo. Fueron elementos justificativos de la necesidad que esgrimieron una parte del ejército y los elementos “más sanos” (en particular fascistas o fascistizados) de la sociedad española para evitar que España cayera en manos comunistas. Por la gracia de Dios se adelantaron a una revolución roja a punto de estallar en agosto de 1936 e impulsada por los comunistas, los socialistas, los judíos y los masones (vid Sir Paul Preston). Lo hicieron no solo para salvar a la PATRIA sino incluso a la civilización cristiana y occidental.

La degradada visión de la historia que subyace a la enmienda se demuestra en el silencio absoluto sobre las conspiraciones monárquicas, a la ayuda previa de la Italia fascista y a la documentación aportada desde hace más de treinta años por Ismael Saz, desde principios de siglo por Morten Heiberg y desde hace unos cuantos años, ¡ay!, por servidor. Gracias a la apertura del Archivo General Militar de Ávila y a la disponibilidad de la documentación relevante en el Archivo General de la Universidad de Navarra, más la que se remansa en los archivos de La Farnesina, el Archivio Centrale dello Stato y el Archivo de la Aeronáutica en Roma así como en el Archivo diplomático y del Servicio Histórico de la Defensa de Francia en La Courneuve y Vincennes respectivamente puede analizarse otra parcela muy diferente del pasado.

 ¿Se han enterado los historiadores de Vox y sus dirigentes de que en octubre de 1935 Antonio Goicoechea ya anunció la sublevación al Duce y de que el general Goded lo hizo con el presidente Alcalá-Zamora para el caso de que las izquierdas ganasen unas futuras elecciones? Cuando se produjo este horrible escenario lo que había que hacer era agitar con prensa, radio, discursos incendiarios en Cortes más pistoleros falangistas y carlistas el caldo de cultivo en el que medrarían todos los resortes de la sublevación. Era preciso crispar y polarizar la situación ante el temor de que el Frente Popular intensificara la reanudación de las reformas de la conjunción republicana-socialista aplastadas en el bienio siguiente. La pela es la pela. Lo era entonces. Lo es hoy en forma de euro.

A este tipo de análisis, basado en evidencias, los historiadores que han aconsejado o hecho aportaciones a la enmienda no parecen haber llegado. Como tampoco parecen haber leído las obras que van poniendo al descubierto la mendacidad de la historiografía franquista, profranquista y parafranquista. Muy en consonancia, si se me permite la comparación, con los enfoques trumpianolepeniano y, quizá, zemmouriano de los que tanto han aprendido.

Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

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